"I don’t know anything about being a woman”

Actualizado: mar 9

Alejandra de la Peña


via: The Spool

Jojo Rabbit fue la película ganadora del Oscar a mejor guión adaptado por Taika Waititi. La cinta tiene muchísimos elementos en los cuales enfocarse, pero en esta ocasión me gustaría hablar de lo que me enseñó sobre qué es ser mujer.


La historia toma lugar en la Segunda Guerra Mundial cuando Jojo, el personaje principal, descubre que su madre refugia a una joven judía en el corazón de la Alemania Nazi. Al principio, el niño se niega a seguirla encubriendo, pero poco a poco empieza a enamorarse de ella y se da cuenta de que no puede ser su delator.


Ahora, en la película hay muchos momentos en los que las referencias a la mujer parecen implícitas (o hasta algo escondidas), pero hay un momento en el que el tema se aborda de forma muy directa: se trata de una conversación entre Rosie, la madre de Jojo, y Elsa, la niña a la que está refugiando.


Elsa, abatida y cansada de tanto esconderse, platica un día con Rosie (en el escondite de la niña) sobre lo que significa ser mujer. El diálogo va así:


Elsa: I don’t know anything about being a woman. Is that what it is? You do things like drink wine?

Rosie: Sure. You drink champagne if you’re happy. Champagne if you’re sad. You drive a car. You gamble if you want. Own diamonds. Learn how to fire a gun. You travel to Morocco. Take up lovers and make them suffer. You look a tiger in the eye. And trust without fear. That’s what it is to be a woman.

Elsa: How do you do that? How do you know you can trust someone?

Rosie: You trust them. Goodnight.

Elsa: And those other things, you did that stuff? You know, go to Morocco, and the rest?

Rosie: No. I never looked a tiger in the eye.


En corto: la mujer es fuerte y tiene todo derecho de ser libre, de ser feliz, de ejercer su fortaleza en todos los rumbos de la vida y como a ella se le antoje. Nadie debería de reprimirla y mucho menos negarle lo que por derecho es suyo.


En mi opinión, el diálogo funciona como un epicentro del que se desprenden varias olas que repercuten en la lectura de toda la película. En primer lugar, resulta claro que la mujer es vista como un símbolo de otredad (como lo son los judíos en la guerra). Este paralelismo que se construye entre los judíos y las mujeres permite que se lea la película en clave de género. Esto se materializa en el personaje de Elsa, que es ambas.


Elsa está aislada del mundo de la misma forma que las mujeres han estado excluidas de una realidad patriarcal. Se esconde de una persecución masculina en su totalidad que se materializa en el conjunto de hombres nazis que van a inspeccionar la casa de Jojo (y que saludan a todos los personajes con los que se encuentran con el “Heil Hitler” que se repite al menos unas quince veces en esa escena).


Sí, las mujeres somos otredad y somos diferencia, pero al igual que Elsa, que se siente orgullosa de ser judía, deberíamos estar orgullosas de no ser hombres, de ser distintas. Deberíamos buscar que a través de nuestra existencia y desde nuestro lugar de exclusión, como Elsa en su lugar de escondite, los hombres dejen de temerle a lo que es diferente a ellos y puedan concebirnos como merecedoras de los mismos derechos en todos los campos de la vida.


La supervivencia de Elsa en condiciones de escondite ya es, en sí mismo, un acto de resistencia. Pero también, logra que Jojo, un niño fanático del Nazismo, se enamore de ella siendo judía. Esto posibilita el amor -un amor platónico- hacia lo que es radicalmente “otro”. Jojo se presenta como víctima de una ideología sobre la que no ha reflexionado (el Nazismo) y Elsa, a través de su existencia y de su diálogo con Jojo, consigue que sus pensamientos preconcebidos se fracturen hasta resquebrajarse.


Así, los hombres, como Jojo, deberán dejar de temerle a la mujer, deberán dejar de pensar que todo lo que tienen en su “Libro sobre mujeres” es verdadero, como Jojo se da cuenta de que su “Libro sobre los judíos” tiene puras tonterías. Deberán de abandonar la idea de que somos monstruos que dormimos en cuevas colgadas de cabeza, que somos brujas, que tenemos poderes sobrenaturales, que somos inferiores a ellos, que somos más bestias u objetos que humanos y, cuando esto ocurra, podrán por fin aprender a entender la diferencia y dejar de rechazarla.

Ahora, si la problemática de la mujer aparece en una película tan sencilla y amigable como Jojo Rabbit, no resulta muy extraño que también esté en todos los rumbos de la vida real. La cinta, de hecho, solo refleja (casi sin intención alguna) la realidad que nos fue dada y a la que nos obligaron a vivir.


Pero no somos nosotras las que no sabemos qué es ser mujer. Sabemos perfectamente lo que somos porque lo vivimos a diario. Es el otro lado de la moneda el que no tiene idea. Pero no importa, que los hombres mejor no se pregunten cómo se siente ser nosotras. Que se pregunten, mejor, cómo dejar de temerle a lo que no entienden.


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