Tribulaciones de un funcionario de casilla

Actualizado: jun 8

Nicolás Castillo J. Trainor





Se levantó a las 6:30 de la mañana, esclavizado por su deber ciudadano a la república federal (democrática) que lo vió nacer. Tenía que llegar a donde se instalaría la casilla a las 7:30, pero decidió levantarse más temprano para darle una última leída a la Guía para la y el Funcionario de Casilla proporcionada meses antes por el agradable amigo INE de su distrito.


La presión era mucha. “La elección más grande de la historia” le decían, “el futuro del país está en juego” le repetían, “te dan 500 baros para pedir pizza” le comentaban. Pero él conocía bien su responsabilidad.


Llegó a la hora indicada y se puso algo nervioso, el amigo INE no aparecía y la controversia crecía en torno a la orientación de las urnas en relación a la dirección del viento. La presidenta insistía en la necesidad de colocarlas en barlovento, porque el voto es libre y secreto. Por su parte, los secretarios aludían a una colocación en sotavento, para escapar el olfato voraz de los representantes de cada partido. Finalmente se decidieron 3 metros de distancia, medidas sanitarias porque votar es seguro y las casillas cumplen con las medidas sanitarias necesarias.


Tomó su lugar como escrutador (adj. que escruta o examina cuidadosamente) y procedió a con cuidado aplicar gel antibacterial a los votantes.


Las horas pasaron y los ciudadanos se formaron. De dos en dos a la casilla entraron y su derecho al voto aplicaron. El escrutador, gel repartió y su reflexión comenzó:


Como él, los ciudadanos formados tuvieron la iniciativa de levantarse en la mañana con la intención de cumplir con su deber electoral. Todos ansiosos hacían fila mientras discutían de los actores en el show de MORENA, los ladrones en la pandilla del PRI (y semejantes), “que carajos son Redes Sociales Progresistas”, “Que tiene de Verde el Partido Verde” (el logo), los candidatos asesinados de Movimiento Naranja, la transformación de México, la destrucción de México, la reconstrucción de México, la deconstrucción de México... ¿Ya subiste a insta tu pulgar de ciudadano responsable?


El joven escrutó cuidadosamente estas posturas mientras de dos en dos desinfectaba las manos de los votantes.


“¿Por quién voy a votar yo?”, “¿Cuál de todos estos representantes tiene razón?”, que fuertes opiniones en tan frágil fila de hormigas laborando en las elecciones de los achichincles de la reina. Empieza a hacer hambre, “¿a qué hora llega la pizza?”


Las hormigas se esparcieron y el escrutador, más informado, votó (Lía Limón es una chingona). Ahora venía el desafío, el momento por el que llevaba meses de preparación, entrenamiento, capacitación y ardua lectura de la Guía para la y el Funcionario de Casilla. El escrutador ahora debía escrutar.


Boletas grafiteadas, tachadas por ahí, tachadas por allá. Boletas anuladas, votos útiles, votos inútiles. 760 votos, suma para el futuro político de México.


Se firmaron las actas, se armaron los paquetes y el ex funcionario de casilla regresó a su hogar hambriento, el apetito voraz de la democracia (no hubo pizza ni 500 baros). Se fue a dormir pensando en el éxito de la jornada electoral en la que había participado. Soñó con un mejor México, con una democracia efectiva, con la palabra del pueblo registrada, escuchada y aplicada.


Un lindo sueño… de esos que se esfuman cuando despiertas.


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