El dolor se acrecienta sutilmente

Actualizado: jun 5

Patricio Maldonado

Texto De Francisco Tijerina





Este texto originalmente apareció en C de Cultura.


El dolor se acrecienta sutilmente. Comenzó como una ligera pigmentación roja en mis genitales que ha ido mutando hasta convertirse en un dolor agobiante en el coxis. Salas de espera. Consultorios con olor a incertidumbre, miedo y dolor. Estetoscopio tras estetoscopio. Explicaciones interminablemente cíclicas sobre síntomas que ni yo mismo termino de entender. Daniel, mi doctor, me explica que se trata de un caso de Síndrome de Dolor Pélvico Crónico (CPPS por sus siglas en inglés). Aunado al dolor, la parte trasera de mi cuerpo se enfrenta a un cosquilleo constante. Ahí reside mi vacío: el centro de mi espiral está marcado por mi falta de control.



lo invisible se vuelve visible al enunciarse

Hay días en los que me gustaría creer que nací en una cumbre de genialidad, que entre las yemas de mis dedos se encuentran vestigios prodigiosos. Pero no. No soy más que un hombre que después de años de abusos ha logrado sobrevivir en un mundo adverso. De vez en cuando, entre sueños de media tarde, mi subconsciente se hace presente por medio de pequeñas revelaciones. A veces aparece un inodoro lleno de flores y alguien que orina sobre ellas. Otras veces un hombre sentado sobre mí y en cuyo rostro se hayan restos de betún blanco de un pastel aviejado. Las considero mis fantasías más profundas, una forma de liberarme.

las flores son la representación más clara de la sexualidad

Alguna vez escribí sobre dos granjeros que se amaban, o al menos intenté hacerlo. No podrían demostrarse afecto. Al final, uno se suicida dejando sólo el rastro de mariposas que flotan sobre el campo que une sus granjas. En mi historia, la postura en la que se sentaban conectaba secretamente sus cuerpos. Al más leve roce, la sangre recorría sus venas como ríos de sangre en los que se ahogaban sólo para florecer después.



en mi cuerpo se manifiesta la apabullante naturaleza del ser

Con pequeñas erecciones, mi cuerpo se comunica conmigo. Entender mi cuerpo es ganar control, tocar los bordes del vértice vacío y oscuro en el que me encuentro sumergido. Tal vez seguiré sintiendo dolor y placer como una mezcla indivisible e ineludible de por vida, o quizá desaparezca algún día. Navego la incertidumbre dejándome llevar por el ritmo intransigente de las olas de mi mar. Observo mi enojo y mi tristeza a través de mi dolor. Mi cuerpo me reclama, me marca levemente el camino. El placer me debilita. Entre el cansancio y la incomodidad dibujo campos abiertos que conectan mis polos.



escucho las señales de los cuerpos que ya no son mi cuerpo

Escucho a mis compañeros hablar sobre sexo anal. De sus bocas salen mitos enteros que marcan mi piel. Los falos mutan en palos de escoba que se entierran violentamente. En mi cuerpo se manifiesta el dolor compartido. Mi ano es todos los anos que existen. Mi cuerpo no reconoce los límites entre el placer y el dolor. Ejercitarme se vuelve una odisea. Las flexiones abdominales producen un cosquilleo que se acumula en la punta de mi pene y lo hacen eyacular.



el dolor antecede al tacto

Antes de mi primera relación sexual consensuada, el dolor ya se había alojado en mi pelvis. El dolor es una fuerza de atracción abyecta; un búmeran que oscila entre el deseo y el miedo. Mi mente enfoca la noche en que traté de darle sexo oral. Mi cuerpo responde adversamente a las formas comunes de placer. Simplemente lo masturbé. En su rostro se dibujaban muecas de gozo; en el mío sólo confusión.

encuentro el placer escondido entre ramas y lo veo desaparecer

La sensación de choque es difícil de conceptualizar. El espacio terapéutico es una sala en blanco que me cuesta trabajo llenar. Las tareas más sencillas no lo son más. ¿Qué me genera placer? ¿Comer nieve? ¿Masturbarme? Los caminos se entremezclan en mi cerebro. Mis sentidos se amalgaman como las palabras compuestas. Un par de letras más cambian mi tacto, mi olfato, mi oído, mi gusto y mi habla. disgusto al gusto.



en mi mente habitan ecos

Los granjeros vuelven galopando a los rincones de mi recuerdo. Trato de sacarlos de ahí. Los plasmo con sombreros vaqueros sobre papel fotográfico y pantallas digitales. Exacerbo sus musculaturas y vuelvo evidente la tensión. Dificulto nuestra conexión. En sus retratos me escondo y me revelo. Me vuelvo ambivalente, me proceso y me pierdo.



nunca terminar por acostumbrarse

Los mitos tienen el poder de construir nuestras concepciones del mundo. Nos aterran los vacíos. Nos buscamos. Llenar lo visible antes de lo invisible. Traté de entenderme a través de mis conexiones externas y fallé. Mi cuerpo se comunicaba conmigo. Pausé. Nunca terminaré de acostumbrarme a la sensación de la penetración. El ano que se vuelve entrada. El dolor que se vuelve placer.



en el placer y en el dolor se ubica el control

Puedo explicar lo que es el dolor: lo ubico, lo siento, lo observo. El placer se escapa entre mis dedos: lo sueño, lo creo, lo invento. Lo que dicen que es, no. En mi mente se aglomeran inmensas hileras que clasifican lo que soy y lo que hago, lo que me gusta y lo que no. Se dice que en el deber está el ser. No me encuentro, me busco.



mi placer está en el infinito vórtice del vacío

Si pudiera concebir una imagen de cómo se manifiesta en mí el placer, no podría sino dibujar en el aire la pérdida del control. Cederme, voluntariamente, a alguien más. Verme sobre edredones de flores tejidas, en camas vacías o en sábanas transparentes que no están ahí.



soy un cuerpo desnudo que se viste a diario

Hay días que encuentro en los otros una veta de propósito para mí. Me deposito ahí. Espero que sus palabras forjen un sentido para mi dolor y mi existir. Somos una red infinita; una telaraña tejida y destejida.

vivir con el dolor, no a pesar de él

El dolor se difumina en los anales del tiempo. Quedan partículas en el aire de lo que fue y ya no. En la consciencia de quien vive se construyen a diario capas de piel que recubren el ayer.



en el placer se ubica el segundo exacto de la muerte

Masturbarme, a la larga, me produce más dolor que placer: lo enfrento. En la aflicción se esconden palabras nunca aprendidas y roces que habré de sentir.



busco el sentido en el sinsentido

Nunca domaré el dolor. Hago las paces con él como si viviéramos en un campo abierto habitado por mariposas.



me fundo con la imagen que habré de ser

En sus alas el pasado viaja al sur de mi memoria. El campo es sólo una parte de lo que soy.

Idea original y fotografías: Patricio Maldonado

Semblanza del artista: Nacido en la ciudad de Monterrey, Nuevo León (1995), donde actualmente reside y trabaja. Ha realizado estudios en producción cinematográfica y fotografía. Se desenvuelve en proyectos audiovisuales apegados a la fotografía de autor y dirección de arte. Ha trabajado en diversos cortometrajes, desenvolviéndose en las áreas de fotografía, dirección de arte y guión. En su trabajo explora la identidad del sujeto, el género y las relaciones interpersonales.

Texto: Francisco Tijerina

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