Florentino Pérez: El avaro golpea de nuevo

Arcadio Falcón



Football-españa.net


Escucho en estos momentos la entrevista de Florentino Pérez, Presidente del Club más grande de la historia del deporte, en el Chiringuito, un programa presentado por un tipo que finge ser inofensivo.


Florentino dice: “Venimos a salvar el fútbol”.


Hace 20 minutos, fumando un cigarrillo y mientras sorbía de una cerveza en lata, he pasado por delante del estadio Santiago Bernabéu, templo sagrado -de los más sagrados-, que se encuentra en obras.


El Toyota Auris híbrido, que no hace apenas ruido, se paró en un semáforo al inicio de Concha Espina (sede de las 13 de Europa) y pude observar cuatro grúas mecánicas que, aún durmientes, parecían pensar en el trabajo de mañana.


Pérez dice: “Estamos arruinados, hemos perdido 400 millones de Euros en dos años”. Se da la casualidad de que el estadio en reformas que este cronista semi-borracho observó desde un semáforo al inicio de Concha Espina costó… 400 millones. La reforma, claro está.


En la segunda hora del programa, Florentino bromea con ese presentador que finge ser inofensivo pero que en realidad es lagarto sobre Mbappé, su fichaje estrella para el año que viene, y que costará una millonada.


El problema de toda la entrevista es que Su Florentineza se empeña en enfocarlo todo en el “corto plazo”, olvidándose de los excesos de los últimos 20 años.


Porque, no se equivoquen, fue Florentino quien provocó el obsceno aumento del precio de los fichajes en el mundo del fútbol durante su “Era de los Galáticos”. Se podría argumentar que esa inflación habría ocurrido de todas formas —bendito dólar— pero a mí me corresponde echarle la culpa a alguien y el que empieza la cadena es Florentino Pérez, político frustrado.


Con ese afán de grandeza (y complejo de enano) que rodea a todos los grandes —Napoleón no era bajito, es un mito urbano—el Presidente se dispone a hacer lo que no pudo durante la Transición Española: ser relevante.


Representante y líder de una SuperLiga futbolística que 72 horas después de anunciarse se ha venido abajo, “Flo” es la viva imagen de la dirección que está tomando el mundo: avaricia y consolidación.


Avaricia de La Élite y sus amigos, que se reparten los fondos “Covid” mientras los negocios quiebran y las morgues se llenan.

Consolidación del poder en unos pocos, representados por esa alianza oscura entre el Estado, algunas compañías privadas y los bancos.


Florentino y sus secuaces querían reestructurar, no el fútbol, si no la deuda que han ido acumulando con fichajes millonarios y sueldos ofensivos. Recordemos dos de sus movimientos estrella en los últimos años: 60 millones de Euros por un jugador, Luka Jovic, que jugó partido y medio y 115 (más sueldo) por un belga, Hazard, cuyas articulaciones son de cristal de Murano.


Sólo con eso, el amigo Flo tendría la mitad de lo que dice que ha perdido su club en estos años, sin contar la remodelación del estadio y el fichaje multimillonario que —casi seguro— se va a hacer este verano.


El único motivo por el que el Real Madrid puede hacer estas cosas es porque es el Real Madrid, producto muy seductor para cualquier fondo de inversión o banco transnacional. ¿De verdad alguien cree que semejante mastodonte va a quebrar?


Al final, y como era previsible, el proyecto de Superliga europea se ha caído a una velocidad de vértigo y es que, en tiempos pandémicos, donde nos quitan casi todo, quedan pocas cosas sagradas… ojalá el fútbol lo siga siendo.

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