De la selva al desierto: la retirada americana de Afganistán

Nicolás Castillo J. Trainor





Resulta difícil, para nuestra generación, imaginar un mundo donde Estados Unidos no ocupe militarmente Afganistán.

Después de todo, la cultura popular (estadounidense) a la que el mundo del entretenimiento está sujeto ha logrado incorporar la Guerra en Afganistán como un fondo latente, incómodo pero absolutamente necesario en el imaginario colectivo. Basta notar cómo en el universo cinematográfico de Marvel Studios la Guerra en Afganistán se mantiene como un proceso continuo.


Es interesante pensar brevemente cuántos héroes de acción del cine y la televisión han estado, en algún momento u otro, involucrados en el conflicto en Afganistán. Parecería que en este sentido, llamemoslo cultural, Afghanistan cumplió su propósito: sembrar en el imaginario del pueblo la ilusión de necesidad de guerra en Afganistán. Es decir, durante dos décadas, el pueblo noretamericano identificó al otro antagonista que difiere y le da identidad a su yo en un desierto periférico de su Imperio, donde se libra la lucha por la libertad.


Esta lucha, como es de esperar, ha tenido muchas caras en la historia de Estados Unidos; por muchos años fueron junglas: bananeras latinoamericanas, tropicales filipinas y vietnamitas entre otras.


Hoy, como en 1975 (retirada de Vietnam), Estados Unidos retira sus tropas de Afganistán en respuesta a una promesa demócrata vigente desde el 2008. A principios de julio del 2021, el ejército norteamericano se retira de su base más grande en Afganistán (Bagram en las afueras de Kabul) y hereda sus posiciones estratégicas en las provincias del país al ejército afghano, entrenado y armado por ellos.


Biden prometió la retirada entera para el 11 de septiembre de este año, aludiendo a la tragedia que incrementó la agresión estadounidense a Medio Oriente en el 2001.


Sin embargo, en el presente, a dos meses de la retirada, el Talibán, el enemigo, ha tomado el control de, burdamente, un tercio de los 421 distritos en las provincias del país. Casi tan rápido como se les abandona tanto por los americanos como por el ejército afghano.


¿Todo para qué? ¿Qué lograron los miles de americanos muertos, lisiados y traumatizados? ¿Qué fin tuvieron los cientos de miles de civiles y militares afganos que perdieron su vida, su casa, su familia, su paz? Preguntas absurdas que nadie se atreve a contestar.


La verdadera cuestión es ¿quién sigue? La Guerra en Afganistán es más antigua que la mayoría de los tik tokers. Durante su existencia como nación soberana e independiente, Estados Unidos ha estado involucrado militarmente con algún país extranjero.


¿Quién va ahora? ¿Cuál va a ser el siguiente Vietnam o Afganistán? ¿Quién será el nuevo anfitrión del teatro de la economía de guerra y extracción estadounidense? ¿En qué ecosistema se formará el siguiente Ironman?


Supongo que las crudas lecciones de la historia no nos dejarán con la duda mucho tiempo.






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