Las canciones enormes de Bob Dylan

Actualizado: jun 25

Fernando Székely - Aburto IV


via: The New Yorker

Bob Dylan, en más de cincuenta años de carrera musical, no ha parado de reinventarse y re- introducirse al mundo. Destaca en su discografía una gran cantidad de canciones enormes, de canciones que, además de ser ambiciosas en su composición y su letra, en su momento fueron y siguen siendo trascendentales. 

Dylan nació en Duluth, Minnesota, en 1941. A los dieciocho años se mudó, sin más que su guitarra, al Grenwitch Village de Nueva York. Eventualmente firmó un contrato con Columbia y, en 1962, lanzó su primer álbum. Desde entonces no ha parado de hacer música y se mantiene activo hasta la fecha. Bob Dylan es un titán del Rock, de la contracultura y de la música contemporánea en general.

Estas son siete canciones gigantes, una por cada disco de su discografía temprana, que permiten recordar, al mismo tiempo, parte de su carrera musical:

1. House of the Risin’ Sun (Bob Dylan, 1961): El primer Dylan es melancólico y oscuro. Con un tono irónico se anuncia al mundo como un pesimista acústico. No se pierde, sin embargo, la energía juvenil que lo llevó a abandonar su vida anterior y lanzarse por una carrera musical. House of the Risin’ Sun, una interpretación folklórica en la que Dylan canta en tonos nasales toda la energía del oeste norteamericano que tenía filtrada en su sangre musical, marca como emblema ese primer disco. La mayoría de las canciones del álbum son interpretaciones o covers (destacan Man of Constant Sorrow y Your’e No Good) pero la triste Song to Woody muestra el genio creativo de Dylan. Se trata de una de las dos composiciones propias que publicó en el album.

2. A Hard Rain’s A-Gonna Fall (The Freewheelin’ Bob Dylan, 1963): El primer disco que lanzó Dylan significó un éxito comercial modesto, pero el segundo (que ya presentaba en su mayoría composiciones propias) lo volvió famoso alrededor del mundo. Con canciones como A Hard Rain’s A-Gonna Fall se estableció como un letrista importante. El nivel de abstracciones metafóricas al que llega ahí y en el resto del álbum es increíble. Oxford Town establece la rebeldía y las ideas que después lo harían, para sus seguidores, el representante de toda una generación: era políticamente activo y abogaba por los derechos de todas las razas y formas de vida. Hay por ahí una entrevista en la que Allen Ginsberg cuenta haber llorado la primera vez que escuchó The Freewhilin’ Bob Dylan. Para él, y el resto de la generación Beat, empezaba a significar el final: la batuta se la habían dado ya a Dylan y al resto de los jóvenes que creían en la manifestación y la paz.

3. The Times They are A-Changin’ (The Times They are A-Changin’, 1964): Ya durante la producción del tercer álbum de su discografía, Dylan empezó a viajar por el mundo y a recibir elogios y en las revistas o periódicos todos le llamaban “profeta” o “portavoz” o “representante”. Se suponía que cargaba con la juventud entera de los Estados Unidos de la posguerra y la Guerra Fría. Y, aunque no pretendió nunca este título y lo rechazó desde el principio, es difícil escuchar The Times they Are A-Changing sin pensar que estaba proponiendo, que estaba defendiendo algo. En Only A Pawn in their Game y The Lonesome Death of Hattie Carroll, denuncia al sistema político norteamericano y al trato que le daba a las minorías. Es un Dylan agudo y cínico, fresco y con mucho poder y que, eventualmente, tendría que cambiar de pieles para esquivar los llamados de “profeta” y “salvador”.

4. Ballad in Plain D (Another Side of Bob Dylan, 1964): Para escribir Another Side, Dylan se fue a Grecia y se puso a cavar en lugares en los que nunca había cavado. El resultado fue una lista de canciones mucho más personales y menos preocupadas por denunciar. Expresaba, en lugar de ideas políticas, nociones éticas y sociales. Ballad in Plain D es casi una ópera. Dura diez minutos y narra con la lírica filosa tan común de sus canciones, una historia de amor que después dijo haberse arrepentido de retratar. En el disco aparecen también Chimes of Freedom y To Ramona, dos canciones poderosas que el músico desarrolló con base en sus vivencias anteriores.

5. It’s Allright, Ma (I’m Only Bleeding) (Bringing it All Back Home, 1965): Ya en este punto de su carrera, Dylan tenía un tono humorístico que venía desarrollando desde su primer disco y al que no se le ha hecho suficiente justicia aquí. Pero, It’s Allright, Ma (I’m Only Bleeding) es sombría y cruda y muestra a un Dylan maduro, mucho más complejo y versátil, capaz de generar o replicar cualquier tono que se le antoje. Esta etapa de su carrera temprana es la más complicada y, al mismo tiempo, la más reveladora. En un año Dylan escribió Bringing it all Back Home,Highway 61 Revisited y Blonde on Blonde, todos discos con un sonido eléctrico que su audiencia al principio no apreció. Dylan tocaba las mejores canciones que había producido jamás y los auditorios lo abucheaban. En el álbum aparecen otras canciones gigantes como Mr. Tambourine Man, Gates of Eden e It’s all Over Now Baby Blue. Hay también piezas menos ambiciosas que no por eso carecen de calidad: Subterranean Homesick Blues, She Belongs to Me y Bob Dylan’s 115th Dream. Todas son indicadoras de una mirada al mundo que seguía siendo crítica pero que se había vuelto más complicada con el tiempo.

6. Like a Rolling Stone (Highway 61 Revisited, 1965): Like a Rolling Stone es una de las canciones más celebradas de Bob Dylan. Es el cantante en su momento más brillante, mostrando una astucia y una honestidad increíble. Sirvió también un poco de respuesta a los abucheos y las críticas a los que se enfrentó con su cambio de estilo. A Dylan, en Highway 61 Revisited, ya nada le importa porque nada le tiene que importar. En Ballad of a Thin Man vemos al Dylan más existencial de la parte temprana de su carrera y la sucesión y, composición de sus imágenes abstractas, es increíble. Desolation Row, otra de las canciones gigantes de su discografía, es igual de poética y profunda que las otras dos, y lo mismo pasa con Just Like Tom Thumb’s Blues y Queen Jane Approximately.

7. Visions of Johanna (Blonde on Blonde, 1966): La última parte del primer período musical de Bob Dylan es Blonde on Blonde. Si tuviera que escoger, yo diría que este es el mejor disco que produjo. Ya hasta el Rock y lo eléctrico, que un año antes habían significado tanta conmoción, son maduros y discretos. Y, como en Visions of Johanna, Dylan expresa en las letras más complejas de su obra sensaciones e intimidades veladas. Ya no necesariamente hay un Dylan cómico, otro existencial y otro activista: En Blonde on Blonde, Bob Dylan ya es uno y, aunque sigue siendo igual de versátil que antes, se adueña de un tono que encapsula a todos los demás.

La primer etapa de la carrera de Bob Dylan terminó con un accidente en motocicleta que sufrió el cantante en 1966. Estuvo recluido largo rato en su casa en Nueva York y, tras 18 meses, volvió con su siguiente álbum. Y, lo que sigue a eso, es una conversión al cristianismo, un Tour de 20 años y un premio Nobel. Nada más. Muy sencillo el Bob Dylan.


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