¿Qué tan cerca estuvo Alemania de ganar la Segunda Guerra Mundial?



Una de las vertientes que personalmente más me interesan de la historia, como disciplina, es la de la historia contrafactual. Esta, de forma muy resumida, consiste en la reflexión acerca de lo no-acontecido, pero que hubiera podido pasar.


Esto es, se trata de pensar en lo que fue históricamente plausible, aunque no haya terminado ocurriendo. ¿Y esto para qué sirve? Yo opino que la historia contrafactual es una herramienta muy útil para expandir nuestros horizontes de comprensión de los acontecimientos históricos.


Uno de los más grandes contrafactualistas ha sido el británico Niall Ferguson. En 1997 publicó Virtual History. Alternatives and Counterfactuals en donde básicamente defendía el valor de lo contrafáctico y lo demostraba a través de un compendio de pequeñas historias contrafactuales elaboradas por otros historiadores partidarios de la idea.


Mediante la lectura de dicho libro, he querido rescatar algunas de las meditaciones elaboradas acerca de la posibilidad o imposibilidad de que la Alemania del Tercer Reich hubiera ganado en el segundo conflicto mundial. Exploremos algunas de estas cuestiones.


En primer lugar nos encontramos con la pregunta por qué hubiera ocurrido si el ejército alemán, la Wehrmacht, hubiera replicado lo hecho en París en la capital inglesa, en Londres. ¿Qué tan cerca estuvieron de aquello?


Hay que empezar por aclarar que la tibieza o timidez de Gran Bretaña y Francia respecto al ascenso del Tercer Reich tuvo mucho que ver en el estallido de la IIGM. Si desde un inicio hubieran plantado cara, en teoría, se pudiera haber evitado el conflicto. Por eso es que Churchill denomina a la IIGM como la guerra innecesaria (Ferguson, 1998, p.215).


Aquí ya tenemos nos cuestionamos: ¿realmente estaban los británicos en posición de frenar el ascenso del nazismo? Por el contexto pacifista de la época y la sensación de que los alemanes no irían tan lejos, parecer ser que no. Se pensaba que la guerra se podía posponer si se cedía a las pretensiones anexionistas de los germanos en Europa Central (Ferguson, 1998, pp. 217-219). De cualquier manera, Hitler sí quería una guerra… he ahí el problema de las fuerzas Aliadas.


Además, Gran Bretaña se hallaba en una situación de cierta debilidad, pues ya no era aquel imperio colonial invencible de antaño. En pocas palabras, el ejército germano era tremendamente superior, salvo por la fuerza aérea (la RAF era imbatible).


Ahora bien, también podemos aclarar que Hitler no esperaba una guerra con los británicos. Realizó varias ofertas de paz al respecto, pero, para cuando ya había invadido Polonia, esa posibilidad se tornó en inviable. Incluso, Hitler veía a Inglaterra como un posible futuro aliado en su lucha contra los bolcheviques rusos y las “razas inferiores” (Ferguson, 1998, p. 223).


¿Alemania podría haber doblegado a Gran Bretaña como lo hizo con Francia? Parece ser que la orden de Hitler de no aplastar a las tropas apostadas en Dunquerque fue una terrible decisión, pues las fuerzas británicas expedicionarias estaban “a tiro” de los tanques alemanes. Sin embargo, aun sometiendo a esas tropas, varios generales alemanes veían como una operación muy arriesgada y costosa el tratar de cruzar el Canal de la Mancha para una eventual invasión a Inglaterra.


Podía terminar en una victoria pírrica en el mejor de los casos; en el peor, en la ruina de la Luftwaffe y la Kriegsmarine. Así, parecer ser que, al menos en los primeros años de la guerra, nunca pasó por la mente de los nazis la ocupación de Inglaterra (Ferguson, 1998, pp. 228-230).


Podríamos añadir que para los germanos hubiera sido tremendamente costoso mantener las islas británicas ocupadas. Es decir, suponiendo que se conseguía tal ocupación de Inglaterra, mantenerla hubiera absorbido muchísimos recursos y efectivos. ¿Era posible establecer un gobierno satélite inglés fiel a los alemanes como aconteció en Francia? Muy complicado.


Otro punto clave lo hallamos en la declaración de guerra de Alemania a EUA, ¿por qué? La participación de EUA en ambas guerras mundiales fue clave para la derrota alemana. Esto nos lleva a pensar que la gestión militar fue terrible porque causó la entrada de EUA (mediante la declaración de guerra luego del ataque a Pearl Harbor). Sencillamente, haber mantenido a Norteamérica lejos de la guerra (recordemos su abierta postura de no intervención) hubiera permitido concentrar los recursos de guerra en Europa.


Igualmente, otro de los elementos que más se han estudiado al respecto de la IIGM fue la cuestión de una posible victoria nazi sobre los rusos. ¿Se pudo haber conseguido tal victoria?


Aquí el lector versado en lo acaecido en la IIGM se preguntará: ¿por qué si Hitler ya tenía asegurado el Pacto Molotov-Ribbentrop que aseguraba la paz entre los nazis y los bolcheviques, rompió ese tratado? ¡Ya tenía la paz con la URSS!


Podríamos reprocharle a Hitler que con su estrategia condenó a los alemanes a una nueva guerra en dos frentes que terminaría siendo muy desgastante en recursos humanos, militares y económicos.


A nadie se le escapa que las derrotas de los alemanes en Stalingrado y en Kursk en 1943 fueron demoledoras. Con ellas, se desplomó el frente oriental y prácticamente el ímpetu alemán que parecía invencible hasta ese momento. La guerra relámpago en oriente, planteada por los altos manos nazis, había fallado (Ferguson, 1998, pp. 249-253), consiguiendo que la guerra se volviera una de desgaste y aniquilamiento (biológico-ideológico) en las heladas tierras del oriente europeo.


Algunos indican que el interés de Hitler sobre la Unión Soviética era más que nada de corte económico o estratégico. Puede que sí tuviera eso en mente, pero su principal motivación fue siempre el apartado ideológico: la persecución hasta el final de los eslavos, judíos y bolcheviques, así como la “germanización-colonización” de esos espacios. Esas eran sus verdaderas motivaciones (Ferguson, 1998, pp. 256-264).


Si tanto le interesaba a Hitler los recursos oleaginosos de la URSS, no parece descabellado sugerir que trazara su estrategia hacia Medio Oriente, vía Turquía (pues ya tenían los Balcanes). ¿Con esos recursos, hubieran podido mantener el ritmo de guerra sin el desgaste que representó la invasión a la Unión Soviética? Nunca lo sabremos.


Retomando lo que habíamos mencionado sobre Japón. Un ataque conjunto entre Japón y Alemania contra la URSS (dos frentes) hubiera podido aliviar las presiones del frente oriental nazi y, sobre todo, hubiera evitado la entrada de Norteamérica por el frente occidental.


Lo cierto es que probablemente Hitler tomó la firme decisión de apostar todo por la URSS buscando replicar la misma estrategia llevada a cabo en Francia: un ataque feroz y relampagueante (blitzkrieg) que sorprendiera a los soviéticos de Stalin y no les diera tiempo de reacción. Tomada la URSS, habrían pensado los nazis, ya no habría rival serio a vencer en Europa. La jugada, como el tiempo nos mostró, salió mal.


Con todo esto, arribamos a las conclusiones de este artículo. ¿Alemania pudo haber ganado la guerra? Mi respuesta sería que sí si consideramos los siguientes tres factores bastante plausibles en mi opinión:


1. El aplastamiento de las tropas supervivientes británicas en Dunquerque. Al destruir o capturar a casi 400.000 soldados británicos, Inglaterra hubiera quedado muy vulnerable a una invasión posterior (no inmediata).

2. La no-entrada de EUA a partir de una mejor coordinación con el Imperio del Sol Naciente en el Pacífico. Este factor prácticamente hubiera significado que Alemania no tendría rival alguno en el frente occidental (Francia e Inglaterra estarían muy mermadas) y la campaña del Mediterráneo hubiera podido fructificar o por lo menos resistir y desgastar a los Aliados restantes.

3. Una victoria decisiva sobre la URSS. Ya comentamos que Alemania tenía una avance relámpago en el frente oriental. Con un eventual apoyo Japonés por el otro extremo de Rusia, los nazis hubieran podido someter con mayor facilidad a Stalin.


De cualquier manera, son muchos los que señalan que, de ser así, si Hitler hubiera satisfecho sus ambiciones continentales en Europa, altas hubieran sido las probabilidades de que las bombas atómicas que acabaron en Hiroshima y Nagasaki hubieran sido lanzadas en Berlín por los norteamericanos. Especulación que no sirve de mucho francamente, pero ahí la dejo.


En conclusión, vemos cómo la historia contrafactual nos ha permitido enriquecer nuestro análisis de la IIGM para visualizar las erróneas decisiones tomadas por el nacionalsocialismo alemán y, más que nada, para ver el peso que “pequeñas circunstancias” tuvieron para definir el curso de la guerra tal como lo conocemos.


Afortunadamente, la megalomanía de Hitler fue frenada, aunque el saldo del “daño colateral” fue inmenso.


Bibliografía:

Ferguson, Niall. Historia Virtual. ¿Qué hubiera pasado si…? Madrid: Taurus, 1998.

Cap. IV, 213-246. Andrew Roberts y Niall Ferguson, “La Inglaterra de Hitler”.

Cap. V, 249-270. Michael Burleigh, “La Europa Nazi”.

Roberts, Andrew. What Might Have Been? Leading Historians on Twelve 'What Ifs' of History. Londres: Weidenfeld & Nicolson, 2010.



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