Las tres 'P' de Chile: Piñera, Pandora y Pinochet





CHILE - El pasado 14 de octubre, los lideres de la oposición en la Cámara de Diputadas y Diputados lanzaron un proceso constituyente en contra del presidente Sebastián Piñera (proceso de destitución, como el impeachment le que hicieron a Trump que al final no llegó a nada).


El gobierno de Chile y su población han estado en la boca del mundo por varios años; recordemos las demostraciones en octubre de 2019 donde la población chilena mostró su profundo descontento. Estas manifestaciones culminaron en la formación de una Convención Constituyente para redactar una nueva constitución.


Chile es uno de los países más desiguales de América Latina y del mundo, número 35 en desigualdad mundial y el noveno en América Latina según el Banco Mundial. Aunque el Producto Interno Bruto del país ha seguido creciendo, la franja que separa a los más ricos de los más pobres se acrecienta.


Para entender la complicada situación política y social de Chile, nos tenemos que remitir al pasado de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), donde se dio el llamado “milagro de Chile” (frase del economista estadounidense Milton Friedman). Esto se refiere al proceso de liberalización económica que permitió que la riqueza nacional chilena creciera de forma exponencial en 20 años.


Durante la dictadura, el PIB creció en promedio entre 6-7% anualmente, llegando como máximo a 9% en 1977 (ni China tiene un crecimiento de 9%). Esto se dio con la ultra liberalización del mercado, liderada por los llamados chicago boys, un grupo de estudiantes chilenos en economía que fueron enviados a la Universidad de Chicago en los años 60 a aprender del modelo económico de la Escuela de Chicago para posteriormente implementarlo en Chile.


30 años después de la dictadura, Chile es el segundo país más rico de América del Sur en términos de PIB per cápita. Sin embargo, esta distribución se da de forma desigual, privilegiando a un grupo pequeño: el 1% de los hogares acumula el 25% de la riqueza total, mientras que el 50% de los hogares de menor ingreso tiene tal solo el 2.1%.


Así, en 2019, los chilenos tomaron las calles como nunca antes. Podemos resumir algunas de sus demandas en los siguientes puntos:


· Mejora del sistema de pensiones: 80% de los pensionados reciben menos que el sueldo mínimo.

· Mejora del sistema de salud público.

· Mejora del sistema de transporte público.

· Fin de la privatización del agua: el modelo establecido en 1981, durante la dictadura, reconoce el agua como un bien nacional de uso público, pero permite que privados tengan derechos de aprovechamiento perpetuos.

· Mejora al acceso a la educación: la educación pública en Chile es deficiente, y no hay acceso a educación superior gratuita (las universidades públicas son altamente costosas). Esta demanda a sido central en múltiples manifestaciones. En 2006, la llamada Revolución Pingüina, protagonizada por estudiantes de secundaria, juntó a la mitad de todas las escuelas en Chile en un paro nacional y múltiples protestas. Este mismo movimiento se reavivó en 2011 y las demandas continuaron durante las manifestaciones de octubre de 2019.

· Eliminación de la corrupción y los abusos de poder.


Las manifestaciones de 2019 llegaron a la Convención Constitucional, denunciando que la constitución actual, redactada por Augusto Pinochet, fomenta un modelo económico que beneficia a unos pocos, y que ya no es coherente con la sociedad chilena. Aunque algunos manifestantes exigían también la renuncia de Piñera, esto no sucedió.


Precisamente dos años después de las manifestaciones, salieron a la luz los famosos Pandora Papers, una filtración de casi 12 millones de documentos. Estos revelaron una red compleja de movimiento de capital protagonizada por celebridades, deportistas, empresarios y políticos, que utilizaron compañías offshore secretas para evitar impuestos dentro de paraísos fiscales y comprar propiedades.


En la mayoría de los documentos no se demostró ningún delito, solo evidenciaron la forma en la que gente influyente compró propiedades de forma secreta sin pagar impuestos. No obstante, dentro de la filtración se reveló una compra potencialmente ilegal que implicó ni más ni menos que al presidente de Chile.


Sebastián Piñera, empresario millonario, está actualmente en su segundo término no consecutivo como presidente de Chile. Según los documentos, 9 meses después de que Piñera asumiera su primer cargo presidencial en 2010, le vendió a un amigo de infancia la mina de cobre Dominga, que se encuentra en una zona ecológicamente delicada. La venta parece haberse dado a condición de que no se apruebe un área de protección ecológica en la zona de la minera. El presidente tiene hasta el 28 de octubre para responder a la demanda y presentar su defensa.


En las ultimas semanas, las calles se Santiago se han vuelto a llenar de manifestantes que continúan sus reclamos en el segundo aniversario de las protestas de 2019. Esto se da a un mes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Chile.


Los principales candidatos son Gabriel Boric, un diputado de 35 años de la coalición Frente Amplio, y José Antonio Kast, abogado de derecha por el Partido Republicano. Quien sea que quede elegido como presidente se enfrentará con la redacción de la nueva constitución, que estará lista como máximo en julio de 2022 para someterse a plebiscito.


Chile, país admirado por economistas internacionales por muchos años, parecía ser la prueba de la eficiencia del modelo neoliberal. La operación cóndor había sido exitosa en la medida del crecimiento económico chileno. Actualmente es la prueba de que si no se crece parejo, tarde o temprano llegan las cuentas.


El Programa de Recuperación Económica que se ideó durante la dictadura de Pinochet permitió un cambio en la estructura económica chilena que habilitó un crecimiento exponencial. El día de hoy, Chile parece ser un paraíso en Latinoamérica, siendo uno de los países con menor deuda externa, un fuerte PIB per cápita y un crecimiento estable.


Sin embargo, los chilenos están enojados: no se trata de la posición de Chile en comparación con otros países, o de datos macroeconómicos de crecimiento nacional, se trata de un sentimiento de abandono e impotencia. La movilidad social es limitada, la desigualdad se acrecienta, las instituciones públicas no son suficientemente solidas o de fiar. Estas tensiones no se miden por indicadores económicos. El modelo neoliberal en Chile alcanzó las metas que se propuso, pero dejó deficiencias que los chilenos ya no están dispuestos a ignorar.

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