El retrato literario: una herramienta



Todo el tiempo y por todas partes estamos siendo bombardeados por palabras e imágenes. Constantemente llevamos ambas en nuestra cabeza: ya sea la imagen de algo, su representación o fotografía, o la reformulación mediante palabras, su adjetivación o descripción. En el caso de las personas, llevamos en la mente su retrato, la imagen su cara y cuerpo, o la descripción que nos hacemos de ellas mismas. Uno de tantos casos es el de los personajes dentro de obras cinematográficas o literarias. Estos casi siempre son descritos, visualizados, representados, encarnados por un actor o mediante animación para poder darles características específicas, una psicología única y un cuerpo.


Bien sabemos todes que los retratos pictóricos o los bustos han sido una categoría y una corriente artística bastante interesante dentro de la historia del arte y de la historia en general. Podemos encontrar retratos, bustos y sus vestigios casi a lo largo del mundo como una especie de huella en el tiempo, un momento y un lugar (la superficie de una pared en una iglesia o templo antiguo, en lienzo, en piel, sobre madera, en mármol) donde las características físicas y un poco de las anímico-mentales de una persona o de una no-persona se realizan en la materia.


El retrato, ya sea pictórico, escultórico o mediante palabras, es una manera de aprehender algo que está en constante movimiento y resonancia, en constante cambio corporal y mental: unx sujetx. Es, por verlo de otra manera, una pequeña y divertidísima ilusión donde todo se queda quito: unos cachetes, unos ojos, un tiempo y un espacio.


Ejemplos de retratos literarios hay muchísimos, de verdad, y a diario mínimo hacemos uno o dos: a la hora en la que nos preguntan por alguien, quién es tal, quién es aquel o aquelle, en ese momento en el que nos damos a la tarea de enfatizar aspectos y mentalidades, ahí retratamos y moldeamos. Y si es que no nos atenemos a lo que nuestro filtro sensorial dicta de las personas, no-personas y sujetos frente a nos., entonces, tendremos una caricatura, una animación, un alllllllllllarrrgggaaaamieeeeennnntooooo y profundización de nuestros sentidos plasmados en material específico: el lenguaje verbal, las palabras. El retrato literario se podría ver como una especie de representación 5D, donde se pinta, se esculpe, describe, caracteriza y articula a unx sujetx.


Bajo este sentido: ante la realidad y la observación/input sensorial, ¿cómo vemos a les demás?, ¿cómo nos ven?


Presento a continuación tres homenajes y un autoejercicio, retratando y caricaturizando:


Mariana Calafell


Veintitrés años. Retoña muy de vez en cuando, a diario, y cuando sus ojos de esfalerita se lo permiten (porque son grandes, grandes, miran una esquina del alma de une) se expande como cuete en un espacio indefinido. Desde hace años funge como experta en robo de oxígeno por la narííííííz, y por las noches, cuando suele pensar profundo y hondo, sus piernas se alargan hasta probar el betún de los chubascos, nubarrones y el humo de un plantío de amapola. Tan fino como fibra de caña es su cuerpo y piel; cabello de algodón de azúcar; manos y dedos de espina. Con más fuerzas que tres nudos marineros. Alma de ángel bíblicamente correcto. Investigadora y crítica del fenómeno llamado Naucalpan. Inteligencia: elevadísima (se sospecha que creó e implantó la duda Sócrates).

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Sofía Beltrán Hoyos


Cara llllllllaaaaarggga, pómulos esféricos y ojos de labradorita. Cejas anadiómenas y voz de nereida sinaloense en búsqueda del aguachile más picoso y placentero. De manos cortas pero largo su tacto. Su espalda acarrea un tatuaje en forma de mariposa viscosa, y sus hombros cargan el título de astuta. Frisa la edad de veintidós años y su cabello repunta las cincuenta décadas. A los veinte descompuso el lenguaje, y ante algún teclado, papel y pluma se diluye en mente, o palabras. Su cuerpo es de pasto, afirmado en el suelo y ancladas a una línea imprecisa, grande como estatua. Lleva el pelo como si de estructura se tratase: un árbol familiar, una liana, dos o tres olas de mar, una hoja rota. Entiende chistes media hora o hasta meses después de dichos. Su corazón es del tamaño de las arcas de Constantinopla.


Constanza Arriaga


Constanza siempre vive en el mundo a pesar de todo. De mano firme, aunque nunca dura; las ligaduras de sus dedos son suaves y los músculos de sus pulgares aguantan duramente blandos los días. Sabe aceptar y soltar, sabe cosas. Sobre su cabeza, su cabello flota figurando algas, una mata de almendras, filamentos de selenita o los cientos de horas pegada frente a algún televisor, navegando en internet o viendo películas. En la cara y cachetes le brilla el mundo, desencantado pero vivido, ante sus ojos. También tiene certificación en robo de oxígeno y de libros. En su casa viven cosas, recuerdos, y a pesar de su baja estatura alcanza todo lo que despliegue el espacio. En su cuarto hay vida, con todas sus implicaciones, y un cerebro y cuerpo hermosos hermosamente esparcidos.



Alejandra de la Peña



Alejandra. Cara de almendra. Su es voz suabe y afilada, firme en el aire, a veces grita. Se desenvuelve, en cuerpo y mente, como flor en capullo: poco a poco hasta que de pronto nadie vio como sucedió. Sus manos de envergadura acorazada siempre pasan la pluma o las hojas fuertemente: ironía frente a su voz y lo que escribe. Toda una dura. Le gusta el gin & tonic, la poesía y se cabrea cuando alguien es demasiado insoportable. El efecto que tiene la luz en ella, la manipulación de la luz, colores y espectros en las instalaciones de J. Turrell, es equivalente a un segundo de éxtasis (con razón su silencio a veces duro a veces suave). Está mamadísima.

Fernando Szekely-Aburto



70 kilos de rudeza. Tiene la sonrisa afilada y con ella deduce impuestos, inflación, el mundo y las querencias de su cuerpo. Su espalda es medianamente ancha, lo cual hace parecer que sus hombros tengan la longitud de un extenso territorio. El vello facial que le recubre, ornamentando, sincerando y posponiendo su juventud, parece extraña malaquita, lo cual contrasta con sus ojos fijos-firmes-hondos de venado. Su cabello de vellocino le permite darse el lujo de relucir su voz de sirena amplia. Las palabras, el moldeo y maleabilidad de estas, son sus fuertes y dominios. Sus piernas de espagueti recorren la Iber* sondeando el parámetro y reclutando mentes para El Toro Salvaje. Un pibe muy querido y respetado.

Diegardo Corgóngora


“Just because you feel

Hollow inside

Its real” (Mazzy Star, “All Your Sisters”)


“Just ‘couse you feel it

Doesn’t mean it’s there” (Radiohead, “There, there”)






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