Persépolis, o la extranjería perpetua



La cinta Persépolis (2007), de carácter autobiográfico, nos presenta la historia de Marjane Satrapi, una mujer iraní que vive la guerra, el exilio, el extremismo religioso y la extranjería perpetua. Esta película, adaptación del cómic homónimo de la misma autora, nos presenta una historia que sigue siendo tan vigente hoy como hace 40 años y que representa la cotidianidad de millones de personas.


En este texto me propongo analizar cómo el film animado refleja la subalternidad del personaje, los conceptos de nación y nacionalismo en Irán, el sentido de pertenencia y, finalmente, el encuentro entre oriente y occidente desde la perspectiva de esta mujer.


En esta cinta, vemos la vida de la joven Marjane, una iraní de familia acomodada y progresista que atestigua la caída del Shah y el establecimiento del estado islámico durante los años ochenta. Ella vive su infancia en Irán durante un tumultuoso momento político y social, hasta que, en su adolescencia, su familia decide mandarla a Viena en busca de mayor libertad y mejores oportunidades.


Años después, agotada y desencantada de sus experiencias en “la tierra prometida” de occidente, regresa a Irán para enfrentarse a un país completamente diferente del que ella recordaba. Marjane tendrá que hacer frente a su pueblo y su pasado, para finalmente decidir regresar a Europa y establecerse en Francia. Dentro de esta historia autobiográfica, vemos atravesadas diferentes problemáticas sociales, políticas, culturales y psicológicas, canalizadas en el personaje de Marjane.


Marjane es una mujer subalterna en múltiples aspectos. Aunque no se encuentre en una posición de desventaja socioeconómica, al venir de una familia acomodada, sí es una persona de ideales progresistas. Esto, en el contexto de la caída del Shah, es sumamente problemático y la mantiene siempre alerta, en peligro y con un profundo descontento. Marjane siente una distancia y hasta cierta animosidad dentro de la sociedad que habita.


Por otra parte, Marjane es una mujer y, dentro del contexto de un estado islamista, esto la vuelve subalterna en sí misma. No se le permite ocupar el espacio público ni privado de la forma en la que ella lo entiende. Sus mecanismos para existir como mujer entran en conflicto directo con las normas sociales y culturales que se le presentan. Lo vemos, por ejemplo, con un encuentro que tiene con unas señoras mayores en la calle; ella estaba buscando comprar un disco de rock estadounidense y las mujeres la acusan de ser simpatizante de los occidentales y la amenazan con denunciarla.


Finalmente, vemos la condición de extranjería perpetua que vive Marjane; en Irán al ser vista como influenciada por los occidentales y por sus ideas progresistas, y en Viena al ser iraní y venir de normas sociales y culturales distintas. Ella padece un juicio perpetuo y una distancia constante dentro de casi todos los espacios que habita. Esto refleja la condición de un creciente número de poblaciones migrantes en Europa y Estados Unidos actualmente, que se ven obligadas a dejar sus países para posteriormente habitar un lugar de otredad continua.


En suma, la subalternidad del personaje se ve reflejada en sus conflictos con lo conservador de la sociedad, sus limitaciones por ser mujer y su condición de extranjería perpetua. Es precisamente el punto intermedio del personaje, en términos de pertenencia, que nos permite ver los conceptos de nación y nacionalismo en Irán.


En el momento de la caída del Shah, el nacionalismo toma preponderancia frente a la idea de ciudadanía. El cambio en la organización del Estado implica la caída de un imperialismo impuesto de forma violenta frente a la comunidad iraní. No obstante, a través de la película, vemos cómo esto genera tensión y quiebra parte de las relaciones sociales. El momento de crisis que viven los iraníes no solamente es por el conflicto bélico, sino también por un cambio repentino en las normas sociales de conducta.


Pareciera como que, de un día para otro, Marjane y su madre tienen que salir con velo y cambiar su comportamiento a uno menos “conflictivo”, menos fuerte. Es una alteración en los roles de género. Se manifiesta a tal grado que aparece un hombre que se siente con la libertad de insultar y agredir verbalmente a la madre de Marjane por no usar su velo de forma adecuada.


Cualquiera pensaría que el nacionalismo que ocurre con la llegada del Estado islámico sería uno menos occidental, por lo tanto, más inclusivo para la población iraní. No obstante, las personas que se alinean con tendencias progresistas como la familia de Marjane se sienten completamente excluidos e invisibilizados de su sociedad, además de ser netamente perseguidos. El caso de Marjane llama la atención, pues, aun cuando hay un sentimiento de rechazo e injusticia, ella siente un lazo fuerte con Irán.


Esto nos demuestra que el sentimiento de pertenencia no es exclusivamente una cuestión social, sino que también es psicológica. El hecho de que su familia, su cultura y su historia estén en Irán hace que Marjane quiera regresar, por más de que no tenga ninguna razón lógica para hacerlo. El sentimiento de pertenencia va, entonces, más allá de una idealización del Estado-nación, y se transmite a través de la experiencia de los individuos.


Igualmente, el nombre de la película es evocador sobre el encuentro entre oriente y occidente; Persépolis es el nombre con el que se conoció Irán por mucho tiempo en occidente. La imagen de un lugar congelado en el tiempo, de una realidad ajena, es la que permea en la historia. Marjane, una mujer iraní con fuertes influencias occidentales es el catalizador ideal para poder expresar este encuentro de dos culturas. El sentimiento de nunca encajar hace que ella se vea aún más relacionada con un pasado idílico, relacionado con el sentido de pertenencia.


La historia de Marjane Satrapi se presenta como una sobria historieta animada, sin mayor pretensión que la de contar una historia personal. Pero la honestidad de su narrativa y el conflicto genuino que vive su personaje hace que el espectador se sienta inmediatamente implicado y, hasta cierto punto, identificado con la búsqueda constante de la protagonista por encontrar su lugar en el mundo.


Vemos el perfil psicológico, social y cultural de una joven inmigrante, atravesada por distintas desventajas y desafíos, que desmitifica la grandilocuente Europa, pero no minimiza los peligros de su natal Irán. Vemos, por medio de su historia, cómo la idea de nación es una construcción fragmentada con pretensiones de unidad; una decisión, pero también una imposición violenta. A ella se le impone de manera violenta el vivir bajo ciertas reglas estrictas tanto en Irán como en Viena. Así, el ideal de libertad que tanto se imaginó parece no existir en ningún lado.



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