Cadena perpetua vs. pena de muerte

Arcadio Falcón






Hace unas semanas que España está conmocionada por el caso de un padre que secuestró a sus dos hijas. En el momento de escribir estas líneas, y tras más de un mes de búsqueda, acaba de aparecer muerta la mayor de las hermanas.


Siempre que pasa algo así se reproduce el mismo debate en mi cabeza: ¿Qué se hace con el asesino, en este caso el padre?


Siguiendo la tradición del New York Times de suavizar (algunos) asesinatos, en la prensa ya suena eso de: “Bueno, es que no estaba bien de la cabeza”.


Lógicamente; no hace falta cobrar por horas para hacer ese análisis. El problema es que ese punto de vista consigue, quizá sin querer, suavizar la percepción que se tiene del asesino. Provoca que la sociedad empatice con él cuando eso debería ser, única y exclusivamente, labor del cura que le da la extremaunción (si la quiere).


Una persona que toma esa vía —la de un crimen de una maldad extraordinaria— ha roto el contrato social que nos cobija a todos. No digo que tenga que ser tratado como un criminal de guerra… pero casi.


La ley debe ponerle un freno a tipos así, y lo único que funciona de forma demostrada es lo que los teóricos de la guerra (grande Clausewitz) llaman “deterrent” (elemento disuasorio). Habiendo llegado a este punto, mi cabeza examina entonces las dos opciones reales que tenemos:


Cadena perpetua o Pena de muerte.


Entiendo que si yo fuera esa madre, cualquier medida que no fuera cortarle la cabeza al asesino ese sería una broma… y aún así no sería suficiente.


Entiendo también a la sociedad, que opina que el Estado no debe equipararse con los asesinos bajando a su nivel, y ejecutar a una persona es hacer justo eso.


Por entender, lo entiendo todo. Pero intentemos salir del mundo de la golosina y las utopías para pensar como alguien que dirige cosas importantes.


La pena de muerte supone un gran problema moral que ya hemos mencionado, pero la cadena perpetua presenta otro: uno económico-filosófico.


¿Es justo que la madre de las niñas, a través de sus impuestos, le pague sus años en la cárcel al asesino? ¿Sería justo que el padre de un niño abusado por un profesor/cura/entrenador pague la “reinserción social” del violador de su pequeño? ¿Hay mayor humillación que esa?


Eso en el ámbito filosófico, ahora el económico. ¿Cuánto cuestan 45 años de comida para ese ser? ¿Cuánto cuesta el cambio de sábanas? ¿El agua? ¿La luz de su celda? Aunque fueran 10 euros al día sumando todo, un asesino/violador/criminal que entre en la cárcel con 30 años y muera con 85 costaría 164.250 EUR (Lo escribo porque impacta más: CIENTO SESENTA Y CUATRO MIL DOSCIENTOS CINCUENTA EUROS).


Párate un momento a pensar. ¿Estás dispuesto a pagarlo tú? Porque si la respuesta es no pero a la vez sostienes que la ejecución es inhumana, lo que estás haciendo es anteponer la integridad de tu conciencia a todo. Lo que quieres es tenerla limpia, independientemente del coste para los demás (ya sea en sangre o en euros), y eso es cobarde.


Yo no tengo la respuesta, esta es una columna de reflexión que comparto con vosotros a ver qué pensáis, pero cuando leo titulares como:


“17 niños encontrados en el maletero de un camión”; “Padre asesina a su familia por celos”; “150 muertos en Yemen en un bombardeo preventivo”...


Cuando leo eso, y aún sabiendo que me destruiría el alma, quisiera ser Maximilian Robespierre.



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