Juana de Asbaje, cibernética del lenguaje

Actualizado: may 20


Diego Córdoba



Bien conocida es de nosotros El Fénix de América o La Décima Musa: por sus sonetos, por sus villancicos, autos de fe y su deseo de conocimiento jamás saciado. También sabemos de su dudosa muerte por tifus en abril de 1695. Y de su supuesta relación lésbica, igualmente nada relatable, con la virreina María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga. Y de su igualmente nada confiable no amor más que amistad hacia dicha virreina; porque, no nos hagamos, de que había amor, lo había.


Está de más, para el caso, adjetivar su relación como carnal, platónica, amistosa, leve, a escondidas. Sin embargo, ese no es este caso. Lo que nos interesa directamente aquí es el soneto “Que contiene una fantasía contenta con amor decente”.


Desde la primera lectura, aparte del mareo constante y deleitante de la retórica que usa la jerónima novohispana, es evidente el deseo y el anhelo. Deseo de que se detenga esa “sombra”, de que deje de enamorar lisonjero y luego fugitivo. Anhelo de ese bien esquivo, del hechizo, de por quien se muere, “por quien penosa vivo”.


Aún contando lo anterior, el núcleo de este soneto no es únicamente el amor no correspondido, sino también el holograma, trama y urdimbre de estos catorce versos. Holograma: como “imagen del hechizo”, como “bella ilusión”, como “dulce ficción”.


Esta imagen del ser amado, programada en sombras, en hechizo, ficción, vida, es el punto lejano e inalcanzable del tacto de este yo poético: la virtualidad. Pero, gracias al lenguaje, como diferenciación mediante descripción, y a la imagen en calidad de identificación, hay una posibilidad de encuentro: “te labra prisión mi fantasía”.


Aquí es donde el cuerpo, casi en su totalidad como sistema sensorial, sucumbe ante la mirada, ante el holograma que se teje poco a poco de alguien, de algo que se anhela. Y donde la fantasía es la única opción de quien puede darle soplo a la imagen, a lo digital.


Ya desde el título podemos notar el algoritmo: soneto “Que contiene…” una fantasía y un amor, mediante palabras e imágenes.


Si el holograma es seductor, porque parece ser, estar, porque es y no se sabe si sea, entonces, se plasma de manera evidente en este poema: “… al imán de tus gracias atractivo/ sirve mi pecho de obediente acero, / … aunque dejes burlado el lazo estrecho”.


Y ¿qué será preferible, el ardor de tocar esos brazos y pecho o la prisión estática de la fantasía, sus píxeles y resoluciones? “Poco importa”.

* * *

Bien conocido es de nosotros el hecho de que en el Barroco y el Siglo de Oro español, el lenguaje toma un matiz maleable y dúctil, como la realidad. Y la virtualidad es uno de los logros de esa época. Pero Juana de Asbaje, astrónoma, literata, teóloga, gastrónoma, rebelde y persona, también fue programadora y previsora de lo que sería la imagen, la pantalla. Mediante el lenguaje y el cuerpo (su cuerpo, encerrado y limitado) creó caminos y senderos con la retórica y la lógica, sin diferenciación. Pero, lo más importante es que no muera, que se le (re)conozca fuera de todo el chismorreo alrededor de su figura y las intentonas por patriotizarla y hermosear su vida y trabajo. Ya que no es doncella inmaculada, ni solamente fue dama de compañía, sino una de los picos en el lenguaje que nos enseña la virtualidad día a día.


Que contiene una fantasía contenta con amor decente


Detente, sombra de mi bien esquivo imagen del hechizo que más quiero, bella ilusión por quien alegre muero, dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias atractivo sirve mi pecho de obediente acero, ¿para qué me enamoras lisonjero, si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes satisfecho de que triunfa de mí tu tiranía; que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía, poco importa burlar brazos y pecho si te labra prisión mi fantasía.



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