Stephan Zweig, herido por las guerras mundiales




Cuando Stefan Zweig nació en Viena en 1881, la vida próspera de su familia parecía ser un reflejo del mundo más allá de las paredes de su casa. Sólo 8 años antes, en 1873, el emperador Francisco José había celebrado su jubileo de plata, y la monarquía parecía ir viento en popa. Viena había crecido para convertirse en una ciudad industrializada de más de un millón de personas, mientras que, detrás de las fronteras, Europa parecía estar en una trayectoria hacia la mejoría y el progreso.



Vía El Confidencial (1)


Zweig venía de una familia adinerada, cosa que le permitió viajar por toda Europa, estudiando y explorando. Como un amigo suyo recuerda: “sin importar dónde te lo encontraras, siempre daba la impresión de tener una maleta a medio hacer en la siguiente habitación (2).”


Comenzó a escribir y publicar poemas desde que era estudiante y a recolectar una cantidad impresionante de manuscritos que eventualmente se convertirían en una de las más importantes colecciones de la Europa. En Bruselas, Viena y Berlín convivió con algunos de los más importantes artistas y escritores de su momento. Experimentó con la poesía y el drama antes de encontrar el medio que lo consolidaría como uno de los grandes literatos del siglo XX: la novela corta.


Como era de esperarse, estas experiencias resultaron en un profundo amor por el continente europeo. Sin embargo, con el inicio de la Primera Guerra Mundial, este amor sería puesto a prueba por su asignación a un trabajo en el Archivo de Guerra de Austria (3). Sin saberlo, se había despedido para siempre de la Europa idílica y esperanzadora de su infancia.


Mientras miraba aterrado a sus amigos y familiares ser llamados al frente de batalla para nunca volver, escribió varias obras y artículos detallando su postura pacifista; en ello, mucho tuvo que ver el incesante trabajo en el archivo, combinado con las imágenes e historias de soldados mutilados y asesinados en el frente de batalla.


Los siguientes años fueron de relativa calma para Zweig y para Europa. Se casó con la escritora Friderike von Winternitz y encontró bastante renombre escribiendo.


Ahora bien, en 1933, Hitler subió al poder y la vida de Zweig y su relación con Europa cambiaron para siempre. Como el hijo de una prominente familia judía, sus textos fueron criticados y eventualmente prohibidos (4).


En 1934 huyó a Londres, el primero de sus múltiples destinos de exilio. Cuando su nombre apareció en una lista de nombres prominentes que debían ser arrestados tan pronto los Nazis conquistaran Gran Bretaña, Zweig cruzó el Atlántico en dirección a Estados Unidos.


Este alejamiento se reflejó en su trabajo, que empezó a enfocarse en biografías de figuras históricas atrapadas en momentos cruciales y peligrosos, tales como María Antonieta, Erasmo y María I de Escocia. En Nueva York, sin embargo, no encontró el refugio que buscaba. En la ciudad repleta de refugiados de guerra, era imposible escapar de la constante angustia por el estado de Europa.


Fue así como terminó en Petrópolis, cerca de Río de Janeiro (5). En Brasil, a miles de kilómetros del continente y la cultura que adoraba, Zweig se marchitó. Para él, Europa era más que un continente, más incluso que un concepto. Representaba todo lo que conocía, el escenario de todas sus relaciones y recuerdos más preciados. La lejanía agudizó el sentimiento de extrañeza que sentía en cualquier otro lugar.


Fue en Petrópolis donde completó su autobiografía, El mundo de ayer, en la que declara plenamente sus sentimientos sobre la situación de Europa. Describe el momento en que, en Londres, se encontró con una multitud de judíos europeos intentando escapar frenéticamente a cualquier otro lugar.


El 23 de febrero de 1942, Zweig y su esposa se suicidaron en su casa de Brasil. En la carta que dejó (6) Zweig declara su amor por el país que lo acogió en su exilio, lamentándose el “hundimiento del país de su propio idioma” y la “autodestrucción de su hogar espiritual.”


Deja la línea más devastadora para el final: “Le envío saludos a todos mis amigos: ojalá vivan para ver el amanecer tras esta larga noche. Yo, que soy muy impaciente, me voy antes que ellos.”

La historia de Zweig y su emocional separación de la tierra que lo vio nacer parece una lección de desesperanza. Orillado al suicidio por la implosión de su amado continente, su muerte puede ser leída como el acto definitivo de desilusión: la declaración de que no vale la pena seguir esperando ese amanecer que nunca llegará, ese renacer que nunca pasará.


Es verdad que la historia de Zweig despierta sentimientos de impotencia y decepción, sobre todo considerando que, a pesar de que la guerra llegaría a su fin tres años después, lo que le siguió fue un difícil periodo de reconstrucción y división para su continente.


Pero hay una delgada rama de esperanza, un vástago que brota de las cenizas de la Europa que Zweig adoró, y que nos sirve a todos de recordatorio de la prometedora volatilidad del destino humano. En El mundo de ayer se esconde un Zweig cuidadosamente positivo, que, evocando su infancia, reconoce la eterna posibilidad de que las cosas mejoren.


En el primer capítulo declara: “Desde el abismo de horror en que hoy, medio ciegos, avanzamos a tientas con el alma turbada y rota, sigo mirando aún hacia arriba en busca de las viejas constelaciones que brillaban sobre mi infancia y me consuelo, con la confianza heredada, pensando que un día esta recaída aparecerá como un mero intervalo en el ritmo eterno del progreso incesante” (7).


Pase lo que pase, en cualquier parte del mundo, un exiliado puede voltear a ver las constelaciones y reconfortarse con el conocimiento de que las mismas estrellas que iluminaron su amado hogar sobrevivirán a la humanidad por muchísimos años, impávidas y despreocupadas, inmunes a cualquier arma, física o ideológica, que la macabra mente humana pueda inventar.



Notas al pie:


(1) El Confidencial.

(2) Leo Carey, “The Escape Artist”, The New Yorker, Aug. 2012

(3) Benjamin Moser, “A Story Told in Twilight.” A New Biography Examines Stefan Zweig's Final Years in Exile - Benjamin Moser - Bookforum Magazine, 14 May 2014.

(4) Larry Rohter, “Stefan Zweig, Austrian Novelist, Rises Again.” The New York Times, Mar. 2014.

(5) George Prochnik, The Impossible Exile: Stefan Zweig at the End of the World. Granta, 2015.

(6) “Stefan Zweig.” The National Library of Israel, 2012.

(7) Stefan. Zweig, The World of Yesterday. Pushkin Press, 2014.

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