Reseña: 'Vuelve' (2021)




“Ella, lastre. Tú, lastre. Yo, lastre. Y ya nadie sabe quién va cargando con quién.” Es con estas palabras que abre Vuelve, cortometraje dirigido por Jared Salero y producido por Karla Charraga a partir del texto homónimo escrito por Jimena Balcázar.


Digo “abre” y no “comienza”, pues el universo en el que nos sumerge parece no tener ni comienzo ni fin; es un universo claustrofóbico en el que gobiernan la soledad, el dolor, el cansancio y la repetición. Vuelve retrata la desesperación gestada a partir de la falta de sentido de una vida determinada por las ataduras del trabajo doméstico, desesperación que no por nacer del absurdo de un trabajo interminable es menos trágica.


En una extraña trinidad participan la madre, la hija y el hogar en un eterno juego de huevo y gallina en el que no se sabe quién de las presentes determina a quién: la madre, drenada de toda vitalidad, que renunció a toda posibilidad de una vida propia a favor de la manutención del hogar; la hija, aún en posesión de su juventud, que aprende y es moldeada por las enseñanzas intencionales y no intencionales de su madre; el hogar, perpetuamente demandando limpieza, comida, lágrimas, la vida misma.


El título, a la vez que hace referencia al juego temporal de la repetición, también evoca la inversión de la presencia. Nos muestra a quienes normalmente se les relega el trabajo tras bambalinas del hogar, las mujeres invisibilizadas por la violencia que las ata a la labor hogareña. Al mismo tiempo, nos ensordece con la ausencia del varón (el Padre, el Hijo), su existencia solamente sugerida a partir de un rastro de platos sucios, manchas de excusado y camisas sin planchar.


El diseño sonoro, llevado a cabo por Leonardo Santiago, nos introduce en el movimiento incesante de un hogar que, al igual que su ama (su esclava), no descansa. Cada ruido, desde el roce de textiles con el movimiento de la ropa a la fricción de un cepillo lavando un piso de madera es llevado a su extremo. Son estos los sonidos que predominan en lugar de la voz. Se nos dice que, de alguna manera, son estos los que cobran mayor presencia en la vida de estas mujeres, sustituyendo a las palabras.


A pesar de esto, el texto original de Jimena Balcázar se encuentra patentemente presente en el corto. A lo largo de éste, escuchamos la voz superpuesta de Mónica Bejarano recitando las órdenes del hogar, misivas que no dejan descansar a su personaje a lo largo de toda la vida.


Si bien sólo obtenemos fragmentos del texto original, es evidente que Balcázar logra transmitir la insistencia parcialmente autoimpuesta de quienes reciben estas órdenes y las tienen repitiendo incesantemente dentro de sus cabezas. La servidumbre retratada va más allá de un esclavismo “tradicionalmente” impuesto mediante la amenaza de violencia física (aunque esta no está del todo ausente), sino que es una sujeción que también opera en un plano psicológico.


Más impresionante aún que el performance auditivo de Bejarano es su actuación muda. A partir de movimientos erráticos, gemidos de dolor y expresiones faciales, Bejarano nos narra la historia desgarradora de una mujer que renunció a la posibilidad de su propia vida, y que sólo recibió a cambio una espalda adolorida y rasgada por las interminables horas que pasó agachada sobre un piso que nunca se termina de fregar.


Una escena particular del corto resalta: el personaje de Bejarano, en una momentánea explosión de desesperación, se desgarra el vestido viejo que utiliza mientras limpia. Nuestra perspectiva cambia, la cámara se traslada alrededor de ella hasta verla de espaldas; su vestido cae lo suficiente para verle la espalda desnuda. Sobre sus omóplatos, podemos ver dos grandes cicatrices. Entendemos que la Madre perdió sus alas en el momento en que su hogar le privó de su libertad. Acto seguido, recupera la compostura, y su rostro regresa a su habitual expresión de resignación.


No menos impresionante es la actuación de Giovanna Jiménez, que en el corto comparte una apariencia sorprendentemente similar a la de Bejarano (inicialmente, asumí no solo que al menos eran familiares, sino es que de hecho fuera su hija). Jiménez, en las escenas que aparece junto con Bejarano, logra transmitir la curiosidad en la mirada de una hija que observa trabajar a su madre.


En ella ve un ejemplo a seguir, el primero y más importante de los ejemplos formativos. Bejarano, en cambio, en sus interacciones con Jiménez, logra transmitir cierta proyección que ocurre por parte de su personaje sobre el de Jiménez: la Madre se ve a ella misma en su hija, pero es el yo de su juventud, antes de haber renunciado y/o sido privada de su potencial y la apropiación de sus propias vivencias.


Todos estos elementos, construidos gracias a la fotografía de Luis Arturo Rodriguez y el diseño de producción de Guillermo Sánchez y Jesús Montealegre, logran una armonía admirable bajo la dirección de Salero, exitosamente mostrando el eterno retorno en que se encuentran atrapadas muchas mujeres, particularmente en países latinoamericanos como México.

El cortometraje --con sus planos secuencias que ofrecen la ilusión de un tiempo continuo y un espacio infinito-- recuerda al mito de Sísifo, hecho famoso por el filósofo y escritor francés Albert Camus en el libro del mismo nombre. En este mito, Sísifo es castigado por los dioses a eternamente rodar una piedra sobre una colina hasta llegar a la cima, sólo para que esta vuelva a rodar hacia abajo.

Camus utiliza este mito como metáfora del absurdo de la vida, con la diferencia que en nuestro caso no contamos con un tiempo inagotable para dedicar a nuestras tareas inacabables; llegará la muerte antes de que la casa esté completamente limpia.


Vuelve, sin ser un ensayo filosófico, ofrece una fuerte refutación a la conclusión de Camus que lo hace decir que la vida merece ser vivida a pesar del absurdo: “La lucha por llegar a las cumbres basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz.” (1)



Encuentra Vuelve en FilminLatino hasta el 25 de noviembre: https://www.filminlatino.mx/corto/vuelve-2021

Sigue el trabajo de Jared Salero en @thesaltisblack


(1) Albert Camus. El mito de Sísifo. (Madrid: Alianza, 2014) pg. 156


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