Guerra Fría, paz caliente




"Desde Stettin en el Báltico hasta Trieste en el Adriático, ha descendido un telón de acero en todo el continente", fueron las palabras de Churchill el 5 de marzo de 1946. Fueron también las palabras a las que se les atribuye el inicio discursivo de la Guerra Fría en Europa.


Discurso que, a partir de ese momento, dividiría a las naciones en un muy amplio espectro entre “el totalitarismo” y “el mundo libre” (lo que sea que eso signifique).


En resumidas cuentas, esta Guerra Fría terminó (de acuerdo a la historia “oficial”) el 9 de noviembre de 1989: la caída del Muro de Berlín, el levantamiento del “telón de acero” churchilliano que dio entrada a la carísima benevolencia del mundo capitalista en el “segundo mundo”. La Paz.


Una pax romana, o mejor dicho, pax americana. Esa paz de Occidente no puede significar más que la ausencia de violencia. Es una paz muy violenta.


Aunque esa paz no es exclusiva de Occidente. El “bloque comunista” es el antagonista y perdedor de la narrativa. Esta afirmación tiende a ignorar la contradicción en el continente asiatico, donde el “mundo libre” no logró "salvar” a las naciones de la amenaza roja.


El primero de octubre de 1949 Mao Zedong proclamó la fundación de la República Popular China, después de décadas de conflicto y mientras el gobierno del Partido Nacional de China y millones se exiliaron a la isla de Taiwán.


Sin ningún tratado de paz, desde entonces Taiwan (oficialmente la República de China) no ha sido reconocida por el Partido Comunista de China en Beijing.


Las últimas semanas han presenciado un incremento de tensión muy significativo entre ambos. La República Popular China no ha hecho ningún esfuerzo por esconder sus intenciones de reunificar la isla con la China continental. El Secretario General, Xi Jinping, declaró en un discurso este mes que “la misión histórica de la unificación de la madre tierra… definitivamente será completada”.


Adicionalmente, la RPC ha comenzado la construcción de tres bases aéreas en las costas del continente entre 200 y 400 kilómetros de Taiwán, la intensidad de ejercicios militares se ha incrementado y han sobrevolado la isla más de 150 aeronaves chinas.


Papá Vladimir Putín no tardó en declarar la legitimidad de la RPC sobre la Isla, lo que afirma la (obvia) posición de Rusia en este concurso de espadas. Por su parte Estados Unidos, el Reino Unido, Japón, los Países Bajos, Canadá y Nueva Zelanda (con un total de 17 naves) han incrementado ejercicios militares en el pacifico por provocaciones chinas.


Se sabe que EU ha proveído de entrenamiento militar y armamento a Taiwán. Estos últimos han entrado en alerta estas semanas e insisten en defender la isla hasta el final.


Esta situación suscita algunos puntos de reflexión.


La Guerra Fría, como todas las guerras en los libros de historia, está delimitada temporalmente por fechas muy específicas. Los cambios en el discurso y el imaginario colectivo, tradicionalmente, obedecen estos límites temporales construidos por los productores de historia.


Sin embargo, parecería que hoy, tres décadas después de la caída del “telón de acero”, los balances y viejos bloques responden a las mismas tensiones e inclinaciones que en la Guerra Fría.


La diferencia ahora es la máscara asignada al enemigo: el dictador, el comunista, el totalitarismo, etc..


Esto se le podría atribuir a los abruptos ajustes en el sistema internacional que se han hecho en los últimos años por la creciente polarización política y su consecuente tambaleo interno de grandes potencias (como EU con Trump y UK con su Brexit). Claro, exponenciado al extremo por una pandemia.


Desde la teoría y la historia, hay que repensar entonces la Guerra Fría, los conceptos y categorías que se han construido para observarla, y sobre todo la forma en que se justifica.


Más que nada hay que cuestionar nuestro entendimiento de la “paz”. Concepto que también se ha construido hábilmente para señalar la ausencia de guerra. ¿Guerra fría? ¿Paz caliente? ¿Cuál es la diferencia?



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