Con el Covid como excusa: Políticos y artistas

Arcadio Falcón





Se agarran al virus como cantante mediocre al AutoTune. El último año ha sido particularmente importante para 2 colectivos: el de los políticos y el de los artistas internacionales.


En el año de la soledad, la mascarilla y las calles muertas, tanto nuestros dirigentes como las “celebs” han visto consolidarse su modelo de negocio. Los artistas grandes han seguido su camino, ajenos a las dificultades que les han surgido a las bandas emergentes y han traspasado toda su operación al mundo online, con festivales en 3D, conciertos reducidos (pueden permitírselo) y una constante producción de contenido audiovisual inalcanzable sin plata.


Los políticos han visto cumplir su fantasía más húmeda: les hemos dado poderes extraordinarios, de guerra prácticamente. Con ellos, han lanzado su cruzada global para limitar las libertades de la población, dividida y enfrentada por la pandemia.


Está de moda decir: “Es que esto sólo pasa en mi país”. Esta es una reacción humana muy común basada en el ego y la necesidad de creerse más de lo que uno es, pero un breve estudio de la prensa internacional muestra lo absurdo de este enunciado; estamos todos igual.


También está de moda la frase: “La pandemia ha destruido la economía”. Error.

Los políticos, a los que se les han concedido poderes extraordinarios para que solucionen y se anticipen a los problemas, han destruido la economía. Ell@s sol@s.


Ahora el problema va a ser, como con el AutoTune, que los devuelvan. Sería la primera vez que la clase dominante “devuelve” poder al pueblo sin necesidad de violencia; una anomalía histórica enorme que a Robespierre, Washington o Bolívar les habría venido muy bien.


El otro día un alumno me enseñó una nueva forma de audio: 8D. Con unos cascos malos de smartphone pude escuchar la música en 360º; la batería detrás, las guitarras a mi lado y la voz en mi cara. Inevitablemente, pensé en la brecha…


Esa brecha, la social, que no ha hecho más que crecer desde Marzo del año pasado. Crece en lo económico y crece en la música. ¿Cómo puede un artista pequeño competir con tanta pirotecnia digital? La magia cuesta dinero y, aunque es cierto que la tecnología ha abaratado el coste de las cosas, también ha centralizado todo más y es muy difícil entrar… salvo que estés ya dentro.


¿Cuándo fue la última vez que una disquera internacional apostó por un sonido diferente?


Esa brecha cada vez es mayor, - bendita pandemia- pensarán en Sony. Entre los servicios de streaming, expuestos y cuestionados en los últimos días por lo exiguo de sus pagos; los algoritmos al servicio del mejor postor y la desaparición de las pequeñas salas o bares de conciertos, la brecha sólo crece.


En situación similar se ve gran parte de la sociedad, con el negocio cerrado, las facturas amontonándose y la esperanza menguando. Los mandatarios miran hacia otro lado mientras se suben el sueldo y endeudan a su país; pan hoy, hambre mañana.


Y todo esto me lleva de vuelta al AutoTune. Estoy seguro de que Andy Hildebrand, el creador, tenía otra cosa en mente. Algo más bonito y enriquecedor; algo para embellecer la música, no ser la música.


También estoy seguro de que, tanto AMLO como Pedro Sánchez (presidente de España), tenían buenas intenciones cuando estaban en la universidad, seguro. Pero en algún momento del ascenso al poder, algo se rompe.


Aunque, tampoco es culpa suya. Todos ellos, chivos expiatorios, sólo son el reflejo de una sociedad más pendiente del efecto y el videoclip que de la canción.



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