Ubik Ubik Ubik

Sofía Beltrán





“For everyone lost in the endlessly multiplicating realities of the modern world, remember: Philip K. Dick got there first”

Terry Gilliam


“Para todo aquel perdido en las inacabables y múltiples realidades del mundo moderno, recuerden: Philip K. Dick lo vio primero”

Terry Gilliam



¿De dónde nos asimos para reconocer lo real? ¿Es real aquello a lo que te aferras para reconocer tu realidad? ¿Qué forma tu realidad? ¿Qué la deforma?


En el futuro que plantea Philip K. Dick el humano ya domina en parte la muerte, pues encontró la manera de lograr mantener ‘congelada’ la consciencia de una persona que acaba de morir: esto les permite ‘comunicarse’ de manera limitada todavía con los vivos. Evidentemente en este futuro los humanos también colonizaron la luna, y gracias a los efectos de esto algunas personas nacen con habilidades psíquicas que —claro— ponen al servicio del capitalismo, a veces infiltrando empresas para sacar sus secretos y revenderlos. Glen Runciter, jefe de una empresa que se dedica a ‘desactivar’ los poderes psíquicos de estas personas, recibe una oferta de trabajo en la luna para sus 11 mejores agentes y él. Cuando llegan a la luna, una bomba explota, matando a Runciter y dejando a cargo a Joe Chip, su mejor agente.


Y aquí Philip K. Dick se vuelve loco.


Mientras intentan llegar a la empresa que puede ‘congelar’ la consciencia de Runciter, el tiempo y la realidad de los agentes vivos se empiezan a des

moronar

rápidamente.


Los elementos a su alrededor —comida, cigarros, dinero— siguen siendo comida, cigarros y dinero, pero de hace 20, 30, 40 años. El formato es el mismo, pero la forma actual sufre un degradamiento de lo que era en su ‘anterior’ versión de lo real. Por el contrario, sus cuerpos, uno a uno, van colapsando ante el peso de un futuro que llega rápido y fulminante— Joe Chip encuentra, uno a uno, los cadáveres de los agentes que envejecen y se pudren en cuestión de horas. Esto los lleva a cuestionarse su propia realidad, y quién, o quiénes, fueron los que murieron en realidad.


El código de lo real se desmorona en Ubik. Se pone en conflicto no el tiempo mismo sino las realidades que le pegamos, y como nos des-pegamos nosotros mismos de formas de lo real tan rápidamente, saltando de una versión de lo que conocemos a otra sin ningún problema, porque aquello que tenemos delante se nos codifica como lo real.


Y el cuerpo que se inserta en esta realidad, el cuerpo que no coincide con el tiempo, que se adelanta, que se les pudre en pedazos enfrente, que se adelanta a aquello que creen que es lo real, un cuerpo que se niega a aceptar el tiempo y cede ante un peso existencial.


Y cómo prevenir que el cuerpo se te caiga a pedazos enfrente tuyo, si no es con un fármaco. Ubik ubik ubik. El producto se anuncia en toda la novela como la solución a todos los problemas del hombre, un producto multiusos, único y perfecto (si utilizado corrrectamente). Con una sutileza enorme terminamos volcándonos de nuevo en una carrera del hombre contra su mortalidad que sólo las pastillas pastillitas recetas y soluciones de cada achaque golpe morete bacteria virus o mal de la cabeza pueden tener.


Philip K. Dick retrata una desrealización de la realidad, una ilusión de lo real que permite poner en cuestión todas las maneras en la que nuestra concepción de lo real es una ilusión también. Pinta la desrealidad que queda entre la vida y la muerte, la realidad que no es tal pero que se codifica como tal, y cómo exactamente configuramos y nos movemos en las coordenadas de lo real— y qué pasa cuando esta realidad no nos contesta. En este mundo el único dios al qué asirse es el fármaco.


I am Ubik. Before the universe was, I am. I made the suns. I made the worlds. I

created the lives and the places they inhabit; I move them here, I put them there. They

go as I say, they do as I tell them. I am the word and my name is never spoken, the

name which no one knows. I am called Ubik, but that is not my name. I am. I shall

always be.


Ubik no sólo es el fármaco sino es la palabra. Es el discurso. Ubik, o cómo los sistemas hacen la realidad porque nos dicen cuál es el producto que nos va a ayudar a desenvolvernos en ella. Si Ubik sirve o no es irrelevante— actúa como dios, y también se desenvuelve como uno dentro del imaginario colectivo. Lo hacen Dios, y el en cambio hace la realidad, y esto nos revela la peor verdad: nuestros sistemas de lo real son tan frágiles como nuestro discurso.

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