El palíndromo como género literario



Julia Vela Fuente


§ 1. Preliminar. Hay, entre las múltiples formas que toma la literatura, una de carácter totalmente atípico, que fusiona la escritura más rigurosa y matemática con la más impredecible y aleatoria. Tal forma es el palíndromo; ¡una ecuación química de imágenes surrealistas! ¡Un encuentro juguetón entre la lógica y la estética! Al palíndromo, como al silogismo, se le exige validez. Un texto no puede simplemente devenir en palíndromo, al modo de ciertos escritos que, de pronto, cobran la dimensión de poesía o de un cuento, por ejemplo. En la forma del palíndromo no hay ambigüedades; para que estemos frente a uno es necesario que el texto se lea igual al derecho y al revés. Si no se cumple esta condición elemento formal, simplemente no hay un palíndromo. Así pues, las exigencias en términos de la estructura son feroces. No hay licencias, no hay experimentación; tal es la forma del palíndromo. Sin embargo, un palíndromo no puede ser reducido a mera formalidad, a una operación mecánica. Si bien el palíndromo es cálculo, también es un accidente, una mini ficción cuya trama es impredecible para el propio autor. Así como la forma es pura racionalidad, el contenido escapa en gran medida al control de quien lo escribe. Las ideas aparecen en segundo plano, cuando no se les está buscando, pues el requerimiento formal es la primera consideración que hay que satisfacer. Así, las imágenes e historias que surgen son producto de una imaginación que no está sujeta a la racionalidad sino que es libre, espontánea. El palíndromo es, pues, un arte en que la tensión entre el cálculo y lo impredecible se resuelve en un entretenido juego de letras y palabras.


§ 2.Bases formales. Hemos dicho ya que el palíndromo es como una ecuación química. Esto quiere decir que lo que se pone de un lado, necesariamente se tiene que poner del otro. El balance es indispensable; es precisa la simetría de letras y sonidos. En ese sentido, no hay sorpresas en los palíndromos; se sabe a qué atenerse. Pero el agregar siempre en ambos lados la misma letra no es suficiente para que haya un palíndromo, pues una colección de letras aleatorias que se espejan desde el centro no necesariamente construye un texto inteligible. La colección “pvj a jv p” tiene el mismo orden de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, pero no se lee igual al derecho que al revés porque simplemente no se lee. No hay ningún contenido semántico ahí. Las letras tienen que formar palabras. Pero tampoco se trata de que las palabras se reflejen. “Yo ala yo” no es un palíndromo. Se puede leer, pero no igual al derecho y al revés. Las palabras, pues, deben construir oraciones o párrafos que, en su totalidad, tengan esta doble dirección. Las palabras pueden partirse cuando se leen de atrás para adelante, eso sí, pues, de lo contrario, sólo se podrían escribir palíndromos que contuvieran únicamente palabras que también son palíndromos. Como por ejemplo, “Somos, acá somos.” Con los signos de puntuación y tildes, la convención es que no deben coincidir exactamente de un lado y de otro. Sería muy bello hacer un palíndromo perfecto, en el cual hubiera esta perfecta correspondencia de signos, pero la inteligibilidad del texto también depende, en gran medida, de los signos gramaticales, y sin la libertad de poder colocarlos de un lado sin tener que hacerlo del otro, las posibilidades de creación se reducirían muchísimo. Así, éstas son las bases fundamentales del palíndromo.


§ 3. Consideraciones de lenguaje. El palíndromo, entonces, requiere de autores que tengan una familiaridad muy particular con el lenguaje, y en específico, por obvias razones, con el idioma en el que se escribe. Hay que tener un tipo de conocimiento respecto a la construcción de las palabras en ese idioma que no tiene nada que ver con su significado, sino con el orden en el que pueden y suelen aparecer las letras para formar palabras. Intuitivamente sabemos que, por ejemplo, en español no vamos a encontrar palabras que tengan juntas una “v” y una “l” en ese orden. De ese modo, podemos descartar usar palabras como “calva”, que tiene la combinación aceptada en español “l” y luego “v”, porque no encontraremos una palabra posible al revés. En ciertos casos, este problema se puede resolver dividiendo palabras. Por ejemplo, “ese cacho, ¡oh! Cacé, sé.” En español, no hay palabras que tengan “hc” pero sí hay algunas que terminan en “h” y otras que empiezan con “c”, así que se puede separar. En el caso de “calva”, sin embargo, es imposible porque ninguna termina en “v”. Este tipo de sutilezas son las que hay que ir notando para poder escribir palíndromos con más naturalidad.


§4. Imágenes espontáneas. Dado que las exigencias formales no son menores, cuando se trata de palíndromos, hay que aprender a soltar el control. Puesto a que el que un texto sea un palíndromo recae en su forma capicúa, hay que seleccionar palabras que sean buenas candidatas a formar otras palabras al revés. Éstas, sin embargo, no siempre satisfacen nuestras inquietudes estéticas. Cuando se escribe literatura, habitualmente se busca crear mundos deliberados, hay una decisión consciente detrás de las imágenes y la trama. Si bien algunas ideas llegan accidentalmente, la creación literaria suele implicar la voluntad de alguien que quiere decir algo de cierta manera. Con el palíndromo esto no ocurre. Si bien el autor puede delimitar un poco su tema, el contenido no se puede predecir y operar a su antojo. Sólo hay algunas palabras que al revés son otras y juntar varias para que, en conjunto, formen una oración o párrafo que se lea igual al derecho y al revés, no deja mucho espacio a que se escoja intencionalmente lo que se quiere decir. Pero esto lejos de ser un aspecto que empobrece al palíndromo es algo que le da un valor extraordinario. ¡Ni a la imaginación más lúcida se le ocurrirían las ideas surrealistas que aparecen en los palíndromos! En el palíndromo, el contenido es una imagen fantástica con un humor magnífico.


§5. Signos de puntuación. Los signos de puntuación son herramientas preciadas que se encargan de dar sentido a un conjunto de palabras. Un bonche de palabras puede no tener sentido hasta que, ¡pum!, llega una coma y nace una oración. Dado que el palíndromo trabaja con imágenes surreales, que a menudo demandan que el lector tenga una buena imaginación, los signos de puntuación juegan un papel indispensable en que el texto sea inteligible. A menudo, hay varias maneras y diversos signos que se pueden colocar en una oración, sin que ésta deje de tener sentido alguno. Esto ocurre también en el palíndromo, pero como el texto puede ser un tanto confuso, es importante seleccionar la puntuación que parezca esclarecer mejor el sentido. Tomemos como ejemplo el siguiente palíndromo:

“Atrácala, llénelos y ahí eleve. La runa rige; le elegí. Ranura leve leí. Hay sol en ella, la carta.”

El primer punto bien podría ir después de la palabra “runa”. De este modo, esa primera oración quedaría así: “Atrácala, llénelos y ahí eleve la runa.” La oración sigue teniendo sentido, pero después viene la parte de “rige; le elegí”. “Atrácala, llénelos y ahí eleve la runa. Rige; le elegí.” Así no se entiende quién rige y el sentido entero del palíndromo queda todavía más oscuro.


§6. Literatura sui generis. El palíndromo es una anomalía dentro del mundo de la literatura. Con exigencias formales más estrictas que la poesía barroca pero a la vez con mayor espontaneidad y

creatividad que un relato surrealista, el palíndromo es el género literario más cercano a la lógica y al absurdo al mismo tiempo. Su riqueza está en este doble carácter que se presenta como reto matemático y creación estética. El que un texto sea un palíndromo no quiere decir que se reduzca a que se lee igual al derecho y al revés; un palíndromo es también poesía y minificción. Son imágenes e historias, a veces sentencias y aforismos. El palíndromo es, sin más, un juego de palabras sofísticado y hermoso que devela, en su estrafalaria combinación de elementos, el potencial creativo de los seres humanos.


§7. Algunos palíndromos.

1. Sé yo: el oído odia cómo salivo, vil. Asomo caído odio, ¿le oyes?

2. Seré amargo. Lo hallé: ¡ella! Holograma eres.

3. ¡Anula la oda! Le di de lado a la luna.

4. Atrácala, llénelos y ahí eleve. La runa rige; le elegí. Ranura leve leí. Hay sol en ella: la carta.”

5. Es al río; allá avalo a la orbe recesiva y animal. No comer agita, fatiga. Remo con lámina, y avise, cerebro, a la ola. Va allá, oírla sé.

6. Roí. Repuse todos. Acá ya hada lavó ala. Así la remedan. Ella sabe: risa. Cada hada casi rebasa, llena de mera lisa ala ovalada. ¿Hay acaso dote superior?

7. Osé y ahora no calles. Leí: sacolo. Ceda, jaiba sana, lleva al rabal azul a Largo. La rama caerá, marea. Cámara logra la luz alabar. La avellana sabia jade coloca si él sella con aro. Hay eso.

8. No, ¡dime! ¡Sea! Ese mar no he conocido. Yo vería ni vida. Arca sacra, adivina: ¿iré? ¿Voy? O di, ¿conoce? ¡Hónrame! Sea ése mi don.

9. “¡Oda robales!” “Amanecerá. Casi se hará, venerado. Gima yo hoy: la razón es arena, mas es.” (Él, a todo tema, oda ve). “Leo libros. Sorbí lo elevado. Amé todo. Tal es esa manera sé. ¡No zar; al yo hoy amigo daré! Nevará. He (si saca, recen a más) elaborado.”

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