El Estado contra el territorio



Una definición comúnmente aceptada del Estado es: el conjunto de instituciones a través de las cuales se ejerce el monopolio de la violencia aplicada a una población dentro de los límites de un territorio establecido.


Es decir que el “Estado”, entendido como un ente omnipotente, es el único que puede destruir legítimamente. Parecería que esta definición es exclusiva a la destrucción de los humanos, tal vez la flora y la fauna. Pero se excluye al “territorio” como algo ajeno, diferenciado de la “población”.


De esto nace una reflexión:


Históricamente, se han destruido poblaciones enteras en la incorporación de nuevos territorios al Estado. Hoy, con la ausencia de pueblos autóctonos que aniquilar y espacios nuevos que adquirir, el Estado voltea a ver con su mirada destructiva al territorio. Con esto me refiero a la destrucción del medio ambiente. Las mencionadas poblaciones, sobrevivientes, como siempre están en la primera línea de defensa.


En Araucanía, Chile, los mapuches intensifican su lucha en contra del Estado y las corporaciones madereras, que muchas veces lleva a violencia y represión.


En Canadá, B.C, el Fairy-Creek Blockade igual en contra de la deforestación, es un acto de desobediencia civil masiva como pocas en la historia del país; con más de de 920 protestantes arrestados, los Pacheedaht lidera esta lucha.


Entre muchos otros casos, México carga sus calacas.


Solo en el 2020, veinte activistas ambientales fueron asesinados en México. La mitad de ellos eran indígenas.


La pregunta es entonces qué hacer con esta información, nosotros que vivimos alejados de esos horrores y no poseemos ningún poder real para salvar al mundo (un granito de arena no va a detener al Estado o la corporación y por ende remediar la crisis ambiental).


Nadie puede aventurar una respuesta sin caer bajo alguna inclinación ideológica, política, discursiva etc. etc. Todas esas cosas que tan polarizado al mundo tienen.


En un esfuerzo por evitar ese hoyo aventuro simplemente la duda. Hay que dudar y preguntarnos ¿qué tanto quiero replicar el sistema de adquisición/destrucción de territorios? Es decir, ¿cuál quiero que sea la definición de Estado? ¿Cuánto voy a vivir de la forma que se espera? ¿Vivir para trabajar y para destruir?


La desobediencia, aunque no sea real aún, empieza por una duda.



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