Literatura "mexicana"

Jorge Luis González




via: Juan Rulfo


Después de mitigar algunas ansiedades, cae sobre mi frente la angustiosa duda de mi propia nacionalidad, y más aún (inevitable la comparación inmediata) la duda del género nacional en la literatura. La novela traza sus fronteras desde su trono esquivo e inalcanzable. No hay ni una sola posibilidad de entablar una conversación, si quiera de soñar con una revolución (como lo harían un par de inocentes que la mente de Orwell creó) por parte de los otros géneros. Aunque trono aparente, porque al final todo está sujeto a los pilares milenarios de la poesía.


Una vez aceptada la derrota, me prefiguro que la sustancia principal del arte es la universalidad. Cuando Borges nos habla de su Buenos Aires, ¿acaso no es Buenos Aires todas las ciudades?, ¿no es El Alephla conversión, el final de la escisión ilusoria que nos hemos propuesto? Y siempre retorna uno el corazón a donde nació: el mundo. Ya Pessoa se figuraba más meritorio escribir sobre una ciudad sin haber postrado la mirada sobre ella, que viajar para horadarla con palabras descriptivas.


El poema tendrá acaso un nombre puntual: Tarde de 1987 en México, Una calle de SãoPaulo, La sonrisa de una muchacha de Madrid, o cualquier otra combinación precisa de palabras, no importa: será la sonrisa de todas las muchachas en la misma tarde repetitiva de cualquier año en cualquier ciudad. Nuestros corazones necesitados de origen fueron los responsables del aquelarre nacionalista. ¿Qué pasa entonces, en palabras de Alfonso Reyes, si pensamos nuestro nacimiento como una mera coincidencia geográfica? Nada está planificado ciertamente mas que nuestra misteriosa muerte. Pero el nacimiento y la vida son líneas azarosas. En algún lugar estará esperando nuestro asesino, nuestra enfermedad, nuestro poniente. Escapar tampoco será la solución (imposible para cualquier hombre deslindarse de su patria) , acaso seremos un Tántalo de nuestro propio ser, como cualquier poema que busca liberarse de la esencia laberíntica de las palabras y que busca renacer en el mundo habiendo extraviado todo nombre.


México sigue renaciendo, aún hoy nos ciega el cristal sombrío de nuestra identidad. No somos ni de aquí ni de allá. No somos de ningún lado. ¿Pero no es esa la aspiración máxima del hombre? Ahora bien, grupos mexicanos como Los Contemporáneos hicieron esfuerzos magníficos para lograr la universalidad. ¿Eso sigue siendo literatura mexicana? Nunca vi plasmado los nombres de Zapata ni de Villa, ni de Porfirio en ninguna parte. Sólo vi las preocupaciones inherentes al ser humano, plasmadas en ese mármol sobre el cual nos inclinamos lentamente. No por esto las historias magníficas de nuestra tierra son desdeñadas. Carlos Fuentes y Juan Rulfo son impecables en todos los sentidos. Pero ¿qué es realmente lo mexicano? Un par de tradiciones transformadas y el tosco trato con los amigos, un par de palabras disfrazadas, un par de tragos en una esquina, un par (mucho más de un par) de asesinos de mujeres, un par de perros desconsolados que ladran por las calles, un par de ventanas tapizadas, un par de paisajes imponentes, un par de familias, o tal vez, un par de siglos que nos han hecho una sombra sin cuerpo.


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