Genie Chance: un faro en la noche alaskeña

Teresa López



A las 5:36 de la tarde del 27 de marzo de 1964, Genie Chance estaba saliendo de su casa en Anchorage, Alaska, camino a una librería con su hijo más joven. De pronto, el suelo comenzó a agitarse violentamente… Genie pensó que se le había ponchado una llanta. Pero entre más intenso era el movimiento, más evidente era que se trataba de un evento natural histórico: el segundo terremoto más fuerte jamás registrado, con una magnitud de 9.2 grados en la escala de Richter.


Cuando, después de 5 interminables minutos, la tierra por fin estuvo quieta, Genie supo que tenía que dirigirse de manera inmediata a su trabajo en KENI, una estación de radio local que normalmente se dedicaba a labores como cubrir carreras de trineo con perros.


El terremoto causó tsunamis de hasta 67 metros de alto en varias provincias de la costa de Alaska y fisuras en el suelo tan grandes que calles enteras llenas de negocios locales se hundieron. El Space Needle de Seattle se tambaleó a 2,300 kilómetros de distancia.


A pesar de que la cantidad total de muertes fue sorprendentemente baja (con sólo 131 personas (en comparación, el terremoto de la Ciudad de México de 2017 mató a 370)), el evento causó cientos de millones de dólares en daños… y cambió para siempre las vidas de la mayoría de los residentes de Alaska.


Genie Chance fue una de las damnificadas. Nacida en Texas en 1927, Genie se mudó a Alaska buscando mejores oportunidades de trabajo para su esposo Winston y, para ayudar con los gastos de la casa, consiguió su primer trabajo como reportera en KENI en 1959. Cuando sucedió el terremoto, Genie no tenía idea del alcance que tendría su trabajo durante los días siguientes.


Como le fue imposible llegar hasta el edificio de KENI, se instaló en el inmueble de Seguridad Pública, en el centro de la ciudad. Desde ahí, comenzó a reportar la información que traían personas desde todos los rincones de Anchorage a buscar ayuda. Esta transmisión, su transmisión, era la única fuente disponible de información confiable en las horas que siguieron al desastre, durante las cuales se registraron once réplicas de importancia. El terremoto dejó sin electricidad a toda la ciudad por lo que, la noche del viernes, varias personas desesperadas se acercaron a Genie para pedirle que le enviara mensajes a familiares en otras provincias.


Durante los siguientes tres días, Genie pudo reunir a miles de familias locales. También ayudó a organizar grupos de rescate y transmitió mensajes cada vez más importantes: les pidió a los supermercados que abrieran, indicó dónde se habían abierto albergues y dio instrucciones para purificar agua proveniente de nieve, por mencionar algunos ejemplos.


Quizá la labor más importante que realizó Genie en esas 50 horas de trabajo continuo fue mantener a la población tranquila, segura de que el mundo no se había acabado. Un hombre local la describió como “un faro en nuestra noche de terror”. La voz calmada de Genie ofreció, para muchísimas personas, la única fuente de esperanza y tranquilidad en un mundo que se había agitado. Las historias de familias reunidas y los mensajes sobre los extraordinarios esfuerzos de rescate organizados por la misma comunidad fueron las únicas ventanas que la gente tenía a una realidad posterior al desastre en Anchorage.


Genie recibió varios premios y reconocimientos por su trabajo durante el terremoto y, eventualmente, formó parte de la Cámara de Representantes de Alaska. Más importante, demostró que las mujeres podían formar parte crucial de los esfuerzos de rescate y reconstrucción en una época en la que no se les permitía involucrarse directamente en estos trabajos. Con su profesionalismo, sacrificio y dedicación durante más de dos días sin descanso, desmintió la percepción de las mujeres como seres excesivamente emocionales, incapaces de formar parte de tales esfuerzos históricos.


Genie expandió un trabajo tradicionalmente femenino (el de reportera) y lo convirtió en uno de extrema importancia, en un momento de crisis, sin esperar nada a cambio… sólo el bienestar de su comunidad. El terremoto causó mucho dolor y destrucción, pero al desastre que quedó de Anchorage nunca le faltó la luz de su faro.


Referencias:


Egan, Timothy. “In a Time of Crisis, Her Voice Was the One That Galvanized Alaska”. The New York Times, 24 marzo 2020.


Fountain, Henry. The Great Quake: How the Biggest Earthquake in North America Changed Our Understanding of the Planet. Broadway Books, 2018.


Mooallem, Jon. This Is Chance!: the Disaster That Shook an All-American City. Random House Publishing Group, 2020.


Mooallem, Jon. “When a Quake Shook Alaska, a Radio Reporter Led the Public Through the Devastating Crisis”. Smithsonian Institution, 19 marzo 2020. Recuperado de: www.smithsonianmag.com/history/when-quake-shook-alaska-radio-reporter-led-public-through-devastating-crisis-180974450/.

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