La historia detrás de "DUCKWORTH"

Fernando Székely-Aburto IV

via: Reddit

En 2017, con la última canción de su disco de estudio más reciente, titulada DUCKWORTH, Kendrick Lamar hizo saber a todos los que lo escuchaban que apenas empezaba a llegar a la cumbre de su carrera artística y de su creatividad.


Y es que DUCKWORTH es una especie de culminación de las diferentes propuestas que Lamar, a lo largo de su carrera musical, ha ido elaborando. Ahí se ve tanto el virtuosismo poético del artista como su visión filosófica del mundo en el que creció, y todo sigue el hilo conductor de su propia vida, de la de su familia, y de un evento milagroso que pudo haber destruido su carrera antes de que empezara.


Lamar empieza, en DUCKWORTH, por introducir a un personaje de las calles llamado Anthony. Éste creció en el centro de una familia con un historial de crímenes y adicciones. A los pocos versos de la canción, se cuenta de los días en que Anthony adoptó la vida del crimen; era un asaltante exitoso, manejaba un coche de lujo, y, al final, logró evadir una convicción de asesinato por la falta de pruebas en su contra.


Anthony was the oldest of seven, well respected, calm and collected, laughin' and joking made life easier, hard times, momma on crack, a four-year-old telling his nanny he needed her, his family history pimpin' and bangin', he was meant to be dangerous”.


Es entonces que entra el segundo personaje de la historia, un hombre que había llegado de Chicago con su esposa y que había empezado a trabajar en una franquicia local de Kentucky Fried Chicken. Ese personaje, llamado Ducky, conocía a Anthony y sabía que, un año antes (en 1984), él había asaltado el restaurante en el que ahora trabajaba. Así que, buscando ganarse su confianza, Ducky trataba a Anthony especialmente bien (y hasta le regalaba comida) cada vez que lo veía en el local.


“Ducky was well aware, they robbed the manager and shot a customer last year, he figured he’d get on these niggas good sides, free chicken every time Anthony posted in line,two extra biscuits”


Fue por eso que cuando Anthony volvió a asaltar el restaurante, decidió perdonarle la vida a Ducky y se marchó sin hacerle daño.


“Anthony liked him and then let him slide, they didn’t kill him, in fact it look like they’re the last to survive”


Todo esto ocurre en la resolución de la canción, pero es el verso final, cuando Lamar revela quienes son, en realidad, sus dos personajes, que las cosas empiezan a cobrar sentido. Anthony es Anthony ‘Top Dawg’ Tiffith que, después de vivir toda su juventud como criminal, decidió salirse de las calles y poner un estudio cercano a la zona de Compton en la que vivía Lamar. Este estudio (que también se convirtió en una disquera), se llama hoy Top Dawg Entretainment, y, en 2004, firmó a un joven llamado Kendrick Lamar y supervisó su ascenso a la fama.


“Twenty years later them strangers might make a meet again

Inside recording studios where they reaping the benefits

Then they start reminding 'bout that chicken incident

Whoever thought the greatest rapper would be from coincidence

Because if Anthony killed Ducky, Top Dawg could be servin’ life

While I grew up without a father and die in a gun fight”


Ducky es, nada más y nada menos, Kenny Duckworth, el padre de Lamar, que huyó con su familia de Chicago en los años ochenta tratando de evitar el crimen de la ciudad y se estableció en Compton, en Los Ángeles. Tiffith, entonces, le perdonó la vida a Duckworth y después, sin saber que era su hijo, firmó al joven Lamar y ha ayudado a producir sus discos desde entonces.

Pero la última línea de la canción muestra por qué la pieza no es solo el recuento de una casualidad milagrosa: Lamar Dice que si Anthony no le hubiera perdonado la vida a Ducky, habría tenido que servir cadena perpetua y jamás habría existido Top Dawg Entertainment. Y el mismo Kendrick, además, habría crecido sin padre y habría sido más propenso a dejarse influenciar por la vida de violencia que lo rodeaba, terminando, tal vez, muerto en un tiroteo sin haber producido una sola canción.


DUCKWORTH es una especie de visión sobre los efectos mariposa de la vida. Es una reflexión sobre las calles y sobre la pobreza. Pero es, antes de todo eso, una de la mejores obras de un músico que, en verdad, apenas está llegando a su apogeo.


Un brindis por Anthony por haber perdonado a Ducky. Un brindis por Kendrick Lamar.

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