El mundial de clavados de 1975

Fernando Székely-Aburto



En todas las películas y series de narcotraficantes hay una escena que va más o menos así:

El narcotraficante (justo antes de ser capturado) se enfrenta a un agente del gobierno, los dos llenos de sangre y heridas de balas después de mucho pelear.

El agente del gobierno dice algo como: “todos ustedes son unas lacras” o “tú y tus amigos van a arruinar este país”.

El narcotraficante, cansado ya, contesta dramático: “Tú ya vistes lo que somos… ustedes nos educaron. Ustedes nos volvieron así”.

(Si el agente es un literato podría citar a Sor Juana: “Narcos necios que acusáis al gobierno sin razón”. Pero aquí los gobernantes apenas saben leer).

Bueno, al final el narcotraficante tiene un punto.

Véase, por ejemplo, la brutalidad de Rubén Figueroa Figueroa como Gobernador de Guerrero, que deja muy claro que aquí los héroes eran villanos mucho antes de que existieran los villanos mismos.

Y es que a nuestro querido gobernador se le acusa de haber forzado la desaparición de más de cien personas durante su administración (que duró de 1975 a 1981).

Se dice, además, que durante la guerra sucia solía salir hacia el Océano Pacífico en un helicóptero con dos o tres rebeldes y que, cuando ya estaba muy lejos de la costa, los dejaba caer al agua y se regresaba (tal vez a echar unos tragos y un perreo sucio en el Baby).

Carajo, este hombre mató a decenas de personas y hasta arruinó un par de desarrollos costeros en Acapulco (“Señora, señor: este departamento tiene cuatro recámaras y cinco baños y a veces aparecen sorpresitas del gobierno aquí en la playa) y ya nadie se acuerda de él.

Así que sí, señor narcotraficante, aquí las cosas eran brutales antes de que llegaran ustedes.

Los Figueroas y su gente, desde hace mucho, enturbiaron esta la región más transparente del aire.


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