Mike Tyson, mochaorejas

Fernando Székely-Aburto


via: Diario AS


Mike Tyson fue el campeón de pesos pesados más joven en la historia del boxeo y dominó la segunda mitad de los ochentas con su patentado volado derecho, con su cabeceo limpio y, después, con una técnica mucho más intimidante: la de morderle la oreja a su rival.


Fue esto último, además de los problemas legales y la actitud feroz, lo que terminó por ponerlo en la lista negra de muchos de los fanáticos del deporte. Tyson debutó profesionalmente en 1985. Cuatro años después consiguió su primer título contra Trevor Berbick y, en 1987, unificó los cinturones de los pesos pesados para convertirse en uno de los atletas más famosos del mundo.


Evander Holyfield, que después sería testigo de la intensidad de Tyson, debutó un año antes y estuvo invicto (recolectando, también, títulos por todos lados) por más de siete años. Las carreras de ambos peleadores se desarrollaron por separado y mientras Tyson, envuelto en acusaciones de violación en su contra, empezó a mostrar señales de deterioro, Holyfield escalaba los rankings de la división con victorias frente a George Forman y Ray Mercer.


Y aunque ambos habían identificado al otro como un posible rival, no fue hasta 1996 que acordaron pelear. A finales de ese año se enfrentaron en el MGM Grand de Las Vegas y Holyfield sorprendió a un Tyson resucitado (que después del desastre que se había convertido su vida al principio de los noventas logró ganar 8 peleas consecutivas) con un nocaut técnico en el onceavo round.


Pero como sucede en todos los deportes de combate, para destronar a un campeón había que vencerlo dos veces. En 1997, entonces, Tyson y Holyfield se volvieron a encontrar y esta vez ‘Iron Mike’ no iba a dejar que su oponente saliera ileso.


Ninguno de los peleadores fue capaz, en los primeros dos rounds, de mostrar una ventaja convincente. Iban y venían con esos golpes de los pesos pesados que se escuchan tronar cuando conectan. Después del tercer round, sin embargo, la pelea ya no pudo continuar, y no fue porque uno hubiera vencido.


Poco antes de que terminara el tercer asalto, cuando ambos peleadores estaban en el clinch, Tyson (que al salir de su esquina había dejado su protector bucal con su entrenador) mordió la oreja de Holyfield y éste, de inmediato, se separó adolorido y dejó que todos vieran la sangre que le escurría por el cuello.


Mills Lane, el réferi de la pelea, ordenó que ésta terminara, pero Holyfield señaló que podía seguir. Ambos peleadores regresaron al centro del cuadrilátero y no pasó un minuto antes de que Tyson, de nuevo en el clinch, mordiera ahora la otra oreja de su oponente. El round terminó y, cuando ambos estaban en las esquinas, Lane paró de vez definitiva el combate y Tyson perdió por descalificación.


Holyfield siguió peleando hasta 2011 y se retiró por vez definitiva el año siguiente a tan solo días de cumplir los cincuenta años. Tyson, todavía uno de los atletas más reconocidos del mundo, continuó hasta 2005 y hasta tuvo la oportunidad de pelear de nuevo por un título, esta vez contra Lennox Lewis.


Pero ‘Iron Mike’, que nunca volvió a su forma ganadora de los ochentas, sufrió el resto de su carrera por lo que había hecho contra Holyfield. Siempre se le consideró un peleador sucio y para muchos las mordidas que soltó en ese tercer round significaban que ya no era capaz de vencer solamente con su boxeo.


Pero al final, aunque se puede decir mucho sobre Mike Tyson (el boxeador y la persona), no se puede decir que no daba todo en el ring y que no estaba preparado para dejar, de ser necesario, las orejas y los ojos y el corazón en la lona. Además, ¿qué son un par de mordiditas para un hombre cuya profesión es atajar golpes en serie con su cabeza?


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