Thrilla in Manila: la historia del último combate de titanes

Actualizado: feb 8

Fernando Székely-Aburto IV



Cuando un hombre decide dedicarse al deporte del boxeo, debe saber muy bien a qué se está metiendo. De eso no hay duda. Pero cuando se trata de puños, cuando se está hablando de dos hombres enfrentándose uno a uno en campo abierto, las cosas pueden trascender a lo inesperado. El mundo se vuelve loco y, se vuelve loco muy rápido.


Muhammad Ali ya sabía muy bien lo que era el boxeo en 1967 pero ese año, el año en que se convirtió en una celebridad mundial al resistirse a la convocatoria de la Guerra de Vietnam, jamás habría creído, aunque su propia madre se lo dijera, lo que le esperaba en menos de una década del otro lado del mundo.


Joe Frazier también se habría hecho el desentendido. Pese a haber ganado el título de los pesos pesados que le perteneció a Ali antes de recibir su suspensión del boxeo profesional por negarse a ir a Vietnam, no sabía entonces lo que podían ser las verdaderas aguas profundas del cuadrilátero. El norteamericano tampoco se imaginaría que un hombre al que ayudó tanto, un hombre por el cual hizo campaña y, se dice, hasta le prestó dinero, no sólo se convertiría en su peor enemigo, sino que le daría, por mucho, la pelea más intensa de su vida.


La historia del legendario ‘Thrilla in Manilla’empezó en 1971. Un Ali renacido de las cenizas, de vuelta en la cima del boxeo profesional tras su suspensión, demandaba una oportunidad de reconquistar su título. El campeón, entonces, era el invicto Frazier. La campaña de Ali consistió en insultar tanto al medallista olímpico que a éste no le quedó más que aceptar la pelea. En quince rounds se decidiría quien era el mejor peso pesado.


La victoria de Frazier fue contundente. Le otorgó a Ali su primera derrota en el cuadrilátero en una clínica de boxeo técnico, derribándolo en más de una ocasión. Celebró como si sus problemas con el antiguo campeón estuvieran resueltos. Se autodenominó el mejor boxeador de todos los tiempos. Pero poco después, en Kingston, Jamaica, perdió el título a manos de George Foreman. Ali, que no había parado de insultar a Frazier desde su derrota, exigió una revancha. En el agitado clima político y social de los Estados Unidos, insultos como “gorila” Y “Uncle Tom” provocaron lo suficiente a Frazier como para que aceptara una segunda pelea. La decisión fue unánime. Alí salió victorioso después de quince rounds de dirty boxingy no fueron muchos los que se quejaron del resultado. La recuperada seguridad y la reencontrada autoestima lo terminaron por colocar en un ring en Kinshasa, Zaire, frente a George Forman, donde reconquistó el título que jamás había perdido. Ahora, le tocaba a Frazier convencer al campeón de que le diera una revancha. Ali, más dispuesto que nunca, ni siquiera parpadeó.


Los dos gigantes del boxeo compartieron piso por última vez el primero de octubre de 1975 en Manila, las Filipinas. Por mucho tiempo, el evento se entendió como un intento del entonces presidente Ferdinand Marcos de desviar la atención de lo que parecía ser una inevitable revolución en su contra. Sin embargo, esto era cosa de puños y no de políticos, y tanto Frazier como Ali habrían aceptado pelear en un callejón oscuro, sin televisoras o espectadores si aquello significara que podrían definir, de manera final, quien era el hombre superior en una de las rivalidades más legendarias de la historia de los deportes.


Para la suerte del resto del mundo, sin embargo, la pelea fue un evento masivo. La leyenda cuenta que en el estadio hacía un calor insoportable. Pero la pelea, acomodada en la mañana para que el público norteamericano pudiera atestiguarla de noche, pareció suceder en otro mundo. Ni la temperatura ni el horario parecieron afectar a los pugilistas, que, a diferencia de sus dos encuentros anteriores, salieron al centro del ringa intercambiar puñetazos. Frazier ya no parecía el mismo que en el primer encuentro, había manejado las distancias y anticipado los golpes de manera ejemplar. Ali ya no lo abrazaba y lo sujetaba de cerca como en el segundo combate. Ambos, más bien, estaban dispuestos a soltar las manos y a recibir castigo. Y esto, a primera instancia, parecía favorecer al campeón. Ali Ganó los primeros tres rounds de forma convincente, pero no estuvo exento al daño. Frazier, de quien se sabía bien que no era el mejor en los primeros minutos de las peleas, remontó y se llevó los rounds de en medio.


Después dominó Ali, luego Frazier. Para el décimo ya ambos estaban agotados, soltando asaltos al aire sin mucho pensarlo y, lo que daban lo recibían. Los dos, en aquel momento de sus carreras, eran célebres por pegar fuerte, especialmente fuerte. Todos recordamos el famoso knockdownde Ali a Sonny Liston, otra leyenda enorme del boxeo. Frazier, en su recorrido hacia el campeonato, había noqueado a un sinfín de pesos pesados y todo esto ese veía muy claro en la cara de los dos peleadores. Frazier tenía un ojo casi completamente cerrado, Ali no había sido castigado tanto en toda su carrera, pero, ninguno de los dos estaba dispuesto a parar.


Tomó hasta el round número catorce para que Eddie Futch, el entrenador de Frazier, decidiera que su peleador no iba a continuar. Frazier le rogó que no tirara la toalla. Una y otra vez le aseguró que podía seguir, pero la decisión había sido definitiva. Ali seguiría siendo el campeón. “Fue como la muerte” aceptó Ali después de la pelea, “La cosa más cercana a morir que conozco”. “Hay una gran posibilidad de que me retire”. Pero Ali no se retiró. Frazier se volvió a enfrentar a Forman y aunque los dos siguieron activos un tiempo, es fácil decir que el Thrillafue la última gran pelea de sus vidas.


Ambos sufrieron de traumas cerebrales después de su retiro, y hay quien adjudica esto directamente al combate en Manila. Sin embargo, para dos amantes eternos del deporte, sería difícil saber si hubieran cambiado algo. Lo que sí se sabe es que Frazier y Ali dejaron tras ellos cuarenta y dos rounds de boxeo perfecto para que aprendieran las siguientes generaciones. Los últimos catorce, en especial, fueron cosa de titanes. Nunca se ha vuelto a ver nada similar. Por eso, el resto del mundo les agradece que no se hayan desquitado en un callejón oscuro en donde no podríamos haberlos visto.



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