JORGE LUIS GONZÁLEZ

Nací un 11 de Mayo de 1995 en Juchitán, Oaxaca, lugar que mi memoria sitúa entre el ruido ensordecedor de los zanates y una iguana plantada sobre un techo de adobe. Poco más tengo que decir sobre mi lugar de origen. Toda mi vida ha transcurrido en la Ciudad de México, donde ahora curso la licenciatura en Escritura Creativa y Literatura dentro del Claustro de Sor Juana. Mi trabajo, más que cualquier otra cosa, es pensar para lograr, algún día, abdicar del pensamiento. De ahí en fuera mi vida se la debo a la poesía: que sea ella la que hable por mí.  
 

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(In)flujo

Sólo estamos separados 

por el temblor de una hoja

Jules Supervielle


 

Fluye el día que aún está naciendo, 

celeridad en los pasos remotos. 

Alguien quiere dar forma al olvido; 

cae una hoja, resuena el instante. 

Cerrar los ojos, abrir el tiempo, 

¿quién grita al fondo de la mirada? 

 

Fluye el día que aún está muriendo, 

quedan relámpagos, incendios, 

noche derramada en los pasos. 

Abrir los ojos, cerrar el tiempo, 

permanecer a punto de decir algo, 

decirnos algo 

y nunca terminar de callar. 

 

Fluye la vida deshecha en un reflejo: 

eco, máscara, fin infinito. 

 

Fluye la muerte que aún 

no termina de morir en nosotros. 

Límite 

De dónde llovían tantos pájaros sobre mi calle 

-uno ya no sabe lo que es una nube-. 

 

Ese árbol que emigra a su destino 

                                                siempre hacia sí mismo

no responde sino a las flores

y este vago rumor de mi ventana 

anda indeciso entre uno y otro reflejo. 

 

Pero dónde está el fin de las cosas. 

 

                       Todos los pájaros anidan al fin en mi pecho. 












 

 

 

 

 




 

¿Quién? 

 

Cae la lluvia o caigo en ella, 

entra por el recuerdo, pero no me abandona: 

es el tiempo que me envuelve. 

Ahí mi camino es circular, 

en lo preciso e impreciso, entre carne y sueño. 

 

Aunque estas horas son tan inaccesibles 

como el propio cuerpo, 

volvemos

                             indefinidos de cualquier caricia, 

sin erotismo, sin sangre que nos aguarde,

porque el mundo sólo habla en estertores 

y entre mi garganta y mi voz 

un jardín se puebla con lejanía. 

 

No será posible entonces tacto alguno

en esta dimensión de cinco dedos

que muere en la costumbre. 

No será posible entonces nombrar los siglos, 

o llamarse Jorge, Ulises, César. 

 

El tiempo olvidó su edad. 

 

Pero todas las profecías siguen aquí en mi rostro. 

Nadie sabe cuándo las encontraremos 

o cuando saldrán a buscarnos. 

 

 

 

Instante 

 

El mar que se mece de infinito a infinito 

volvió con el alba dormida en el rostro. 

Mientras las golondrinas viajaban 

entre las prisiones del viento 

un astro confundido 

bajó a encender mi lámpara. 

 

La arena dejó pedazos de sombra en el tiempo: 

¿son horas? Sonoras pasan las olas 

que son para no ser en esta orilla 

donde siempre parto hacia mí mismo. 















 

 

 

Resonancias 

                                                                

 A Cynthia Guevara

Los días cuelgan de las nubes y bajan 

entre lenguas de viento

a mecernos en la realidad. 

Aquí 

         abajo 

hay ojos que sienten 

                             manos que miran 

labios que sueñan. 

 

El viento apaga la canción del olvido, 

al escucharla te escucho, 

al sentirla te siento. 

                                       Aquí 

                                                   abajo 

hay tiempo que te espera 

¿hoy es? ¿oyes el tiempo desnudo? 

Aquí 

         abajo 

                         hay palomas atadas a mis oídos 

sólo tú las liberas 

pueblas el cielo con alas 

                                                  nace la luz

duermes en un reflejo 

despiertas en otro. 

Aquí 

          abajo 

resuena el mundo en tu cuerpo. 

Semejanzas

 

He olvidado mi parentesco. 

Cuando sueño, sueño conmigo, 

pero es otro quien sueña, 

y al despertar, tampoco soy yo mismo. 

 

Al tender mis manos para tocarme, 

para sitiarme en el tacto reprimido, 

¿qué es lo que toco? 

¿eres tú?, ¿soy yo? 

¿alguien idéntico? 

y sin embargo tan distante… 

 

Ni al hablar ni al sentir estoy cerca 

pues todo se reproduce como un vago 

destino fuera de mí mismo. 

 

Y aún pareciéndome ya soy el otro

que anhela ser aquel abandonado 

en la sombra de sí mismo.         

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