Abyecciones y libertades: sobre 'In Vitro'



Isabel Zapata, In Vitro. Almadía, 2021.



Isabel Zapata escribe en un post de Instagram donde comparte la portada de In vitro que se trata de un “librito oscuro y cargado de preguntas”. Preguntas sobre posibilidades, sobre incertidumbres, sobre fantasmas que entran y salen de nuestros corazones sin cuidado, sobre deseos que se hacen cuerpos y cuerpos que desean. Y sobre la vida, esa incómoda intrusa que se atraviesa entre nuestras preguntas, violenta y rápida.


Este libro corresponde al más reciente ejercicio de ensayo de parte de la autora. Anteriormente escribió Alberca Vacía (2019) y Una ballena es un país (2019) dentro del mismo género, así como un libro de poesía titulado Las noches son así (2018).


In vitro es un ensayo sobre el proceso de embarazo asistido que vivió la autora y que deviene en un ejercicio de desenvolvimiento de los embarazos, las maternidades, esas grandes olas de sensación y sentires que, una vez que se escoge, no queda más remedio que encarar, montar, vivir. Esta ola en particular se divide en seis apartados en los que habitan fragmentos de una experiencia que se enuncia en presente y atraviesa pasados y futuros: un tiempo cronoilógico, porque la vivencia no es una y lógica sino múltiple y desordenada. Y, como todo desorden, comienza con la vulnerabilidad, con, en palabras de Zapata, “romper con el pacto de silencio que mantiene en aislamiento los temas dolorosos relacionados con la maternidad” (14) y dejar salir, estruendosas y vivas, esas “cosas que no se dicen o que se dicen en voz baja, sólo a la gente más cercana, siempre con eufemismos” (49).


Leer In vitro es leer una herida que nunca cierra, una herida que comienza en el cuerpo y donde se cuelan abyecciones, egoísmos, duelos, ansiedades, miedos, confusiones, y un dolor “tan descomunal que habría que inventarle un nuevo nombre” (186), donde también nacen las dichas, anhelos, sentidos y sentires. El ensayo es una invitación a disolver las barreras entre el dolor y la felicidad, el duelo y la dicha, la pluralidad de sensaciones que atraviesan los cuerpos gestantes frente a esta gran y temerosa experiencia que es la maternidad y que les atraviesa todo el tiempo, elijan vivirla o no.


La prosa de Zapata nos acerca de manera transparente a explorar los “espacios reducidos” (169) de esta experiencia, espacios íntimos, honestos, incómodos, libres. En algún fragmento la escritora plantea una pregunta de Muriel Rukeyser: ¿qué pasaría si una mujer dijera la verdad sobre su vida? La respuesta que propone Zapata es lo que creo que In Vitro logra: abrir el mundo en dos. Abrir un cuerpo al mundo y explorarlo, exhibirlo por medio del lenguaje como el punto de conciliación que posibilita que esa experiencia exista, viva, nos habite. “A veces escribir se trata de observar una cosa convertirse en otra y confirmar que todo está unido a lo demás por medio de hilos invisibles” (127). Zapata nos invita a vivir, por unos segundos, su experiencia de maternidad, reconociendo que es una entre muchas, pero dejando ver precisamente estos hilos que nos conectan de por medio, cuerpos a cuerpos, vivires a vivires. In vitro rompe, poco a poco, con lo que concebimos como realidad al decir lo indecible, al narrar un cuerpo que se rompe y se rehace en un proceso doloroso, pero que es necesario poner en palabras, para lograr, a través de estas, la libertad.



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