El centro del mundo

Actualizado: abr 2

Fernando Székely-Aburto


via: Vanguardia

México es un país profundo y tan solo la idea que inspira es suficiente para trastornar mentalmente cualquiera de sus ciudadanos (véanse todos los políticos de este país), pero puede trastornar aún peor a cualquier extranjero que no sepa qué esperar cuando llegue a la divina Terminal 2 del aeropuerto. 


Y no hay mejor muestra de esto que la literatura internacional que se ha hecho sobre el país.  


El Under the Volcano (1947) de Malcom Lowry, por ejemplo, trata sobre el poder seductor y oscuro, casi fantasmal, de estas las tierras de López Obrador y del huachicoleo. 


Tristessa (1960), de Jack Kerouac, habla de los suburbios mexicanos (¡Cuántos policías y agentes del gobierno ahí viendo cómo podían ayudar!) olvidados a la Fe de algún Dios en lugares en los que no entraba una patrulla si no entraban tres.


A Roberto Bolaño le deben de haber parecido igual de bonitos los burdeles y los moteles del D.F que la idea de Macondo a Gabriel García Márquez, porque escribió Los detectives salvajes (1998)  acerca del submundo mexicano de los setenta (lleno de drogas y literatura) y el libro es una cosa épica. 


Es interesante que un gringo, un chileno y un Inglés hayan visto el país de Itzcóatl, Chimalpopoca y Moctezuma (de Belinda y Danna Paola y Bárbara de Regil) y que hayan tomado todos el rumbo de describir solo la famosa y engañosa mala vida mexicana.  


¿Qué esperar cuando del otro lado de la frontera es muy fácil ser de Evansville, Tennessee, y decir que conoces México porque fuiste un fin de semana a Cancún? 


Espero con ansias las novelas internacionales dentro de cincuenta años que cuenten cómo aquí todos estábamos trabajando para ponerle una pirámide más grande al Primer Tlatoani de Los Estados Unidos Mexicanos, un tipo que era héroe nacional y que había nacido en Macuspana, Tabasco, en este país.



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