El jazz: un género en peligro de extinción.

Paulina Santamarina


via: Diario de Huelva

“Si tienes que preguntar qué es el jazz,

nunca lo vas a saber.”

Louis Armstrong

Es cierto que cuando nos preguntamos, ¿qué es el jazz?, es casi imposible llegar a una respuesta concisa. El género en sí es complicado, abstracto y flexible. Pero, si le preguntas a alguien de nuestra generación (o cualquiera posterior) quizá ni siquiera sepa decirte algo más allá que “es un género musical”. Para la gran mayoría, este género se ha convertido en un simple eco del pasado, y nada más. Hay quienes lo consideran como una “música destinada a estar en el fondo”, hasta he llegado a escuchar que es “música de elevador”. No dejaré que el jazz caiga en estas caracterizaciones, pues fue un fenómeno que transformó a la historia, cambió por completo la forma de hacer música y, aunque no parezca, penetró en cientos de los géneros musicales que escuchamos ahora. Quizá ya no florece como lo hacía antes, pero sus raíces están vivas y laten en cada ritmo y melodía. Hace falta recordarlo y revivirlo, para evitar arrancarlas por completo sin si quiera saberlo.

Aunque el jazz como tal nació en el siglo XX, esta forma musical se remonta años atrás, cuando la esclavitud de los africanos se encontraba en auge al sur de los Estados Unidos. En África, la música formaba parte de casi todos los aspectos de la vida; la usaban en rituales religiosos, en eventos sociales y para expresarse cotidianamente. Como esclavos, arrancados de su tierra, obligados a trabajos duros, con jornadas extensas y sin la posibilidad de hablar en su propio idioma, éstos comenzaron a comunicarse y a expresar su dolor a través de tarareos y canciones que retomaban aspectos de la música de su hogar e incorporaban nuevos, creando así una mezcla entre la composición musical europea y el ritmo africano. La música se convirtió en una forma de supervivencia, en una forma de preservar su pasado y su cultura.


Con el paso de los años, el jazz comenzó a tomar forma. Se caracterizaba por tener una instrumentación, melodía, y armonía occidental junto con ritmos y fraseos del blues, de tradición africana. El género floreció en Nueva Orleáns, donde las comunidades afroamericanas tocaban generalmente en burdeles. El resto de los americanos consideraban al jazz como un género vulgar, y tenían miedo de que los “negros” contagiaran a los “blancos” su sensualidad y los instintos sexuales que percibían a partir de escuchar esa música.

Sin embargo, con la industrialización de 1920, se empezó a dar un lugar a la vida nocturna de la clase media trabajadora, surgiendo así, nuevos espacios para escuchar al jazz. Para esta época, ya había adquirido un ritmo que luego llamaron swing, el cual era muy animado e invitaba a las personas a bailar. Fue entonces que empezaron a aparecer algunas de las grandes figuras que hoy conocemos, como Sidney Bechet, Eddie Condon y Louis Armstrong, el músico más popular de este género.

Para los años 30’s y 40’s, se empezaron a conformar las big bands, donde habían más de 10 personas tocando y se cantaba con voces del blues. Fue aquí cuando dejó de ser exclusivo de los afroamericanos. Al jazz de esta época, que se le reconocía por ser animado y por abrir un espacio a la improvisación de los miembros de la banda, se le conoció como Bebop. Es en este momento en el que el jazz se convierte en un género donde cada instrumento es libre de tomar al público por sorpresa y se pueden tocar piezas que nacen en el instante y vienen del corazón. En esta época nacen personajes como Charlie Parker, Duke Ellington y Kenny Clark.

En los 50’s, surge el Cool jazz, con un ritmo mucho más lento que creaba una atmósfera profunda y sensual. Miles Davis y Lee Konitz son grandes representantes de éste. Después, con la llegada del primer teclado, surge el Funky jazz, que como indica el nombre, es mucho más travieso y alegre. Grandes tecladistas como Ray Charles y brother jack McDuff surgieron a partir de esta variante del género. En los 60’s y 70’s, junto con el Rock & Roll, el jazz empezó a practicar la libre exploración, al punto en que se insertaron instrumentos como el bajo y las guitarras eléctricas. En esta época se le llamó Free jazz, y nacen artistas como Cecil Taylor, Stanley Clark y Frank Zappa.

En los 80’s, surge el jazz neo – tradicional, donde se empieza a fusionar con géneros del momento. Empezó a adoptar otros estilos, creando así una barrera mucho más amplia entre el jazz tradicional y sus nuevas expresiones. Aquí es cuando nace el Acid jazz (se mezcla con el Funk) y el New Age jazz (se vuelve más acústico). En los 90’s se vive una revolución del jazz, donde el género tradicional vuelve a la vida y se expanden las big bands en Nueva York, el cual es actualmente el foco cultural de esta forma de música. Algunos íconos de esta revolución son Elliot Sharp, John Zorn y Hank Roberts.

El jazz, desde sus inicios, fue una mezcla entre culturas, una adaptación flexible que permitió la libre expresión de aquellos que no tenían ningún otro tipo de libertades. El jazz no nació a partir de una serie de esquemas y de reglas que lo encierran, que lo definen. El jazz es genuino e improvisado. Crece y se transforma. Por eso, es tan difícil describirlo y a veces de encontrarlo. Pero, justamente, eso es lo que lo hace único entre el resto de las expresiones musicales. Las personas no aprenden a tocar jazz, más bien, el jazz aprende de nosotros.

¡No podemos dejar que se extinga! Por eso, yo propongo lo siguiente:

Tenemos que dar a luz a una nueva forma de jazz; al de nuestro tiempo.

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