Ni Dios, ni Estado, ni mercado: fundamentos políticos de Emma Goldman

Mariana Paz

“Aquí y ahora declaro la guerra a este sistema”

Emma Goldman (1910)



Pensémonos libres. Libres de amos, de mercados y de Estados. Emma Goldman nos diría que, por encima de todo, nos pensémonos y construyamos como soberanas y dueñas de nuestro cuerpo y vida. Para Goldman (1910), resulta imposible una sociedad libre y verdaderamente humana si el Estado, el culto a un Dios y el sistema económico tienen el control sobre los aspectos fundamentales del desarrollo de una persona y de su relación con el otro y la otra, sobre todo cuando se trata de la vida de las mujeres.


Emma Goldman -“la mujer más peligrosa de América”- fue una activista, feminista radical y escritora anarquista que migró a los Estados Unidos en 1853 huyendo del régimen zarista. En Estados Unidos y como resultado de una serie de decisiones personales, se acercó a través de la literatura y la actividad política al anarquismo radical norteamericano. Su trayectoria política se caracterizó por un alto activismo y una lucha insaciable por la soberanía del cuerpo de la mujer.


De acuerdo con su visión política, enfrentar abiertamente al orden patriarcal, aquel que, a través de las instituciones y los mercados, explota, anula y domina a mujeres y a colectividades disidentes, implica un trabajo de emancipación que solo puede nacer a través de procesos de consciencia tanto individual como colectiva. Cualquier sistema que busca y opera a través de dinámicas de dominación debe de ser confrontado a través de lógicas que prioricen la vida en diferencia, libertad, paz y acuerdo -asumiendo el inevitable y natural conflicto del ser humano-.


La verdadera emancipación y la libertad de las mujeres constituye así el fundamento de cualquier cambio social profundo de los sistemas en los que nos encontramos. La tríada conformada por un Dios, un Estado y un mercado es solo resultado de un sistema patriarcal que no tiene otro objetivo que el de dominar y sujetar a cuerpos a través de distintos mecanismos de poder para seguir reproduciendo un mundo de supuesto equilibrio y libertad, en donde imperan las relaciones desiguales, constituidas discursivamente en campos de fuerza.


Goldman reconoció que el primer paso a la emancipación comienza en el alma de la mujer; búsqueda de una vida en libertad radica en la conquista del poder. Y el poder no entendido como dominación ni como sujeción, sino como acción y construcción. Reproducir las lógicas patriarcales en un proceso de lucha, es decir, constituir un esfuerzo colectivo a través de prácticas de autoridad, opresión, control y supremacía no llevarán a ningún resultado positivo ni a la autonomía real de nuestra vida y cuerpo. La guerra y lucha es contra todo el sistema que engloba la tríada de Dios, Estado y mercado.


Si el cambio comienza en el alma, el primer paso es despojarnos y abandonar las lógicas religiosas, patriarcales y machistas internalizadas, que responden a prácticas y contextos de sumisión, que como mujeres también reproducimos de manera inconsciente.


Referencia:

Goldman, E. (1910). Anarquismo y otros ensayos. Alianza Editorial.


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