Política en la era del TikTok

Nicolás Castillo J. Trainor, Fernando Székely-Aburto




La experiencia del tiempo


Cuando hablamos de la “Era del Tiktok” no nos referimos al monopolio de las coreografías y los malos chistes. La Era del TikTok se refiere a un tiempo dominado exclusivamente por el presente.


El historiador y teórico Francois Hartog denomina a este fenómeno o “crisis del tiempo” como presentismo o “el sentir que solo el presente existe, un presente caracterizado inmediatamente por la tiranía del instante y por el momentum de un ahora infinito”.(1)


Es decir que nuestra experiencia del tiempo como habitantes del mundo hipermoderno está acostumbrada a la gratificación inmediata:


Nos comunicamos con personas a cientos de miles de kilómetros en cuestión de segundos. La respuesta a cualquier duda está solo a unos cuantos clics de nuestro alcance. Trabajamos, estudiamos carreras y postgrados sin salir de la comodidad de nuestro hogar. El amor de nuestra vida está a un swipe a la derecha.


Vivimos en un tiempo presente, en un tiempo sin tiempo, un “moderno tiempo líquido” (2) en palabras de Zygmunt Bauman donde la existencia misma se escurre frágilmente en una temporalidad inmediata y consumible.


En la Era del TikTok consumimos (no solo videitos). Nuestro ser en el instante consume información como nunca antes. El usuario promedio en redes sociales desplaza su pulgar en la pantalla el equivalente a la altura de la Estatua de la Libertad. Consumismo para consumir y ser consumidos por otros.


El presentismo es pornográfico, diría Byung Chul-Han, “La pornografía evita rodeos, va directo al asunto” (3), se salta el proceso, el foreplay, el tiempo que hace de la vida disfrutable.


En la Era del Tiktok consumimos la vida en primera plana. Sin profundidad ni anticipación somos la audiencia del teatro de lo pornográfico.


¿Cómo incide este fenómeno en la forma en la que se hace, se consume, y se ejecuta la política?


En la política de por acá no existen los proyectos a largo plazo o las expectativas matizadas: o nos sacas de esta hoy o ya no nos sirves. Te hacen encuestas de aprobación cada dos semanas. Y cada dos semanas cambias de opinión.

Por eso el macuspano que hoy duerme bien calientito en palacio te prometió que todo lo arreglaba de una. Nos vendió esa porque sabe que esta banda traumada con el presente necesita cambios hoy.


Yo no tendría pedos si no hubiera dicho que lo escogieramos hoy y mañana arreglaba el trip… pero al final él lo dijo, ahora a cobrársela.


La necesidad de lo inmediato también nos ha condicionado a querer saber todo de esta raza política, hasta de qué lado de la cama duermen (una característica de lo inmediato es la sensación de totalidad. Nunca pensamos en entramados que se construyen lentamente para, con cautela, generar una red mayor. Lo último que viste es lo último que el mundo es para ti).


Hemos empoderado a los políticos-influencers en gran parte porque queremos noticias todo el día, porque queremos que hablen y hablen y hablen (mugrosa mañanera, aunque ese men más bien es abuelo de un influencer, el influencer no es él) a ver qué cambió en las últimas dos horas.


La política, como una sustancia negra toda líquida que se mete por todos lados, ha invadido las redes sociales. Ahora te metes al feis y ahí está la carota de algu.


Ahora, en campaña, los políticos hacen ridiculeces para ‘viralizarse en redes’ (cómo le encanta esa expresión a cualquiera que haya salido de su mamá antes de 1980) porque ya no te llegan por la tele o por teléfono.


Lo de hoy es el ig, el TikTok, y por eso el baile ridículo de uno en un mítin, por eso la puesta en escena toda morbosa del otro en la calle. Se acabó la época del mítin largo en el que el candidato fantoche exponía sus ideas en dos horas.


Ahora el coordinador de campaña le dice a su aspirante a diputado ‘órale, Alfredo Adame, tienes 26 segundos, haz una mamada para que la vean los chavos’.


En México la forma en la que se consume y aprecia la política ha condicionado la manera en la que actúan nuestros políticos. En cualquier lugar con un gobierno moderadamente presentable lo que condiciona la manera en la que actúan los políticos son las necesidades del país.


Y es que vivimos en una política chafa, desconectada del pueblo, en la que esta raza de trajeados va a hacer todo para que la empodera. Todo menos gobernar bien.


Así, si la población se vuelve viciosa los políticos se envician el triple: quieren satisfacer tus vicios, pero como son personas más oscuras y culeras que tú, acaban haciendo cosas terribles.


Aquí entre más propuestas ridículas, entre más formas estúpidas de presentar las ideas, tienes más chance de ganar un curul, porque solo así le vas a aparecer en el feed a una población que cambia de pensar cada dos minutos y que necesita satisfacción constante.


Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca del repetidor del Wi-Fi.





Referencias bibliográficas

(1) Hartog François. Regímenes De Historicidad: Presentismo y Experiencias Del Tiempo. México: Universidad Iberoamericana, Departamento de Historia, 2007.

(2) Bauman, Zygmunt. Amor líquido: Acerca De La Fragilidad De Los vínculos Humanos. Madrid: Fondo de Cultura Económica, 2017.

(3) Han, Byung-Chul. La Salvación De Lo Bello. Barcelona: Herder, 2018.




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