El Capitalismo no existe, parte 5: Resumiendo…

Arcadio Falcón



Quino


Último artículo de la serie.


Se avecina un cambio de paradigma, una decisión. Ahora mismo vamos cuesta abajo y cogiendo velocidad hacia un destino incierto. En los próximos años todos tendremos que elegir el rumbo de la raza.


Hay dos narrativas que compiten por el futuro; la del nacionalismo y la del internacionalismo. La guerra cultural se reduce a eso.


La del nacionalismo, la derecha, dice ser capitalista, defensora de los derechos individuales y la libertad, del libre mercado y un Estado reducido.


La del internacionalismo, la izquierda, dice ser capitalista, defensora de los derechos individuales y la libertad, del libre mercado y un Estado un poquito más grande.


Pero si algo ha dejado claro el último año pandémico, y espero que nos estemos dando cuenta de verdad, es que esto sólo son etiquetas.


Los grandes países, independientemente del bando que gobierna, han tomado y toman las mismas medidas ante el virus: Rescate de las corporaciones grandes y amigas, restricciones arbitrarias que generan ruina y no contienen la enfermedad, endeudarse MUCHÍSIMO, aprovechar el caos político para expandir los poderes del Ejecutivo…


La mayoría son culpables; todos son cómplices.


Los de izquierda y derecha, los políticos -los operarios del sistema-, se encargan de montar el show; un intercambio pactado de triviales mandobles en el ring de Twitter que, aunque vistoso, es una distracción.


A la hora de la verdad, cuando hay una auténtica crisis, ambos se echan a un lado y dejan que el “capitalismo” haga su trabajo.


Y el “capitalismo” hace lo único que sabe hacer: imprime dinero, finge regalarlo y manipula la respuesta mediática para que no se vea la acción de la “Mano Invisible” de Adam Smith.


Mientras, el petrodólar sigue ahí, perpetuando el control gringo sobre el Golfo e inalterable de momento ante el nuevo petroyuan chino. Bombas caen, como rayos de sol desértico, sobre países como Yemen, atrapados en el fuego cruzado y mostrando una vez más la inutilidad de los supuestos organismos de control (ONU).


Los fondos de Wall Street del primer artículo viven récords históricos en la bolsa en el año en el que mucha gente ha conocido el hambre.


En 14 meses, Estados Unidos ha impreso una cantidad de dinero que equivale a más del 20% de todos los dólares que existen… y no hay, ni de cerca, la inflación que debería haber como resultado. Eso no entra en el análisis de ningún economista porque no hay precedentes; la historia no recoge una situación parecida y por eso no lo comentan en televisión.


Como vimos en el segundo artículo de esta serie, todo esto es posible porque es dinero ficticio -papel y números- y por tanto uno puede endeudarse muy por encima de sus posibilidades. Pero esto no es infinito.


En algún momento, en un día cualquiera, la máquina se va a parar porque el Banco Central no va a aceptar más deuda sin antes cobrar la existente.


En un sistema realmente capitalista ninguna institución tendría tanto poder, pues es precisamente esa la idea básica de esta teoría económica; permitirle a todo el mundo participar del mercado y beneficiarse y así descentralizar la sociedad.


ESA era la idea original, antes de que se distorsionara por la arrogancia insondable de los humanos.


Yo no tengo duda de que hay dos bandos luchando en estos momentos; a gran escala. Ambos buscan posicionarse antes de que el Banco diga STOP. No es una guerra de misiles ni desembarcos, sino cultural y de información. Es una guerra donde las victorias se miden por el número de personas que abrazan una idea, no por el número de muertos.


Y no es una cosa de derecha vs izquierda, conservadores vs liberales, capitalismo vs socialismo.


Es el conflicto más viejo de todos y a mí, como fan de las canciones, los mitos y las historias, me llama mucho la atención: La guerra entre el Bien y el Mal.


Y se acerca un clímax.



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