Reflexiones sobre la "diferancia"

Actualizado: abr 27

Alejandro Adame


via: Artie

Este texto es sobre Derrida, y sobre Saussure, y sobre los golpes que le han dado a los lectores y al mundo, golpes que nos han hecho percatarnos de qué significa ser o, más bien, no ser.

Primer golpe: Ferdinand de Saussure al mundo. Para Saussure, hay un significado y un significante. El primero es el contenido de la palabra, es decir, la cosa o el objeto o el concepto al que se está refiriendo. El segundo, es el trazo, la forma textual, vacía, de la palabra. La combinación de ambos forma el signo lingüístico. Signo lingüístico = palabra. Ahora, ninguna palabra funciona por sí sola, todas están al servicio de las otras.


Segundo golpe (golpe doble): Derrida ayudado por Saussure al mundo. “No puede haber algo arbitrario si no es porque el sistema de los signos está constituido por diferencias, no por la totalidad de los términos.” (Derrida 46) Este circuito de palabras, en donde todas dependen de todas, es el sistema lingüístico de Saussure.

Tercer golpe: Derrida al mundo. Derrida se apropia de la idea de cargas negativas, y crea, a su modo, el concepto de diferancia. Esta palabra se refiere a diferir: “(…) designaremos como diferancia el movimiento según el cual la lengua, o todo código, todo sistema de repeticiones en general se constituye históricamente como entramado de diferencias.” (Derrida 47,48.) Este sistema de diferencias funciona en las sociedades, entre los hablantes que reproducen los signos. Sin embargo, no hay un a priori a esa diferencia de signos, todo el tiempo está funcionando, como materia viva que se mueve paralelamente al tiempo, y no hay nada, ningún sujeto, ningún ente político, ninguna forma, que decida o ejecute este cómo se compone este sistema de diferencias: todos, perpetuamente, sin origen, estamos fomentandolo, recreándolo.


Cuarto golpe: Derrida lleva este sistema de diferencias a la sociedad, a las ideas del pensamiento en occidente. Si no hay habla sin sistema lingüístico, entonces todas las ideas concebidas en las sociedad tienen que ser concebidas a partir del sistema de diferencias; y si el sistema de diferencias tiene solamente cargas negativas, entonces ninguna idea tiene peso por sí misma, las ideas son solamente una combinación de signos, porque el signo se entiende a partir de que no es otro signo. Así, la definición de las ideas son variaciones de esta infinita posibilidad de variaciones de signos.

Quinto golpe: Derrida proclama que no hay nada fuera del texto. Si todo es concebido por signos, porque el habla está constituida por ellos, y las ideas y la cultura están creadas a partir del lenguaje, entonces todas las ideas y toda la cultura caben en el texto.


Sexto golpe: el mío. Entonces podemos jugar con el texto. Si las ideas, los valores, las creencias, son producto de un sistema de diferencias, y nosotros sabemos esto, entonces esas ideas, esos valores y esas creencias se pueden desmantelar, se pueden cambiar, se pueden deconstruir. Basta con configurar de una manera diferente esa combinación de signos, para que la idea entre en crisis, y sin más, se desmonte, derrotada por sus contradicciones internas. Podemos desmontar todo. Y es que todo, absolutamente todo, puede ser de otra manera, y toda nuestra cosmovisión solamente es una posibilidad de infinitas posibilidades: los cimientos del mundo se desmoronan, pierden solidez y todo lo que nos mantiene, desde Derrida, se vuelve polvo.

Séptimo golpe: de mí para mí. Ahora bien. ¿Qué pasa con la consciencia del ser humano? ¿No pasa lo mismo que con la cultura y con las ideas? El ser humano nace y el sistema lingüístico ya existe. Él no crea a la lengua, es solamente una función de ella. La consciencia deja de tener peso por sí misma, y al ser concebida por el sistema lingüístico, entonces, como dice Derrida: “Determinación o efecto en el interior de un sistema que ya no es el de la presencia, si no el de la diferancia.” (Derrida 52.) Si nos pensamos a nosotros mismos a partir de un sistema de diferencias, entonces podemos deconstruirnos, podemos ser otros, y somos abismo materializado.

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