La realidad es palabra, es pregunta: Reseña de 'El retrato de Zoe', de Salvador Elizondo.

Actualizado: ago 12





¿Por qué pensar la realidad? ¿Por qué pensar? ¿La realidad? Más que pensarla ¿vivirla? ¿Se viven los recuerdos, o sólo el vacío que nos dejan? ¿Qué me dices ¿tu no crees que el mundo apenas hace unos segundos ha sido creado? no? Estas preguntas bien pueden ser el correlato de los textos reunidos en El retrato de Zoe y otras mentiras (1969), de Salvador Elizondo.


Los quince apartados con los que nos vamos a encontrar en esas 148 páginas no son nada amigables. El primero se declara, por su subtítulo, como una composición escolar; los demás van desde ensayos narrativos, poema en prosa hasta un tratado de la realidad; todos mediados por la voluntad de ficcionar. Sin embargo, categorizar no nos va a servir de mucho al momento de leer este libro.


¿Entendiste el párrafo anterior? A ver piénsalo. Si lo relees no cuenta, trata de recordarlo. Nunca dije la palabra real.


Cada texto en este libro es como un escalpelo bien afilado, que no corta otra cosa más que la realidad. El recuerdo, que nunca vamos a estar completamente seguros de que ha sido, es verdadero sólo porque es un hueco que se va llenando de ausencias.


Los objetos, las cosas, nuestro cuerpo, ¿qué nos dice que no tengan dos segundos de inventados, creados desde cero? ¿Quién nos asegura en verdad que nadie nos está viendo en este momento? ¿Ya volteaste? Tapa la cámara.


Las matemáticas, el lenguaje, el mundo, el espacio conforman y amalgaman Grünewalda, o una fábula del infinito. La ciudad y las leyendas que la habitan dan paso a la especulación sobre las entidades no-corporeas: Teoría del Candingas. Y el hecho de que ya no seas la misma persona, sujeto o ente, que leyó el título de esto hace unos segundos, se hace viable en Identidad de Cirila, o de que Cirila es como el río heraclíteo.


Pensar estos textos de El retrato de Zoe y otras mentiras como ensayos o como narraciones sería algo que restringiría el sentido de estos. Sin embargo, si nos dejamos llevar por el pensamiento y querencias de los narradores, entonces, podremos llegar a sentir el filo de los escalpelos y la lectura llegando hasta el hueso.


Cada tema tratado aquí se subvierte, lo cotidiano se hace pesado y desconocido. El hecho de ponerse un disfraz implica que nuestra identidad sea tan falsa como creada: Teoría del disfraz.

Más que de corte fantástico, El retrato de Zoe y otras mentiras es un golpe para quien crea que hay verdades irrompibles. Quien se adentre en estos textos no disfrutará totalmente de la lectura, sino también de la incomodidad que puede causar.

Claro, todo esto sin dar por sentado que eres real. Porque “tú sí eres real. Eres real en la medida en que son reales las verdades que nada significan…”.



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