En contra de la ilusión de lo natural



Cuando pensamos en el concepto de lo natural, o de la Naturaleza, solemos pensarla con una franja en nuestras cabezas: aquí está lo Artificial, aquí lo que proviene directo de la tierra, lo no-trastocado, no-fabricado, lo que proviene de una vida y de un cosmos que nos son inaccesibles. Esto va desde un nivel ontológico hasta estético: solemos condenar aquellos cuerpos que nos resultan más artificiales, más creados por la raza humana que por bio-entes. Por el contrario, siempre y cuando un objeto/cuerpo/ente nos de la ilusión de lo natural lo vamos a incorporar automáticamente a ese imaginario: jardines cuidadosamente planeados y cuidados que nos resultan equivalentes a un bosque, estanques y lagos artificiales que visitamos cuando queremos entrar en contacto con la naturaleza, narices quirúrgicamente creadas que para nosotros ‘pasan’ el examen de la naturalidad, productos ‘orgánicos’ que pueden llegar a tener más intervención humana que los no-orgánicos: si aquello que vemos frente a nosotres vende bien la ilusión, estamos dispuestes a comprarla.


Esto, creo, es una consecuencia normal de esta nueva era donde nuestro Midas no es un rey sino El rey capitalismo, lo que le filósofe Timothy Morton llamaría un ‘hyperobject’ o hiperobjeto, una de las “cosas que se distribuyen masivamente en tiempo y espacio en relación con los humanos” y que en vez de convertir todo en oro lo convierte en cemento, en pavimento, en gris, en liso metal. Estamos sedientes de verde y con un mundo que se nos está cayendo mientras estamos atascados en bloques de concreto, rehenes de un microorganismo que nos está quitando la oportunidad de ir al parque a sentir que estamos en una jungla, y nos domina la nostalgia y esta idea de que lo ‘natural’ existió, de que alguna vez todes comimos fresas recién cosechadas en una colina verde sin una preocupación en el mundo, ahí donde no existían los impuestos ni el seguro de gastos médicos mayores. Lloramos aquella naturaleza, la añoramos, extendemos nuestra mano hasta donde podemos con la esperanza de algún día tocarla.


Pero ¿dónde está lo natural? Intentar pensar en la naturaleza hoy en día presenta una paradoja si queremos mantenerla pura y libre de intervención humana como la pensamos. ¿Qué bioente, sea vegetal, animal, microscópico, mineral, no ha tenido contacto o ha sido afectado de alguna manera u otra por algo ‘artificial’ o no-biológico? ¿Podemos hablar de una naturaleza sin que el mismo concepto nos remita a lo humano? La mera antropomorfización de la ‘madre tierra’ ya está dando huella de nuestro papel en su configuración, y no hay foto de la naturaleza que no haya sido tomada por un artefacto no-humano, no hay testimonio de lo natural que tengamos que no involucre que un Alguien, un humano con sus artificios y sus creaciones, estuvo ahí para presenciarlo. No podemos pensar la naturaleza sin incluirnos porque la misma palabra, Naturaleza, no viene de un bloque de pasto que se lo susurró a un ser humano un día de verano: nosotres acuñamos y delimitamos la palabra, así como delimitamos y damos forma a aquello que conocemos como lo natural. Aquello que queremos alcanzar, aquello que soñamos, nunca estará ahí para nosotres.


Sin embargo, esto no tiene por qué ser algo negativo. La creación de lo natural ha implicado todo este tiempo la existencia de su antónimo, lo artificial: por lo tanto, nos permitimos crear elementos, cosas, objetos, casas que no tengan nada que ver con los bioentes y no se piensen en torno a estos porque esta separación entre los dos extremos de la balanza parece irreconciliable, hostil, innegable. Y en muchos sentidos lo es y lo ha sido: no se puede negar el impacto ambiental que hay en todo el mundo y que creo que se ha convertido en su propio hiperobjeto, con un daño tan profundo que ya nos es inaprehensible y que parece tener vida propia, erosionando y destruyendo cada vez más. Es aquí donde creo que desmantelar la ilusión de lo natural puede ser más fructífero para los bioentes que la alternativa: dejar de favorecer lo ‘natural’, dejar de creer que todavía existe tal cosa y que podemos sólo dejarla en paz sabiendo que en nuestra época y espacio es imposible, puede ser el primer paso para pensar cada vez más en maneras de que aquello que consideramos artificial se conciba alrededor y en conjunto con lo natural. Lo artificial, creado, preconcebido, no tiene que ser negativo necesariamente si se piensa en un mismo plano junto con la naturaleza, y pensando en ese todo indivisible que tiene que unirse de alguna u otra manera, y que puede hacerse de manera consciente. Esto funcionaría primero dejando de lado la jerarquía a la que sometemos los elementos en este mundo, y, después de la humildad que eso involucra (sabiendo que nosotros humanos nos ponemos siempre primero), aceptando y creándonos de acuerdo con todos y cada uno de los bioentes que nos rodean, creando cosas tal vez no naturales, pero no en conflicto con esta: yo soy un ecosistema de microorganismos y cuidarme involucra cuidar esas vidas y cuidar las vidas de mis órganos y de mis neuronas. El autocuidado adquiriría un significado completamente diferente. Y así, en ese mismo nivel, cuidar de todos los sistemas y espacios que contengan vida y cuidar que todo lo ‘artificial’ sea creado en torno a esas vidas.


El enojo, la frustración y la desesperación en contra de lo que hemos creado tan inconscientemente y que destruye a los bioentes que nos rodean a diario es comprensible hablando en un nivel mínimo. Sin embargo, empezar a difuminar las barreras que creamos entre artificial y natural con una consciencia de que difuminarlas involucre que se creen en correlación y que se interconecten de manera que ambas partes se vean afectadas positivamente puede ser un siguiente paso hacia una mayor autoconciencia y cosmopresencia. Aceptar nuestros cuerpos artificiales y cuidarlos, cuidar de que todos aquellos seres no-biológicos con los que se encuentran, chocan, se rozan, se tocan, complementen más de lo que erosionan. Que nos asumamos parte igualitaria de este todo y que todo lo que creamos vaya hacia ese todo, siempre hacia ese todo.



0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo