La piel que habitamos: una crítica trans de 'La piel que habito'


Cass Arellano





Este artículo discute detalles sobre la trama de La piel que habito (2011).


Si tuviera que describir La piel que habito (2011) de Pedro Almodóvar con una sola palabra definitivamente la describiría como incómoda. No hay una sola escena donde la audiencia pueda sentirse segura o tranquila. Cuando la película acabó me sentía extremadamente enferma y nauseabunda. Generalmente cuando una película de terror o suspenso logra tener este efecto en mí me doy por satisfecha, pero en esta ocasión algo era diferente, algo estaba mal.


La piel que habito narra la historia de Robert (Antonio Banderas) un cirujano plástico que después de perder a su esposa y su hija de manera trágica está obsesionado con la creación de una piel que sea indañable. Robert lleva a cabo sus experimentos en Vera (Elena Anaya), una mujer violenta con un misterioso pasado. El gran giro de la película llega cuando se le revela a la audiencia que Vera en realidad es Vicente (Jan Cornet), el abusador sexual de la hija de Robert, el cual fue secuestrado por el cirujano y forzado a pasar por un cambio de sexo a través de una vaginoplacia.


A diferencia de otras películas, el horror y conmoción que surgen a partir de la revelación de la verdadera identidad de Vicente no surge a partir de que la identidad de Vera se un perverso engaño que provoque una reacción de repulsión o traición (ejemplo de este tipo de revelación pueden verse en películas como Ace Ventura: Pet detective (1994) o The Crying Game (1993)), sino que lo realmente aterrador son los procedimientos y circunstancias que llevarona Vicente a tener esta transformación.


En otras palabras, el terror de la película se encuentra en la manera en la que Robert viola la libertad y el cuerpo de Vicente. Desde un primer momento Vicente es un captivo de Robert, primero al ser amarrado y atrapado en un sótano y después siendo confinado en una habitación en la cual está encerrado bajo llave, pero sobre todo Vicente es un cautivo en cuanto a su propio cuerpo. Robert usa el género y la sexualidad como un arma e incluso como una herramienta a través de la cual puede controlar a Vicente, el “nuevo” cuerpo de Vicente se convierte en la última prisión, la última consecuencia, el último castigo. Es por esto que el título es tan brillante, Vicente ya no puede relacionarse con su cuerpo, su cuerpo no es nada más que la piel que habita.


Como una persona transgénero mentiría si dijera que no sentí cierta empatía con Vicente. Ser obligado por una figura masculina heterosexual y cisgénero que pertenece a una institución (en este caso la institucion medica) a vivir bajo ciertas normas y llevar a cabo ciertas prácticas que terminan por negar tu identidad es algo que puede rezonar mucho con la experiencia trans. Desde cierta perspectiva la historia de Vicente parece ser una interesante inversión de la vivencia trans, un reflejo que logra crear una idea de los sentimientos de inadecuación y horror que acechan a las personas de género disidentes.


Sin embargo, esto no cambia el hecho de que en realidad en toda la película no hay ningún personaje trans (Vicnete nunca deja de identificarse como un hombre) y la transformación siempre es representada como un castigo y una violación. Sea o no la intención de la película, la trama transforma las herramientas que miles de personas transgénero usan en su transición en armas que un hombre cisgenero usa para vengarse de otro hombre cisgenero. Las practicas transgenero se convierten entonces en una imposición, un atentado contra la libertad. En otras palabras, lo transgenero al relacionarse con el plan de Robert regresa al campo de lo monstruoso, lo perverso.

Como acabo de mencionar, La piel que habito no es una historia trans ni cuenta con personajes trans, sin embargo, la historia se desarrolla de tal manera que la película queda inevitablemente ligado con la experiencia trans, el peligro llega cuando la película parece no tomar esto en cuenta, ni considera la complejidad de los temas que está tratando.


En su ensayo “Trapped in the Wrong Theory: Rethinking Trans Oppression and Resistance” la autora Talia Mae Bettcher (la traducción es mía) dice:


Podemos entender a un mundo trans en resistencia a un mundo dominante, donde parte de lo que está en cuestionamiento son las prácticas de género alternativas (incluyendo los términos semánticos del género). De manera más precisa, debemos reconocer una multiplicidad de mundos trans en relación a múltiples mundos de dominación (Bettcher 2014, 390-391).


La piel que habito falla en reconocer que es su deber tomar estas múltiples experiencias en cuenta y las maneras en las que se relacionan con su narrativa. Cuando buscas discutir temas de este calibre en tu historia, no ser preciso puede resultar en consecuencias catastróficas.


En la actualidad cada vez hay más caso en los cuales la retórica de las comunidades transfobicas se basa en la idea que la cultura queer y las personas de “izquierda” quieren imponer la experiencia transegenero en los niños, y que los efectos de la transición terminan arruinando la vida de todos los que pasan por ese proceso. Este tipo de argumentos se utilizan no tan solo para plantar odio, sino para justificar leyes que obstaculizan el acceso a recursos de salud a miles de personas trans, sobre todo jóvenes (solo hace falta echarle un ojo a la situación actual de Texas). No es difícil ver cómo la trama de La piel que habito puede ser el ejemplo perfecto para este tipo de retórica transforbica.


Con este texto no busco condenar a la película o a su director y escritor Pedro Almodóvar, el cual ha hecho mucho por la representación trans en el cine (véase Todo sobre mi madre (1999)), pero considero que La piel que habito es el ejemplo perfecto de porqué tenemos que cambiar la manera en la que hablamos del cuerpo, su relación al género y la medicina. Si no somos precisos al discutir estos temas podemos caer en narrativas que pueden ser usadas para perpetuar retóricas de odio que motivan la opresión y negación de miles de vidas.


La piel que habito falla, no porque sea explícitamente transfobica, sino porque decide relacionar el horror, el cuerpo, la medicina y el género sin tomar en cuenta la manera en la cual las conexiones que construye ponen en duda y en peligro las experiencias trans.


Fuentes:

Almodóvar, Pedro. 2011. La piel que habito. España: Blue Haze Entertainment.

Bettcher, Talia Mae. 2014. Trapped in the Wrong Theory: Rethinking Trans Oppression and Resistance. Signs vol. 39 no. 2. 384-406.



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