"Se les está desarmando el changarro": la oportuna caída de Facebook



El lunes 4 de octubre se cayó Facebook. Fue un día histórico, durante casi 6 horas, la plataforma de redes sociales más grande del mundo se detuvo, junto con Instagram y Whatsapp.


Miles de millones de usuarios se vieron afectados, al igual que los empleados de Facebook, que no podían entrar a las oficinas y sus celulares de la compañía dejaron de funcionar. Todos se vieron afectados: empresas grandes, pequeños negocios, influencers, portales de noticias, creadores y consumidores de memes. En fin, aunque no tengas Facebook, te viste afectado de una u otra forma por este fenómeno que no había pasado desde 2008 (y tú, ¿ya tenías Facebook en 2008?). ¿Cómo sucedió? Un hackeo, aunque interesante, es poco probable.


La caída de Facebook provino de un error interno (alguien seguro ya se quedó sin chamba); el problema se originó en el DNS, que es como la ruta que te lleva a los diferentes destinos del servidor, como Facebook, Instagram o Whatsapp. Sin embargo, esta caída de la plataforma de redes sociales más grande del mundo sucedió en una coyuntura particular que hay que revisar.


El 19 de agosto de 2021, la Comisión Federal de Comercio (FTC) de los Estados Unidos presentó una nueva denuncia en contra de Facebook, acusando al rey de las redes sociales de haber comprado Whatsapp (2012) e Instagram (2014) de forma ilegal.


El FTC es el organismo autónomo de los Estados Unidos que se encarga de regular el mercado para evitar prácticas monopólicas y asegurarse de que se mantenga una competencia justa y beneficiosa para los consumidores. Hacer esto, en el etéreo mercado de las redes sociales, es extremadamente complicado. Esto se debe a que el análisis de los mercados, en la mayoría de las regulaciones, se encuentra completamente desactualizado.


En el mundo de las grandes plataformas de internet, no hay ni un bien fijo que regular, ni un mercado claro sobre el cual extraer datos. La nueva directora de la FTC, Lina Khan, que llegó con la administración de Biden, está determinada a poner un fin al crecimiento desproporcional y aborazado de las grandes empresas como Amazon, Google y Facebook.


El FTC presentó una nueva demanda en contra de Facebook, argumentando que están haciendo prácticas anticompetitivas al comprar las empresas similares para después absorberlas o destruirlas. El FTC argumenta que FB originalmente se planteó como una página para desktop y con la entrada de los smartphones a la jugada digital en 2010, no logró renovarse lo suficientemente rápido. Por lo tanto, se dedicó a comprar a sus competidores.


Asimismo, atraía a los jóvenes desarrolladores a su plataforma, los monitoreaba y si notaba algún tipo de éxito, los tumbaba. En pocas palabras, se trata de un abuso de poder que obstruye la innovación y limita las opciones para el consumidor.


Tan solo un mes después de la demanda, Frances Haugen, ex empleada de Facebook, sacó miles de documentos internos a través de Wall Street Journal. Estos documentos demuestran cómo Facebook engaña a sus clientes y a sus inversionistas, ya que saben hasta que grado sus plataformas dañan a sus usuarios y no piensan hacer nada al respecto.


Haugen, que trabajó también para otras redes sociales como Pinterest, entró a trabajar a Facebook en un departamento creado en el 2019 de Integridad Cívica (Civic Integrity), dedicado a trabajar en contra de la desinformación y los riesgos para las elecciones de 2020.


Según la whistleblower, el problema con el Gigante de las Redes es el algoritmo que determina qué contenido aparece en la sección de noticias de sus usuarios. Entre miles de millones de opciones que podrían presentarse, Facebook enseña el contenido que más genera interacción, que más deja a sus usuarios enganchados en la plataforma. Más tiempo en la plataforma implica que FB tiene más oportunidades de mostrar publicidad. La plataforma lucra del tiempo que pasas con los ojos clavados en los espacios publicitarios que ellos venden.


El problema radica en que el tipo de contenido que genera más interacción es el que provoca enojo o indignación. De esta forma, el algoritmo de Facebook va a estar mostrando contenido que inspire sentimientos fuertes de odio, los cuales se van intensificando en un círculo vicioso de radicalización.


En este punto se podría argumentar que esto es un problema de la psicología humana y no del Gigante de las Redes, y sí, la psique humana es un lugar oscuro. No obstante, los documentos revelados por Haugen demuestran que FB no solo lo sabe, sino que lo fomenta, poniendo sus ganancias por encima del bienestar del consumidor y de la sociedad.


En las investigaciones internas que Haugen sacó a la luz se muestra que Facebook está consciente que su contenido incluye de 5 a 6% de discurso de odio y 0.6% de incitar a la violencia. Esos porcentajes serían responsables de eventos tan palpables como el genocidio de Myanmar entre 2016 y 2018 de la comunidad rohinyá. La plataforma digital, consciente de estos peligros, creó el departamento de Integridad Cívica en 2019 y cambió el algoritmo para disminuir el contenido polarizante antes de las elecciones de 2020.


Desgraciadamente, al concluir las elecciones, regresaron al modelo anterior y disolvieron el Departamento de Integridad Cívica. Unos meses después, sucedió la toma del capitolio de los Estados Unidos, organizada en parte a través de la misma plataforma. Este evento fue el que incitó a Haugen a recopilar documentos internos desde enero hasta septiembre, que es cuando los hizo públicos.


También se extiende a Instagram, que, como las mismas investigaciones internas demuestran, lastima de forma sustancial la salud mentad de mujeres de entre 13 y 20 años, incidiendo en depresión y desórdenes alimenticios. Lo peor es que también saben que hay una correlación entre el detrimento de la salud mental y un aumento del uso de Instagram.


Dentro de las investigaciones internas de la empresa, presentaron que 13.5% de las mujeres adolescentes dicen que Instagram hace que los pensamientos suicidas empeoren y que 17% dijo que la plataforma empeora los desórdenes alimenticios. Finalmente, este detrimento en la salud mental hace que las mismas adolescentes pasen más tiempo en la plataforma. Facebook tiene muy claro que en este aspecto Instagram es significativamente peor que otras redes sociales.


Además de que esto sea moralmente pernicioso, es ilegal, puesto que Facebook, al ser una empresa que cotiza en la bolsa, presenta una postura pública a sus clientes e inversionistas que es inconsistente con sus conocimientos y sus acciones dentro de la empresa.


De todos los usuarios de internet del mundo, 60% tienen Facebook: se trata de miles de millones de usuarios. Las estrategias de la empresa, lo que hacen y dejan de hacer; afecta de forma directa a la población mundial. Haugen sacó los documentos a la luz para que el gobierno de los Estados Unidos le imponga a Facebook regulaciones que protejan al consumidor.


La whistleblower no dice que Facebook sea inherentemente “malo”, pero sí que le está fallando a sus clientes y a la sociedad en general en beneficio de sus propias ganancias: ellos pueden y deben cambiar.


A raíz de estos documentos, el Senado de Estados Unidos, específicamente el Sub-Comité de Protección al Consumidor, invitó a Frances Haugen a testificar en una audiencia pública sobre los documentos que sacó.


Esta fue una más dentro de la serie de audiencias en el Senado a raíz de que Facebook intentó sacar una app de Instagram para menores de 13 años (sí, sabiendo lo que saben quisieron sacar su peor app, para niños). Ya dijeron que no la van a sacar, pero ese hecho desencadenó la serie de audiencias frente al Senado para entender el impacto de las redes sociales en el consumidor. La audiencia con Haugen estaba programada para el martes 5 de octubre.


Todos estos eventos confluyen: la demanda del FTC, los documentos de la whistleblower y la audiencia con el Senado. El domingo 3 de octubre, Frances Haugen apareció en una entrevista con 60 minutes para hablar de los documentos que publicó y de su experiencia en FB.


Al día siguiente, la mañana del lunes 4 de octubre, Facebook pide a la corte que se deseche la demanda del FTC, en el último día que tenían para responder a la acción presentada en su contra el pasado 19 de agosto.


Unas horas después y un día antes de la audiencia (ya sabemos) Facebook se cayó. Falló Whatsapp, falló Instagram, los empleados de Facebook no podían entrar a las oficinas, sus celulares otorgados por la compañía dejaron de funcionar. Todo el mundo se quedó a la deriva, refrescando las páginas, reiniciando celulares y checando el WiFi, asumiendo que el error fue del servicio de telefonía móvil y no del Gigante de las Redes Sociales.


Un error humano, dice la compañía, un problema interno. Un día muy particular, un contexto problemático, alguien en Facebook sin querer (o sin querer queriendo) nos demuestra a todos el poder que tiene en el mundo y en la vida de todos nosotros. Facebook se apagó por cinco horas, ¿por qué? ¿qué tiene que esconder? ¿qué querían probar?

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