Beber invento. Reseña de ‘La bebida’, de Carmen Boullosa.

Diegardo Corgóngora


Cinco poemas conforman La bebida, de 2002: “Bebida” (una especie de tratamiento del estilo de Lope de Vega), “Hierva”, “Agua”, “Alma”, “Boca”, “El son del ángel de la ciudad”. Y aunque la mayoría de los títulos de estos sean sustantivos bien ubicados en nuestro día a día, la sorpresa es otra: se desubican y se transforman en lo que son y en lo que no son, se vacían para convertirse en algo tan ambiguo como seguramente corporal.

El agua, esa agua, quema.


Si el poema piensa a la poesía, leer La bebida sería, entonces, pensar el desmundo, el desmantelamiento de lo que algo, una cosa significa, y remantelarlo desde el erotismo, la carne que hiere y pide ser herida.


Quien bebe es quemado, con sed, con ganas de quitar “matando lo que cobarde teme la temerosa de mi nombre”.


La descripción quema quema y crea.


Cada poema de este volumen de Boullosa tiene la capacidad de hacer del mundo un lugar lleno de palabras que tienen la posibilidad de ser vaciadas, un lugar que se puede vaciar llenando. Las palabras son vacías, se ve el llenado, o el llenando, y lo que debería importar es “el paso de la hierba porque es la verdad a la que yo puedo sujetarme”.

¿Qué ocurría en el mundo sin que bebamos del “vaso del incrédulo”?


La bebida: todas la cosas y objetos que manejamos a veces se confunden con ser solamente cosas, a veces nos confunden y creemos que no son parte de nuestro cuerpo. Incluso llegamos a creer que nuestro cuerpo no es nos. si no que solo es parte de nos.; sin embargo, somos un cuerpo y un cuerpo de objetos. Que día a día está vendiendo su alma porque quema, arde, duele, apachurra tener una: mejor venderla al diablo. Que busca salvarse d(el) amor, siendo héroe heroína, o ser sirena(o) y entregarse despojada (Mariana Calafell Sentíes: yo quiero serte sireno y entregarme a ti despojada). Que habita un espacio y que busca la voz del espacio, porque hacemos hablar al espacio, y habla como un ángel que no oye lo que tiene que decirnos. Que busca convencer al discurso, porque sin el a veces es nada.


En La bebida el mundo se vacía, es “cocer con el hilo que olvida su forma”. Es una profecía en estado inmóvil: “Ella espera que regrese para ser cierta sin el dolor de una forma inestable”. Y en cada poema está, puede sentirse, el alivio que es que las palabras no puedan definir, sino ser camino; que puedan ser vaciadas y que su reinvención sea invento verdadero sin mentira; que en el dios que es Dos, en el espacio entre vientre y vientre hay más palabras que no se dicen ni dirán (Beber té, te bebo Mariana me be ves). Es, verdaderamente, un salir adentro a perseguir una imagen fija.

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