Found in translation: Isla de Perros

Actualizado: jun 25

Alejandra de la Peña


via: Chicago Sun - Times



Isla de Perros, el nuevo filme del célebre director americano Wes Anderson, ha despertado la curiosidad de muchos espectadores por el uso de la cultura japonesa casi como “utilería”. Lejos del debate de la validez de la “cultural appropiation” en obras de arte, me parece que la película presenta un caso particularmente interesante del uso del idioma japonés, idioma que no es, evidentemente, el de la mayoría del mercado objetivo de los consumidores de la cinta.


Lo primero que hay que establecer es que los personajes principales son los perros (quienes no entienden el japonés) por lo que, el uso in-subtitulado de los diálogos de los otros personajes humanos en este idioma, subraya el hecho de que la película gira en torno a la visión y entendimiento del mundo según los caninos; sin embargo, esto plantea una pregunta importante: ¿Qué pasa con quienes sí entienden el diálogo que no debería ser entendido?


Esta es una pregunta que se plantea Emily Yoshida en su artículo What’s it like to watch Isle of Dogs as a Japanese speaker? Para responder la pregunta, entrevistó a 3 personas que dominan la lengua para averiguar cómo funciona este aspecto de la película. En general, los 3 japonés-hablantes opinan que el diálogo es “natural”, no resulta torpe y no da la impresión de que se escribió con google translate; aunque la calidad del audio sí resulta suavizada de manera que no se entiende claramente y pasa a ser más un complemento del fondo, casi como si fuera parte de la escenografía. No hay chistes ocultos ni una película paralela para aquellos que entienden dichos diálogos, simplemente se pierde parte del encanto que se logra si el espectador se posiciona en el mismo plano de relación con el mundo y el lenguaje que los perros.


Esto puede indicar que es una película pensada exclusivamente para la parte de la humanidad no-japonesa, lo cual resulta extraño considerando que el rumbo del mundo está trazado hacia la globalización y la universalización, no hacia lo particular. Claro, ésto no podía ser completamente obviado o contrariado por lo que se rescata con el personaje de Tracy, la estudiante americana de intercambio que funciona como traductora de los otros personajes humanos japoneses y con Atari quien logra entender a los animales (hasta cierto punto).


Así, a pesar de ser una película planeada para un público de lengua no-japonesa e incluso de cultura no-occidental, la película logra abrirse a cierta universalidad. El recurso de la lengua se utiliza exclusivamente para colocar al espectador en el mismo plano psicológico que los perros, los protagonistas. Este es un recurso nunca antes visto, por lo menos por mi en mi corta vida cinematográfica, no sólo funciona adecuadamente en técnica sino que se configura artísticamente de manera excepcional.

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