Guerra de castas: ¿'barbarie' vs civilización?

Andrea Martínez





Durante la primera mitad del siglo XIX, específicamente en el mes de julio de 1847 (1), hubo un gran movimiento en la costa oriental de Yucatán donde grupos indígenas (mayas) de la región se levantaron en armas para defender sus derechos sobre las tierras. Este hecho lo conocemos en la historiografía como la guerra de castas. En este artículo tengo como objetivo pensar desde otro punto de vista de la historiografía tradicional este levantamiento, donde varios factores influyen en la forma en que concebimos este acontecimiento.


Normalmente se describe la guerra de castas como un enfrentamiento en el que hay dos facciones muy marcadas: los indígenas y los blancos (criollos principalmente y mestizos) que se enfrentan por el sistema de encomienda y explotación en las haciendas (que había sobrevivido en la región a pesar de la independencia).


Se nos muestra como una especie de lucha entre dos fuerzas distintas que se extendió por más de medio siglo (hasta 190, cuando el ejército nacional sometió a los sublevados), donde los indígenas y las personas blancas propietarias se retrataban como distintas. Sin embargo, Wolfgang Gabbert nos presenta, en su artículo “¿Dos mundos o uno solo? Espacios políticos, comunicación y etnicidad en Yucatán antes y durante la guerra de castas” (2), un punto de vista distinto de esta lucha de facciones: ya no la ve como un antagonismo racial.


Gabbert nos adentra en la complejidad político-cultural, que es importante tomar en cuenta para poder explicar las causas de este enfrentamiento, en la que las relaciones coloniales y postcoloniales influyen para poder entender la realidad social y étnica. En el caso que estamos tratando, a finales del virreinato y principios de la independencia, muchas personas no-autóctonas vivían, comían, vestían y hablaban como las personas autóctonas. La lengua más popular no era el castellano, sino el maya. De hecho, hay evidencia de mucha correspondencia de personas no-indígenas escribiendo en maya. Con esto podemos entender que se compartía una cultura y que no había una polarización étnico-cultural.


Ahora nos quedan dos preguntas: ¿cómo se llegó a este enfrentamiento que revolucionó la historia de Yucatán? ¿Cómo la historiografía posterior llegó a hacer una separación de facciones tan radical? Miriam León y Emilio Rodríguez, en su genial artículo “La realidad comunicable como discurso histórico decimonónico: los indígenas mayas durante la guerra de castas en Yucatán” (3), nos explican, mediante tres historiadores de la época, cómo se concibió la guerra de castas y la reminiscencia de sus ideas dentro de la historiografía concerniente al periodo: perpetuando la imagen del indio bárbaro como parte del discurso de la guerra (donde se les veía como los culpables), además de no concebir a las comunidades indígenas como parte de la sociedad.


Esto último es ciertamente peculiar ya que, mencionan los autores, los observadores del evento sí reconocían la gestación de este conflicto, pero que, aun así, defendían a los blancos y los separaban de la barbarie indígena que se tenía que controlar según su forma de verlo. Los historiadores llamaban “bárbaros” tanto a los que participaban en la guerra como a los que no; es decir que, como había afirmado antes, no necesariamente fueron sólo los mayas los que exigían sus derechos, sino también personas no-indígenas. No obstante, por su comportamiento e ideas caían en la categoría de bárbaro que se les estaba asignando a posteriori.


Desde mi punto de vista, creo que parte importante de la guerra de castas es el contexto político de la nueva nación independiente y el proyecto de esta; en otras palabras, creo que esto actuó como una olla de presión donde parte del pasado colonial, así como sus dinámicas, seguían en pie. Ahora bien, otra parte del México independiente ya estaba evolucionando a una nación en la que no cabía la realidad de las comunidades indígenas por la concepción moderna a la que se quería llegar.


Me gustaría añadir que este conflicto es visto como un logro para las comunidades indígenas por mostrar resistencia contra las organizaciones tradicionales y el statu quo. Me gustaría concluir apuntando que este periodo de la historia de Yucatán, no sólo interesante, sino también muy complicado, va mucho más allá de una supuesta lucha entre civilización y barbarie. Conglomera un nuevo sistema de pensamiento y de gobierno, así como una organización que oprimía y explotaba a las comunidades indígenas de la región en el orden agrario-hacendario.



Notas al pie:


Flores Rodríguez, María Guadalupe, et al, La Guerra de Castas y la Cruz Parlante, Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas. México, 2021.


Wolfgang Gabbert, 2017. “¿Dos Mundos o Uno Solo? Espacios Políticos, Comunicación y Etnicidad En Yucatán Antes y Durante La Guerra de Castas”. Indiana, 34 (2): 135-160. doi:10.18441/ind.v34i2.135-160.


León Méndez, Miriam Edith y Emilio Rodríguez Herrera, 2017. “La Realidad Comunicable Como Discurso Histórico Decimonónico: Los Indígenas Mayas Durante La Guerra de Castas En Yucatán.” Cambio y Permanencias, 8(2): 540-569.

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