Sobre el lenguaje inclusivo

Actualizado: jun 27

Sofía Beltrán






Primero una aclaración: el lenguaje no es la herramienta que nos guía en un mundo oscuro, es el lente que te cubre la percepción y forma/deforma/delimita/devela/esconde.


Consideremos esto un segundo: todo lo que sabemos/vemos/entendemos, la manera en la que pensamos, cómo nos relacionamos con aquello que nos rodea, todo fue inventado. Nada es inherente a nada en esta realidad.


¿Cómo fue formada?


Dar nombre, dar lengua, traer a la esfera de la realidad aquello que no tenía relación con nosotros antes.


El lenguaje no es un recurso ni una herramienta, es un sistema de conexiones que hace lo real, es lo real, y no existe nada fuera de este.


En un encuentro con lo completamente desconocido, nuevo, desfamiliarizante, lo primero que se hace es compararlo con elementos lingüísticos que nos ayuden a entenderlo, ¿de qué color es? ¿de qué tamaño? Nombrar, relacionar los elementos individuales con características que reconocemos y nos remiten a nuestra realidad es lo que, poco a poco, reduce el miedo a lo desconocido.


Lo conocido es el lenguaje.


Nombrar un objeto es relacionarlo con nosotres mismes y el mundo social desde el que partimos.

De nuevo: el lenguaje nos hace y deshace, somos sólo cuanto podemos representar por medio de este.


¿Y quién hace al lenguaje?


Spoiler: la RAE no. Tampoco el gobierno, la nación, el territorio geográfico, los diccionarios, los manuales de gramática y de estilo, las clases de español, los instructivos de redacción, los libros de retórica y sintaxis, el autocorrector de ortografía. El discurso racionalista y falologocentrista, con todas sus instituciones y organismos que ‘velan por el uso correcto del lenguaje’, crea una ilusión de estandarización y estaticidad que engaña, homogeneiza y reduce la complejidad de este a mera utilidad. Pero el lenguaje precede todo esto, no salió de ningún libro ni de la boca de un hombre sentado en un podio con traje y un micrófono. En cuanto a su función comunicativa, ha existido siempre, ya sea por gestos, gritos, llanto, cuerpo. Después, por medio de conexiones y voz, vínculos y voz, deformar la boca y la lengua y los dientes de diferentes maneras y ver qué sale y relacionarlo. Fue y siempre ha sido un proceso que se da entre les persones que lo practican y que llegan a un pacto común en cuanto a las relaciones que se crean.


El lenguaje como la energía: no se crea ni se destruye, sólo se transforma.


Un concepto nuevo para incorporar a esta esfera lingüística falsa y más real que nada:

g l o t o p o l í t i c a


o:


“las intervenciones en el espacio del lenguaje, entendidas estas en un sentido amplio ya que pueden ser planificadas, explícitas, voluntarias, generadas por agentes – colectivos o

individuales – que podemos identificar, o producidas ‘espontáneamente’ sin mediadores claramente identificables” (Arnoux 18).


Otro concepto:

i d e o l o g í a s l i n g ü í s t i c a s


o:


“sistemas de representaciones acerca de objetos lingüísticos diversos que van, por ejemplo, del acento regional al modo de lectura privilegiado en la escuela o en la red. Esas representaciones con su fuerte dimensión valorativa son puestas en relación con los procesos en curso, las posiciones sociales o los posicionamientos dentro de un campo” (Arnoux 19).

¿Qué dicen estos dos conceptos?


  1. el lenguaje puede ser intervenido de acuerdo a las intenciones de algún grupo en particular.

  2. el lenguaje dentro de un contexto en específico trae consigo una dimensión valorativa que tiene que ver con aspectos sociales que modifican el uso específico del mismo.

  3. el lenguaje es todo menos inocente


El lenguaje hace al pensamiento. Si alguien, alguienes, algunos entes, algunos cuantos poderes, toman control del lenguaje, están entrando en contacto vivo con la materia del pensamiento de todes cuantes viven dentro de esa particular esfera del lenguaje (porque vivimos en una esfera de lenguaje, no una esfera terrestre). La regulación del lenguaje es la regulación de las formas de pensarnos y hacernos, es limitación epistemológica, es control absoluto bajo una justificación didáctica y vacía. Las intervenciones en el lenguaje también dictan prácticas sociales, modos de relacionarnos, modos de existir. Si vivimos en las condiciones sociales en las que vivimos es porque las hemos creado y regularizado por medio de este, o porque alguien o alguienes más las han creado y regularizado por nosotros. Involuntariamente, a través del lenguaje que nos enseñan, tenemos ya posicionamientos y prácticas específicas que nos posibilitan e imposibilitan. Y, claro está, normalizan también las estructuras de poder que más convengan.


El lenguaje tradicional, correcto, es un lenguaje que ya está intervenido, y que ya contiene, dentro de sí, marcas y pautas que conllevan a conductas con patrones de exclusión y discriminación. Abogar por la “conservación del patrimonio del lenguaje” es abogar por una configuración de pensamiento que es directamente responsable por la invisibilización de mujeres e identidades lgbtttiq+, el altísimo nivel de feminicidios, transfeminicidios, crímenes de odio, negligencias legales/médicas, acoso y abuso sexual, etc. Entender que el lenguaje configura la acción y no es un mero código de expresión oral es crucial para poder dimensionar el impacto que puede tener en la calidad de vida de los grupos que no existen dentro de sus márgenes.


Los organismos e instituciones del lenguaje se originan desde un lugar de poder, normalmente un estado-nación, y responden directamente a las jerarquías de poder que dicho estado-nación necesita que sean soldificadas para mantenerse en el poder. De nuevo una cita de Arnoux:


“Disciplinar la lengua es también disciplinar la sociedad” (23)


El lenguaje inclusivo ya existe, ya se practica, ya se instaló dentro de la esfera de lo social. Se mueve ya no sólo en el contexto de lo cotidiano, sino que está entrando, poco a poco, en la esfera de lo académico y lo formal. Pero eso es lo de menos. Ya está siendo utilizado por persones reales en uso real, en conversaciones virtuales y a voz viva. Por lo tanto, ya forma parte del lenguaje, porque les persones que usan el lenguaje crean el lenguaje y son les que pueden transformarlo. Claro está que una sola persona no puede crear una palabra y que instantáneamente forme parte del lenguaje, pero vemos ejemplos a diario de cómo nuestro vocabulario va expandiéndose conforme a las necesidades que tienen les persones, no las instituciones que se jactan de tener algún tipo de autoridad sobre este.


Entonces, cuando nos oponemos al lenguaje inclusivo usando de justificación los ‘medios oficiales’, ¿exactamente a quién estamos beneficiando? Evidentemente, estamos apoyando de manera directa a esos sistemas de poder que se benefician de regular el lenguaje, de imponerle binarismos y códigos de lo real. Mismos sistemas, por cierto, que no buscan de ninguna manera apoyarnos a nosotres ni van a responder por nosotres si necesitamos que hagan algún cambio. No buscan nuestros intereses ni se crearon por ellos: su función es configuracional en cuanto al código previamente instalado de lo real, que se construye desde una base patriarcal, falologocentrista, colonizadora y capitalista. El lenguaje está construido para activamente fomentar un pensamiento que no se derive de la norma expuesta por estos sistemas. La propuesta del lenguaje inclusivo representa una salida de esos binarismos, y se origina desde y para les persones.


El uso del lenguaje inclusivo tiene varias áreas de impacto positivo profundo:

  1. da agencia, representación y voz a las identidades que, o no figuran dentro de las categorías tradicionales del género, como les persones trans, no binaries, etc., o son representadas únicamente de manera simbólica, como es el caso de las mujeres, que aunque se reconocen como sujetos no forman parte de la representación lingüística tradicional cuando se habla de forma general (un ejemplo de esto es el uso del genérico masculino cuando le hablante se dirige a un público donde no sólo hay identidades masculinas).

  2. contribuye de manera activa a reducir el pensamiento discriminatorio y excluyente que lleva a crímenes de odio y condiciones de violencia extrema para estas identidades en el país.

  3. al romper con una ‘regla’ del lenguaje, posibilita que le persone que habla tome consciencia de su mismo lenguaje, comprenda mejor qué le forma/le conforma

  4. se abre el lenguaje/se abre el mundo/ se abre nuestro pensamiento/ se abren nuevos puentes para nuevas realidades

  5. lleva a la normalización, lo cual incita a otros usuarios a hacer ese cambio, y con acción colectiva reapropiarse del poder sobre el lenguaje, ayudando a debilitar los sistemas de poder que están detrás de su regulación.


“Con el lenguaje habitamos el mundo e interactuamos con l(e)s otr(e)s*, pero también es con el lenguaje que construimos el mundo entendido como entramado de significaciones comunes y pre-reflexivamente comprensibles” (Carreño 240)


El lenguaje inclusivo actúa, entonces, no sólo en un nivel social, incorporando identidades divergentes de la norma a los sistemas burocráticos-legales que necesitan reconocerlas y otorgarles garantías y oportunidades por igual, sino que, en la dimensión individual, permite reestructurar la manera en la que nos pensamos en el mundo.


De nuevo: las instituciones no hacen el lenguaje. Pueden ayudar a incorporar en algunas fuentes que el público reconoce como ‘oficiales’ los cambios que ya se dan o están dando dentro del lenguaje, pero al final del día su función es esa: obedecer al cambio social. Cuando se rehúsan a cumplir esta función hace falta ver más allá, es decir, a los propósitos políticos que esto puede tener, y preguntarnos a nosotres mismes si estamos dispuestes a corresponder a esa agenda. Pero siempre ha habido cambios en el lenguaje, y este cambio en particular, con toda la importancia que conlleva, no será la excepción.


Como conclusión: evidentemente, nadie puede forzar a todes les hablantes de un lenguaje a hacer un cambio. No se pretende ‘imponer’ nada. Pensemos, al contrario, en aperturas. En la invitación que se hace no sólo a cambiar una o dos letras de vez en cuando, sino a realmente reflexionar y pensarnos como seres frente al leguaje, y seres que se relacionan por lenguaje, y cómo abrirse ante las transformaciones que se dan en este de manera que estas relaciones se vean afectadas de manera positiva. No se trata de límites y censura, se trata de que nuestras palabras abarquen a todes cuantes quieran, todes cuantes existan dentro de ellas. Generar nuevos sentidos, generar nuevos sentires.


Por último, una pregunta: ¿hasta cuándo le vamos a seguir haciendo caso a los españoles?


*modificación en la cita es por intervención propia


obras citadas:

Arnoux, Elvira N. de. 2016. La perspectiva glotopolítica en el estudio de los instrumentos lingüísticos: aspectos teóri¬cos y metodológicos en Matraga, 38: 18-4.


Carreño, Sofía. “¿Por Qué Utilizar Lenguaje Inclusivo? Una Perspectiva Fenomenológica.” Nomadías, no. 29, Dec. 2020, pp. 237–255.


Haslanger, Sally. "The Sex/Gender Distinction and the Social Construction of Reality." The Routledge Companion to Feminist Philosophy. Ed. Ann Garry, Serene J. Khader, and Alison Stone, Basingstoke: Taylor & Francis Ltd., 2017.


Niklison, Lu. “lo que la rae no nombra no existe: una mirada glotopolítica sobre las respuestas de la rae al lenguaje inclusivo/no sexista”. Cuadernos de la ALFAL (2020): n. pag.


Patev, Alison J., et al. “College Students’ Perceptions of Gender-Inclusive Language Use Predict Attitudes Toward Transgender and Gender Nonconforming Individuals.” Journal of Language and Social Psychology, vol. 38, no. 3, June 2019, pp. 329–352.


Haslanger, Sally. "The Sex/Gender Distinction and the Social Construction of Reality." The Routledge Companion to Feminist Philosophy. Ed. Ann Garry, Serene J. Khader, and Alison Stone, Basingstoke: Taylor & Francis Ltd., 2017.


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