Iphones de sangre



Hay 7.26 billones de teléfonos celulares en el mundo, de los cuales virtualmente todos contienen coltán (columbita-tantalita), un mineral extraído de la tierra con propiedades excelentes para contener la carga eléctrica de aparatos electrónicos. En otras palabras, sirve para que la pila de tu cel (tu compu, tu ipad, tu tele etc…) dure más.


Aunque existen depósitos enormes de coltán en países como Brasil, Australia y Canadá, la República Democrática del Congo es (por mucho) la fuente (no el proveedor) de donde se extrae la mayor cantidad de este mineral destinado para la fabricación de aparatos electrónicos.


Desde la década de 1990, los conflictos derivados de la explotación de coltán en África Central han resultado en más de 7 millones de muertos (1), turtura, violencia sexual y atrocidades innombrables, sin mencionar la explotación laboral infantil y la destrucción del medio ambiente.


Los depósitos de coltán más grandes de la República Democrática del Congo se encuentran en su frontera oriental, con Ruanda y Burundi. Estos dos últimos han promovido la explotación de minas clandestinas en territorio congolés, manejadas por grupos armados, para el contrabando de coltán y su eventual venta a las grandes corporaciones de tecnología.


Aunque empresas como Apple (2) constantemente aseguran tener conciencia y control sobre el origen de este minerial, evitando zonas de conflicto y proveedores ilegítimos, la realidad es que es imposible conocer su procedencia (así como las grandes joyerías y los afamados Blood Diamonds).


De esto nace una reflexión:


Cada vez es más evidente que el estilo de vida que tanto damos por hecho y al que insistimos en llamar “progreso” es insostenible, no solo por la destrucción medioambiental inminente, sino por un costo humano tan grande que es difícil poner en perspectiva.


También es evidente que (como individuos) difícilmente podemos escapar de esta situación. Después de todo, la computadora con la que se escribe este texto y el Iphone con el que lo lees contiene coltán.


Esto no es de ninguna forma una posición derrotista, ni siquiera pesimista. Es una sencilla invitación a la conciencia. El mundo que nuestra generación hereda es uno con cosechas podridas y promesas incumplidas. Pero el futuro nos pertenece. Hay que desobedecer epistémicamente; esto es desenganchar el pensamiento de verdades predeterminadas, como las ideas impuestas de bienestar y éxito (consumo, [auto]explotación, colonización). En vez, la vida debe prevalecer sobre la producción y reproducción de bienes al precio que sea (3). Hay que romper ciclos, tirar sistemas y repensar el mundo con las herramientas que tenemos.


Piénsatela toro, desobedece.


Referencias:


(1) Ayres, Christopher J. “The International Trade in Conflict Minerals: Coltan.” Critical perspectives on international business 8, no. 2 (2012): 178–93. https://doi.org/10.1108/17422041211230730.


(2) “Apple Conflict Minerals Report.” Accessed January 13, 2022. https://www.apple.com/supplier-responsibility/pdf/Apple-Conflict-Minerals-Report.pdf.


(3) Mignolo, Walter. Desobediencia epistémica: Retórica De La Modernidad, Lógica De La Colonialidad y gramática De La Descolonialidad. Buenos Aires, Argentina: Ediciones del Signo, 2017.


Ver también:


Tornbjerg, Ole. Blood in the Mobile: Mining in the Congo (2010)

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