De cazadores a leones. Las otras historias

Matteo Arias



«Mientras los leones no tengan sus propios historiadores, las leyendas de caza siempre glorificarán al cazador»

Mary Beard. (1)


Una de las cuestiones que más me fascinan al momento de escribir historia estriba en la capacidad que tengo de ver otras caras, de mirar con otra perspectiva los acontecimientos históricos. Normalmente, cuando nos relatan el pasado, tendemos a escuchar historias sobre los hombres grandes, los héroes y sus hazañas inolvidables… y está bien eso, pero no lo es todo. Una vez, cuando leía sobre la historiografía medieval, vi algo que decía algo como: la historia debe tratar únicamente de aquellos personajes que hayan dejado un legado importante y que proporcionen un ejemplo moral para los otros; lo demás es inservible, una mera pérdida de tiempo.


Esto capturó particularmente mi atención puesto que nunca me había detenido a pensar seriamente en por qué escribir sobre colectivos sociales… personajes «anónimos»… relatos perdidos. ¿Por qué no sólo seguir escribiendo sobre las grandes personalidades? Y es aquí cuando regreso al inicio de este texto: ¿acaso no es fascinante poder ver algo desde distintas facetas?


El arte de escribir (historia) contiene una poderosa carga ética debido a que pasa por decidir quién tiene participación en el pasado. Esto es, en mi pluma tengo el poder de dar voz a quien yo quiera; una voz que puedo tergiversar para mis intereses e incluso suprimir si yo así lo deseo. Por eso, el historiador, en pocas palabras, tiene una responsabilidad gigantesca al momento de dar sentidos. Quisiera dar un par de ejemplos:


1. Durante la Guerra de Secesión a mediados del siglo XIX, las mujeres fueron un colectivo social crucial dentro de la sociedad estadounidense porque, mientras los hombres norteamericanos derramaban su sangre a base de cañonazos y balazos, fueron ellas las que mantuvieron a flote la economía ocupando los puestos que habían quedado vacantes, laborando arduamente en los hospitales, criando a los futuros hijos de la nación… Pensarlas como muñecas bien portadas que se quedaban en casa sería un tremendo error. No hablamos de incidentales, sino de actrices sociales en un escenario fratricida. Si al lector le interesa profundizar en esto, recomiendo ampliamente darle una ojeada a la potente crítica social contenida en Mujercitas de Louisa May Alcott.


2. Continuando con el país de las barras y las estrellas, en su momento leí un artículo muy llamativo que se titulaba «‘Another White Race’: Mexican Americans and the Paradox of Whiteness in Jury Selection». De forma resumida, podemos leer cómo los mexicanos en EUA eran pensados jurídicamente como una «raza blanca» porque, a principios del siglo XX, toda aquella persona que no era negra, tenía que ser blanca… así de simple. Pero no hay que pensar que, ya por esto, los mexicanos se salvaban de la sistemática segregación norteamericana; todo lo contrario, incluso siendo «blancos», se les denegaba una participación equitativa en la política, en la selección de jurados de los juicios… y para esto se recurrían a distintas trampas y trucos para no violar la inmaculada Constitución. Relato todo esto para apuntar que, de este grupo que pudiera parecer insignificante, los mexicanos en Norteamérica, podemos encontrar una mirada complementaria de la historia de Estados Unidos: ¿una muestra más de las profundas raíces del racismo entre los blancos gringos?


En suma, estamos observando de otra forma la historia… un pequeño giro


Esta es una pequeña invitación a mirar con otros ojos eso que se nos enseña y cuenta. Claro que es posible desfundamentar la propia forma de pensar. No debemos quedarnos exclusivamente en el bando de los cazadores (no está mal, pero, hay que ver the big picture)… descentralizar. Y esto no aplica únicamente en la historia, ¿eh?


¿Por qué no hablar de los esclavos, las mujeres, los niños, los obreros, los vencidos, los bárbaros y todos aquellos cuyas voces han sido sepultadas? Por supuesto que esto plantea muchos retos de orden metodológico y epistemológico: ¿de dónde sacar fuentes que nos comuniquen algo sobre estos grupos? (2) «Aunque solo sea eso, la idea del «historiador de leones» me incita a darle la vuelta al lenguaje habitual de la descripción histórica». (3)


Habrá quien señale que la historia debería ser objetiva, imparcial, y, por ende, no posicionarse al momento de relatar. No sólo eso es imposible, sino que «la objetividad suele ser un eufemismo para la historia de los vencedores, o la historia de los cazadores» (4). A su vez, me encanta la metáfora de los cazadores y los leones: aquí no se trata de poder: ¡es cambiar la perspectiva! Es hora de que los leones tengan a sus historiadores.


Este tema da para tanto que muy probablemente lo continúe en un futuro…



(1) Michael Levanthal, et. al. El peso de la historia. Trad. por Rosa María Salleras (Barcelona: Crítica, 2012), 25.


(2) Cfr. Carlo Ginzburg, El Queso y los Gusanos.


(3) Michael Levanthal, et. al., op. cit., 25.


(4) Idem.




26 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo