Versiones oníricas del mundo real

Constanza Estrada






En Noviembre de 2020 Tania García, Raul Alquisidez, Effie y Gretel Villagomez viajaron de la Ciudad de México a Caltzontzin, Michoacán.


Iban acompañadas por siete esculturas de tela y alambre que parecían ir sentadas en los asientos traseros y ser parte del crew. Su objetivo era fotografiar las estructuras en la celebración del Día de Muertos. Estas eran una ofrenda para el abuelo de Tania, Agustín.


En Caltzontzin, la noche del primero de noviembre, todas las familias que perdieron a alguien en el transcurso del año anterior deben abrir las puertas de su casa a todo el pueblo. Formarán parte de la ruta de ‘peregrinación’. Las ofrendas de estos hogares deben estar adornadas con un arco de flores de cempazúchitl y cordón del obispo. Cada hogar debe preparar nacatamales (tamales con cerdo y menta), además de bolsas de frutas para quien visite.


Para lxs familiares de los fallecidos, es de vital importancia realizar esta ofrenda el primer Día de Muertos después de la pérdida. Es una forma de despedirse y que ellxs puedan llegar al lugar donde van después de morir.


Agustín era originario de la región Purépecha en Michoacán, pero emigró a la Ciudad de México. A pesar de volver siempre que era posible, se alejó de su cultura. Ya no practicaba el idioma ni usaba la ropa tradicional cotidianamente.


Es por eso que se llenaba de orgullo cada vez que veía las prendas que creaba Tania, pues están llenas de referencias a su cultura indígena. Para él, fue increíble cuando se enteró de que su nieta fue aceptada en dos de las escuelas más prestigiosas de moda, en Londres y París. Fue él quien fomento la sensibilidad y creatividad de Tania al regalarle materiales para pintar y libros para explorar; se entendían muy bien y había mucha complicidad entre ellos.


Agustín murió en agosto de 2019. Tania pudo despedirse y atender el funeral. Sin embargo, dejó México poco después para hacer su Maestría en París. Al no poder celebrar el primer Día de Muertos en casa de su abuelo, buscó diferentes maneras de honrarlo y un año más tarde, la pandemia le dio la oportunidad de pasar esta importante celebración en Caltzontzin. Tendría que realizar una gran ofrenda para Agustín.


Incidentalmente, Tania conoció a Effie Villagomez, estilista, maquillista, directora creativa, fotógrafa: una artista multidisciplinaria. Los universos creativos se entendieron. Había un sentido onírico, incluso mágico, en las creaciones de ambas. La idea del proyecto en Michoacán resonó con los intereses fotográficos de Effie.


Además de querer retratar México y el inevitable encanto, a veces definido como surrealista, de sus paisajes y sus culturas, coincidieron en la necesidad de hacerlo de una manera más auténtica, menos occidentalizada. Específicamente en moda, no existe un proyecto editorial fiel a las tradiciones más antiguas. Usualmente se retrata la versión moderna de esta celebración (como el desfile, tradición acuñada por James Bond).


Effie comenzó a planear diferentes sets, que después le servirían de inspiración para planear las fotografías del pueblo de Caltzontzin. Tania empezó a hacer estructuras de alambre para el cuerpo. Juntas escogieron los colores que les recordaban al papel picado para inspirar los materiales que cubrirían las estructuras.


Las siluetas fueron creadas de forma instintiva, pero esconden ciertas referencias, algunas conscientes y otras espontáneas. Tania, con ayuda de Raúl Alquisidez, estilista y amigo de la artista, jugó con diferentes formas para, finalmente, decidirse por el círculo. Manualmente plisó la tela sobre el alambre que formaba la estructura, técnica que alude al rollo Purépecha, una falda rectangular que se moldea al cuerpo al plisar.

El resultado fue, en primer lugar, el de formas de metal que recuerdan los castillos de pirotecnia utilizados en el pueblo de Caltzontzin (si, en Día de Muertos también). En segundo, ya cubiertas de telas, estas parecían las coronas de listón utilizadas para adornar las tumbas (si, en Caltzontzin, en Día de Muertos).


Effie resalta lo lindo que fue lo efímero de estas estructuras y del proyecto en general. Inspirada por los colores de las celebraciones, maquilló a los sujetos que portaban las estructuras con formas orgánicas. Término la transformación de ellos en criaturas de otro mundo, quizá existente en los sueños o en la psicodelia.



Empezaron las fotos en la carretera. Continuaron todo el día y la noche en las calles del pueblo y en el panteón. Raúl y Gretel, hermana de Effie, fueron los modelos principales. Pero en su camino se cruzaron tres hermanos que vendían flores con su madre. Las artistas preguntaron si los podrían fotografiar usando las esculturas, a lo que accedieron felices. Esta alegría es palpable en las sonrisas retratadas. Tanto Effie como Tania recuerdan sentirse realizadas al poder provocar esta reacción.



El pueblo de Caltzontzin estaba sorprendido de ver tales figuras. Los transeúntes preguntaban cuánto cobraban por fotografiar a sus hijos. Tania recuerda que en el panteón, por la noche, había tres niñas de alrededor de 7 años que quedaron estupefactas al ver a los personajes. Ella les contó sobre la moda y el juego con la escultura de su trabajo. Una de las chicas respondió que ahora ella también quería ser artista.



Sea un ritual, un juego o una forma de catarsis, para Effie, Raúl, Tania y Gretel crear fue una experiencia compartida, entre ellos y todo el pueblo. Incluso cuentan que al caer la noche en el panteón su iluminación portátil se quedó sin batería. Un grupo de cuatro hombres, ebrios por la celebración, se acercaron a ellxs. No faltó el sentido del humor; reían al pensar que Gretel era un fantasma. Sin embargo, al enterarse que el objetivo era fotografiar, todos sacaron sus teléfonos para alumbrar la escena.



La serie de fotografías nos transporta a un mundo de sueños. Pero no es más que la realidad que escapa el tiempo. Nos habla de ayer, de hoy, y de mañana. No tiene pretensiones de perfección. No obstante logra un universo que solo puede ser creado en colectivo. La limpia estética de la moda a veces busca hacernos soñar con artificios. Pero quizá, al retraerse del ‘mundo real’, jamás alcanzará la magia que este aporta.


Esta ofrenda para Agustín pudo ser disfrutada por todo el pueblo. Dos días después de este viaje, Tania soñó con su abuelo. Él la abrazaba y le daba las gracias. Su deuda estaba saldada.



Para ver más sobre el trabajo de cada uno puedes checar sus instagrams @effie.v @tania.marcela @alq.______________



















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