C. Tangana: Madrileño por el mundo

Arcadio Falcón



El País



La música, como el mundo que armoniza, va cambiando. Lejos, muy lejos queda ya el claqué de Fred Astaire y las mini orquestas de Duke Ellington. Antonio Carlos Jobim es un ser mitológico que vive más allá del amanecer (como los Inmortales de Borges) y el sentimiento del blues se ha sustituido por el rápido estribillo.


Los puristas se llevan las manos a la cabeza, escandalizados por el último hit de la maquinaria comercial. Claman al cielo y proclaman la muerte del rock and roll, de las letras profundas y de todo lo que creen que les gusta. Pero hay una irónica paradoja: todo ha cambiado… para que todo siga igual.


La música como la conocemos en Gaia se divide, a grandes rasgos, en melodía (la línea principal que hace la voz o el instrumento solista), la armonía (también llamada acordes, su función es rellenar el espacio detrás de la melodía) y el ritmo (el latido de la canción; el pulso).


Usaremos el último disco de un madrileño que ya es internacional, C. Tangana, para ver cómo estos 3 elementos se mantienen intactos. Se han simplificado mucho, sí, pero todo sigue en su sitio.


En “Demasiadas mujeres” uno de los hits del disco, observamos una fusión entre la armonía y el ritmo. Tras una intro de trompeta y caja - procesión o marcha - escuchamos la primera estrofa, en la que un sintetizador nos da la armonía y el ritmo.


Con una progresión de cuatro acordes que se repiten (principio básico de la música popular, donde menos es más), el instrumento electrónico marca el pulso como un metrónomo mientras nos da el colchón de notas para que se apoye la melodía.


Esta primera estrofa del hit, minimalista y desnuda, no es diferente a lo que hace Elton John cuando interpreta “Crocodile Rock” sólo sobre un escenario: un instrumento realiza dos funciones y simplifica la canción, dejando también un espacio en el futuro para que entren nuevos sonidos, haya contrastes y se mantenga el interés del fan.


Ese nuevo sonido, la batería, aparece en la segunda estrofa en un recurso que es trending-topic entre los compositores mainstream. Observamos la misma idea en “Tú me dejaste de querer”, con la diferencia de que en esa introducción escuchamos un ritmo (palmas) y una melodía, la del estribillo.


Esta canción es un buen ejemplo de uno de los grandes cambios que sí ha sufrido la música: se ha simplificado la labor del ritmo. ¿Por qué?


Varios motivos:

  1. Cuanto más repetitivo el ritmo, más engancha.

  2. El uso de baterías electrónicas elimina el toque personal que le da un humano a cada golpe.

Esto hace que las canciones sean más homogéneas, planas, y es el motivo principal que lleva a los críticos old school a decir lo de: “Es que en la radio todo suena igual.”


En el ritmo y la armonía vemos una simplificación desde los inicios de la era MTV hasta hoy; lejos queda la era en que una canción compleja como “Something” de George Harrison llegaba al número 4 de las listas.


Donde vemos una expansión creativa es en las melodías. Hechas para clavarse en el cerebro del oyente, están claramente definidas y es fácil sentir el estribillo aunque sea la primera vez que se escucha una canción.


“Comerte entera” es un fantástico ejemplo. Escuchamos una canción que, de nuevo, se basa en un ritmo de bossa nova, repetitivo y constante, y una progresión estándar del género hecha por guitarra.


Pero las melodías… ¡ay las melodías! Las melodías son la música, lo que canturreas en la ducha y en el coche de camino a la orgía.

Toda la canción es un ejercicio melódico alrededor de la estrofa/estribillo, que es la melodía principal.


Hay una variación (“Y en tu forma de atarte el pelo”) muy similar a la principal pero que nos lleva un poco más lejos antes de volver a casa. El final, con voz femenina y una guitarra que sugiere una melodía grave, es una vuelta de tuerca más a la misma idea.


El disco entero, titulado El Madrileño, es un ejercicio melódico brillante sin grandes sorpresas en lo rítmico y armónico (como es tendencia en 2021).

Si Bach viviera haría discos así, no tengo duda. Ha cambiado todo (baterías electrónicas, sintetizadores, repeticiones…) para que no cambie nada, y eso es muy bonito.


PD: Las letras son bastante lamentables pero eso lo dejamos para otra ocasión. Que lo disfruten.



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